Prioridades al revés

Es un sano ejercicio de meditación estudiar al menos una vez al año el Presupuesto de Egresos de la Federación: aprende uno a ser humilde al encontrar asignaciones que no entenderemos; se fortifica la renunciación a los bienes materiales, porque no veremos esos millones; se ejercita la paciencia, porque este tampoco será nuestro año. El documento que estudié son 208 páginas, muchas de ellas infumables, que se encuentra en la dirección http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/PEF_2012.pdf, y de ahí tomé algunas partidas que me parecen indicativas de la manera en que se asignan los dineros públicos en este país.
Así como las personas que llegan a la 3ª y a la 4ª edad producen cada vez menos y necesitan emplear cada vez más recursos y energías en su cuidado directo (como medicinas, doctores y hospitales), así las sociedades que han extraviado el rumbo gastan cada vez menos en proyectos productivos y cada vez más en la otras partidas. Hace unos meses leí una referencia a un escritor romano que decía que cuando la sociedad es más injusta, aumenta el número de leyes. Ambas observaciones nos dan idea del mismo fenómeno: una sociedad que no ha encontrado un rumbo sano para su desarrollo es una que ha tenido que parchar muchas veces sus leyes y sus estructuras para mantenerse a flote.
En el caso que quiero mencionar, hablaré de un abultamiento en la burocracia en algunos sectores, contrastándolo con la pobreza en inversiones productivas. México ha demostrado una gran creatividad para inventar puestos y más puestos de trabajo, algunos de ellos notoriamente inútiles. Parece ser que 40 años después, los mexicanos nos acercamos a volver realidad aquel sueño atribuido a Echeverría, de convertirnos a todos en burócratas.
El caso más conocido de inutilidad son los plurinominales, que contribuyen a engordar el presupuesto del Congreso ($9,500 millones, las cantidades corresponden al Presupuesto Federal 2012). Con la mayor cantidad de leyes, inevitablemente aumentan los jueces y los tribunales: tenemos la SCJN ($4,656 millones), Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ($2,368 millones), Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa ($2,065 millones), Tribunales Agrarios ($1,092 millones); también tenemos el Consejo de la Judicatura Federal ($35,557 millones) y aparte la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal ($108 millones), y para fiscalización hay la Secretaría de la Función Pública ($1,630 millones). A fin de que nuestra democracia funcione como reloj suizo, contamos con el sapientísimo IFE ($15,953 millones), de cuyo presupuesto se nutre lo mejor de los mexicanos, es decir, los partidos políticos.
De estas partidas, la mayor es la que corresponde al Consejo de la Judicatura Federal, que incluye entre otras dependencias los Tribunales Colegiados, Tribunales Unitarios y Juzgados, todos ellos de Distrito.
La suma de estas partidas es la cantidad de $69,764 millones, que México se gastará en 2012. Todas estas partidas estarán agrupadas en tres:
  1. El costo de nuestra democracia: (IFE y partidos políticos)
  2. Impartición y administración de la Justicia,
  3. Congreso
Por contraste, buscando en el documento referido, encontré en la página 70 el Anexo 3: Proyectos de Infraestructura, que consta básicamente de tres rubros: Carreteras ($1,230 millones), Infraestructura Hidráulica ($4,097 millones), Infraestructura Turística ($596 millones), y el total son $5,923 millones. (Los números que menciono son relativos al presupuesto federal; las acciones y gastos de los Estados no se consideraron).
Voy a concentrarme en la infraestructura hidráulica, porque es un problema grande en todo el país. Ahí hay nada más dos partidas: el Túnel Emisor Oriente para el drenaje de México hasta el Valle del Mezquital ($3,797 millones) y la presa El Zapotillo para abastecer agua a León y parte del Bajío ($300 millones).
El túnel es una obra indispensable, dadas las condiciones de hacinamiento que existen en el Valle de México: todos los días se producen toneladas de basura y de aguas negras que hay que arrojar a algún lado. Como dato curioso, en 1973 conocí el Valle del Mezquital, ya estaba regado con las aguas negras que salían del DF. Yo vi niños nadando en esos canales y cabras bebiendo de esas aguas. Pero también conocí la presa hidroeléctrica en Xuandó, que aprovechaba las aguas negras para mover una turbina y producir electricidad, no sé si todavía esté funcionando. El túnel tiene 62 km de largo y 7 metros de diámetro: es el alto de una casa de 2 ó 3 pisos, imagínese usted la tecnología necesaria para construirlo; las dimensiones explican el costo del proyecto.
La presa El Zapotillo es otra obra que se requiere con urgencia, por la necesidad general de almacenar y aprovechar mejor las aguas de lluvias y ríos, y por las necesidades particulares de León y del Bajío. Al revés del túnel, esta obra se hace en la superficie y afecta predios y pobladores. Por ejemplo, salió una noticia en La Jornada de Jalisco en donde menciona a las comunidades afectadas por la presa, que están enojadas y ofendidas, no saben cómo hacer para que las autoridades los escuchen. En una zona con tantos poblados como son los límites entre Jalisco y Guanajuato, era inevitable que sucediera así, pero creo que en este caso se justifica, al igual que sucedió con los pobladores de San José de Gracia en 1927, quienes perdieron su pueblo para que hubiera agua de riego con la Presa Calles.
En varias ocasiones he dicho que las presas es una de las obras que necesita México en abundancia, y ciertamente que las carreteras son otra obra indispensable. En mi opinión personal, cuanto dinero se gaste en este tipo de obras redituará el ciento por uno.
Sin embargo, el Túnel Emisor Oriente es producto de otra historia: su necesidad y dimensiones se deben a que hay 25 millones de personas en el Valle de México. Yo pregunto si todos los mexicanos somos miembros de la Familia Muégano y si vale la pena que existan hacinamientos como los de la Ciudad de México. Considere usted el desperdicio de horas-hombre en transporte: los capitalinos invierten de lunes a viernes entre 3 y 5 horas yendo y regresando de su trabajo, un tiempo precioso (como son las horas de vida de cualquier persona) perdido miserablemente en viajar en camión, metro, pesero, taxi o coche. ¿Cuántas horas al año se juntan para esas personas? En promedio son 4 horas diarias x 5 días a la semana = 20 horas semanales x 50 semanas al año = 1000 horas al año. Si un capitalino tiene una vida útil de 30 años, serán 30,000 horas de su vida en transporte. Un año tiene 8760 horas, por lo tanto un capitalino habrá perdido 3.42 años de su vida subido en el metro. Haga usted la cuenta de lo que pierden los capitalinos de su existencia, y la pérdida para el país teniendo a esas personas empleando tanto tiempo en transportarse.
Y además del desperdicio monstruoso de horas hombre, está la necesidad de hacer obra civil para atender las necesidades de 25 millones: periféricos, metro, metrobús, agua potable, cañería para aguas negras. Es decir, se ha creado una ciudad enorme, inhabitable, costosísima, y que no tiene remedio. Hace varios años se manejó la idea de trasladar la capital del país a otro lado, pero se abandonó el proyecto. Actualmente hay tantos intereses creados y tantas personas viviendo en el Valle de México, que sería sumamente difícil mover la capital de lugar.
Regresando a los costos, observe usted el contraste entre lo que se gasta el país en crear leyes + intentar aplicarlas + democracia ($69, 764 millones) contra lo que se gasta en obras de infraestructura ($5,923 millones), todo a nivel federal. La proporción es 12 a 1. Dicho de otra manera, el país está gastando mucho e invirtiendo muy poco, y el futuro nos pasará la factura.
Las reflexiones y comparaciones que he hecho me convencen a mí de que México necesita urgentemente redefinir su rumbo y sus prioridades, porque las traemos al revés. Se aceptan sugerencias.


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