Después de una promoción grande, se estrenó el documental De panzazo, que habla sobre problemas de la educación en México. El documental que queda corto ante las expectativas que había generado; personalmente había creído que sería algo semejante a La Ley de Herodes, estrenado en época de las elecciones de 2006, que probablemente convenció a más de uno de no votar por el PRI. Aunque los problemas de falta de democracia previos a 2006 y los de la educación de hoy en día puedan compararse, las dos películas son muy diferentes en cuanto a calidad, realización, y yo creo también, en el efecto que provocarán.

Lo mejor de este documental es la secuencia inicial, donde Loret de Mola anda tocando de puerta en puerta para averiguar un dato muy simple: ¿cuántos maestros hay en la SEP? Pregunta naturalmente en la SEP, a Lujambio (que era el Secretario cuando rodaban), a los policías a la entrada de las oficinas y a Elba Esther Gordillo. Ninguno le sabe dar la respuesta. Se van por las ramas, dicen que “es muy complicado”, que “se trata de un proceso”, y finalmente le sueltan la matadora, esa que me dan a mí mis empleados cuando les pregunto cuándo van a terminar lo que les encargué la semana pasada: “estamos en eso”. De ahí se concluye, en boca del Secretario de Educación y de la lideresa del SNTE, que no se sabe cuántos maestros hay.

Sin necesidad de dar muchos detalles, la educación en México tiene muchos problemas actualmente. Para resolver éste y cualquier otro problema, el primer paso es conocerlo – estoy desechando los remedios mágicos, la intervención divina y aquel que pregonaba cierto personaje local: que todos los problemas los resuelve el tiempo o se resuelven solos- y ciertamente que ya que uno de los factores más importantes en la educación son los maestros, para empezar habría que saber cuántos maestros hay.

Pero no sabemos, y ahí está encerrado y concentrado el problema de la educación en México: no conocemos el problema. A partir de esta premisa, nuestras expectativas de resolverlo son cero y el documental podría terminar ahí, pero había que llenar más metros de película y siguieron exponiendo problemas: malos resultados en las pruebas de la OCDE (México en último lugar), gasto muy fuerte federal que se destina en 93% a sueldos, escuelas rurales mal equipadas, escuelas que tienen 1 ó 2 maestros para todos los grupos, maestros faltistas, padres que no colaboran con su parte a la educación de los hijos, etc. Todo esto es cierto, pero no se necesita un documental. Empezó bien, poniendo el dedo en la llaga de nuestra ignorancia, y exhibiendo la pobreza de recursos de Lujambio frente a la astucia de Elba Esther, pero el resto es como un collage de problemas relacionados con la educación, sin un hilo central y sin una jerarquización.

La problemática educativa en México es enorme y un análisis al que se le han dedicado tantos recursos como este documental debería presentar una jerarquización completa, o al menos señalar los más importantes, y proponer un apunte de solución. De otra manera el documental se convierte en plática de café, sin necesidad de camarógrafos ni presupuesto para filmación, copia y distribución.

Pero el problema educativo es de 1er orden, como lo dice la secuencia en donde presentan imágenes de todos los Presidentes desde López Mateos hasta Felipe Calderón; cada uno de ellos dice con sus propias palabras que la educación es lo más importante que hay en México. Es descorazonador ver tanta insistencia en declararla un problema de primer orden, y contemplar los pobres resultados que tenemos desde 1958 (cuando López Mateos entró como Presidente) hasta 2012.

Para intentar decir aquí algo que no sean nada más lamentaciones, intentaré continuar con lo que le faltó exponer con claridad al documental.

En mi opinión, los tres problemas más importantes en educación son:

  1. Politización de la educación
  2. Enorme presupuesto empleado inadecuadamente
  3. Falta de participación familiar y de los mismos educandos

1-Politización de la educación.

El presidente Salinas, muy enérgico y sagaz en todos los órdenes, terminó con los años de liderazgo de Carlos Jongitud Barrios al frente de los maestros (era de SLP, y le preguntaban allá el secreto de su poder: “mire usted: en el centro digo que aquí tengo muchos amigos, y aquí digo que en el centro tengo muchos amigos”) pero en su lugar se quedó Elba Esther Gordillo, a quien se le permitió acrecentar su poder a cambio de lealtad al Presidente. Este monstruo prehistórico, el SNTE, tiene más de un millón de afiliados. Dígame usted, lector: ¿a qué loco se le ocurre darle a un líder, a quien quiera que sea, un millón de gentes a sus órdenes? Inevitablemente un grupo de este tamaño, unido en torno a lo que más le interesa al trabajador –sueldo, seguridad en el trabajo, prestaciones- crea una fuerza que es enorme, que puede descontrolar el país y que, por la tendencia de los individuos a buscar su propio beneficio, nunca pondrá el ejemplo en lo que conviene al país, sino que siempre pondrá el ejemplo de buscar lo que les conviene a ellos, los maestros.

¿Qué les conviene a los maestros? Sencillo: mejor sueldo, más días de descanso, incapacidades, justificación de ausencias, escasa supervisión, nada de exámenes, seguridad de jubilación, etc. ¿Qué pueden hacer para obtener eso? Presionar y más presionar: manifestaciones, huelgas, plantones, marchas, etc. Ya dije en otro artículo que ningún gobierno puede frente a los que son demasiado poderosos ni ante los que son demasiado numerosos. El SNTE junta ambas características: son poderosos y son numerosos. Así como metafóricamente hablando se dice que la maestra Elba Esther tiene a la Educación en un puño, también sin metáforas afirmamos que los maestros tienen a la Ciudad de México en un puño: en estos días se encuentra instalados en el Zócalo, con carpas, excusados portátiles, puestos de comida y todo  lo que tuvo AMLO en su plantón de kermesse, y a estos maestros se les ha ocurrido paralizar la ciudad bloqueando arterias importantes. El motivo es que se oponen a que se les haga examen, hasta que la SEP satisfaga un pliego petitorio inadmisible.

Hace unos años, en un evento que fue vergüenza nacional, los maestros de Oaxaca participaron en tomar el centro de esa ciudad, donde hubo incendios de camiones, golpes, un norteamericano muerto y muchísimos otros asuntos nefastos. Aquellos maestros traían un pleito con el gobernador Ulises Ruiz –que tampoco es una blanca palomita- y el pueblo pagó por ese pleito.

Naturalmente que los maestros, igual que cualquier trabajador, puede pedir mejoras. Sin embargo, dos observaciones: hay maneras de hacerlo, y toda negociación con trabajadores debería ser “negociación”, es decir, dar y recibir de ambas partes. Paralizar la ciudad de México es una demostración unilateral de fuerza ante la cual las autoridades tienen que ceder o cargar con el costo político del uso de la fuerza pública, que hasta ahora no han atrevido a hacerlo, porque este engendro llamado democracia los condenaría a pagar con su imagen, y no serían electos más adelante porque el opositor se los recordaría, etcétera. Así es nuestra democracia.

Una fuerza de más de un millón de personas es algo muy serio, y dadas las tendencias naturales de los individuos a buscar su propio beneficio, esas fuerzas deberían estar muy controladas o mejor aún, fraccionadas. Mientras exista en México un sindicato tan monstruoso como el SNTE, el país y la capital y todos nosotros seremos rehenes de ese sindicato, con los problemas consiguientes en educación en el caso del SNTE. No entiendo cómo es que, después de haber delegado muchas funciones educativas en los Estados, siga existiendo un sindicato nacional.

México carga con un atavismo de la época en que existían grandes sindicatos que estaban controlados y al servicio del Presidente. Con la democratización del país, con el ejercicio del poder repartido entre los tres poderes, deja de existir el Presidente como el individuo ante el cual todos se someten; inevitablemente vienen acomodos de fuerzas en donde cada cual lucha por sí mismo. El SNTE ha servido para darle poder a Elba Esther, para crear un partido político de marioneta, para mejorar las condiciones de los maestros, para hacer alianzas que logren gubernaturas, pero no ha servido a la Educación en México, ha sido un estorbo para eso.

 

2-Enorme presupuesto mal empleado.

México le dedica muchísimo dinero a la educación: en 2011 fueron $211,186 millones para Educación Pública; comparativamente, la suma de esta partida, más Gobernación, Relaciones Exteriores, Hacienda, Defensa Nacional, etc. eran $787,505 millones, es decir para la SEP era el 26%. En el documental se menciona que México tiene el mayor % de su gasto en educación comparado con los demás países, aunque los resultados son bastante mediocres.

Uno de los problemas, posiblemente el más grande, es que el 93% del presupuesto educativo se va en sueldos y salarios, y una empresa o dependencia que no hace inversiones está condenada al estancamiento, a la obsolescencia o a la desaparición.

Esta necesidad de invertir es aplicable a hospitales, a un médico en lo personal (tiene que seguir estudiando para permanecer al día), a una fábrica de automóviles y a la educación. Si a la SEP le queda el 7% para todo lo demás, la SEP está frita: no habrá para escuelas, computadoras, formación de profesores, reponer los muebles viejos de las escuelas, dotar de televisiones a las telesecundarias, etc.

Además, hay otro problema. El 93% se va a sueldos, pero ¿sueldos de quién? Al principio del documental se le pregunta con todas sus letras al Secretario y a la Lideresa que cuántos maestros tenemos, y no pueden contestar. Preguntemos ahora de quién son esos sueldos que se pagan, y tampoco sabrán. Tenemos entonces el absurdo de absurdos que la SEP paga puntualmente los sueldos de los profesores, pero no sabe cuántos profesores tiene. Ejemplo de sabia administración, son nuestras instituciones públicas.

Es por demás sabido que las oficinas de gobierno están sobrecargadas de personal –lo que podrían hacer con una persona lo hacen con dos- y además, del sueldo de los profesores se descuentan las cuotas sindicales. ¿De dónde salió el dinero para crear el PANAL? Nuestra retorcida ley electoral da dinero para financiar partidos que ya existen, pero no da dinero para crearlos. ¿De dónde salió el recurso para tener todos los miembros que la ley exige antes de otorgar el registro? Seguramente, una buena parte vino de las cuotas sindicales del SNTE.

Este problema es, si usted lo quiere, una parte del primero: padecemos un sindicato monstruoso en Educación que ahoga a la SEP con ignorancia en el destino de recursos, maestros que no quieren someterse a examen, y niños mal enseñados.

 

3-Falta de participación familiar y de los educandos.

Todo análisis de la realidad educativa es en gran medida una repartición de culpas, y el villano favorito en este caso son los maestros, su sindicato y su líder. Sin embargo, el documental tiene el tino de señalar otro problema que personalmente catalogo entre los más importantes: la poca participación de los padres y de los propios niños.

A los niños se les ve como víctimas, y es cierto que por su edad no se les puede exigir lo mismo que a un adulto. Son materia que se está formando, no son materia formada. Sin embargo, la condición de adulto no es un salto cuántico que se da cuando uno cumple los 18 años, como si se pudiera decir “antes de los 18, el individuo no responde por sí mismo; cumplidos por los 18, es plenamente responsable”. Sería como si de la estatura de un niño brincara un metro para tener la estatura de un joven el día que cumple 18 años. Tampoco con la maduración espiritual, el sentido de responsabilidad y la conciencia de lo bueno y de lo malo puede decirse que la vida se divide en antes y después de los 18. Personalmente creo que los niños se dan cuenta de lo que es bueno y lo que no, los niños aprenden a manipular a los adultos, los niños pueden crecer malcriados o responsables, los niños pueden irse educando en el curso de los años e ir adquiriendo poco a poco actitudes de adulto responsable.

Porque toda educación requiere la colaboración del educando. No hay manera de que el profesor le abra la cabeza al estudiante y meta ahí el contenido del libro de matemáticas o de historia: se requiere que el estudiante quiera aprender esas materias. Los adultos tendemos a dejar a los niños fuera totalmente de la ecuación de responsabilidad en la escuela, y yo creo que eso es incorrecto. Echarle toda la culpa al profesor, a la escuela, al libro o al método crea niños dependientes, desobligados, déspotas, e irresponsables. Hay una tendencia moderna a sobreproteger al niño y cuestionar lo que hacen los maestros, sin cuestionar lo que hacen los niños, y considero que es un error.

Yo conozco –y seguramente usted también- niños que solos se ponen a estudiar, niños que exigen que la madre esté junto a ellos para que ella les vuelva a explicar la tarea, y niños que no estudian de ninguna manera. Creo que el ingrediente principal para crear una u otra actitud está en el seno de la propia familia. Pongamos un extremo: padre borracho o ausente, madre que se la pasa viendo telenovelas, ¿qué clase de niño va a crear ese ambiente familiar? O bien una madre sobreprotectora que no permite que los maestros le llamen la atención a su hijito, ¿creará un individuo enérgico o autocomplaciente?

Existen muchos casos, el documental los menciona, en donde la escuela representa para los padres una manera de deshacerse de los hijos latosos durante las horas de escuela. También hay casos en donde los padres piensan que es en la escuela donde debe educarse a los niños. Yo pienso que es un error, puesto que la educación debe ser una tarea compartida entre la familia y la escuela, donde el niño debe aprender valores, y uno de ellos, muy fundamental, es que hay que aprender y hay que saber convivir.

¿Para qué aprender? Muy sencillo: porque somos humanos, no animales. Somos seres que hemos ido acumulando conocimiento que heredamos de generación en generación, lo que ha vuelto nuestra vida moderna enormemente amplia y complicada; más nos vale conocerla para que podamos vivir en ella.

¿Para qué saber convivir? Muy sencillo, porque somos humanos, no animales. Fuera del instinto de supervivencia, la necesidad de comida y la satisfacción sexual, los animales no tienen mayores problemas. Nosotros, que pensamos, hemos llenado nuestra alma y nuestro corazón de deseos y de anhelos, y muchos de ellos pueden causar perjuicio a los demás. Por precaución, no habría que hacerles a los demás lo que no queremos para nosotros. Pero somos más que animales, y tenemos la posibilidad de reflexionar que la vida en comunidad que todos los humanos vivimos puede ser mejor y más satisfactoria para todos, si conseguimos establecer y seguir ciertas reglas que se llaman precisamente de convivencia.

Esto difícilmente se enseña en la escuela. Si no se aprenden en la familia los valores éticos, lo más probable es que nunca se aprendan. Aunque fuera por esta sola razón, no podemos culpar al SNTE de todos los males de la educación en México.

¿Y los maestros?

A lo largo de la vida he tenido que desempeñar muchos trabajos para ganar el sustento, pero el más honroso de todos ha sido el de profesor. Di clases en la UNAM, en la UAM, en la UAA, y cuando vi que no podía cumplir con el compromiso renuncié. Guardo los mejores recuerdos de mis alumnos en esos lugares, y el contacto con ellos me estimuló para que aprendiera muchas cosas. En un sentido muy diferente al que utiliza Jaime Sabines, yo creo que a mi edad la juventud solamente se adquiere por contagio, y me gustaría alguna vez volver a gozar de la comunicación estimulante con la juventud, compartir lo que he aprendido y aprender de ellos.

Pienso que el magisterio es una de las dos profesiones más altas que puede realizar una persona. Me resisto a creer que los maestros que participan en los plantones y que paralizan ciudades son los mismos que algún día decidieron que ese era su camino. No lo creo porque esos maestros son carne de cañón que utilizan los líderes para avanzar ellos, conseguir dinero y mejores posiciones. El que quiere enseñar, pienso, debe ser un hombre o mujer que tiene la actitud de compartir lo que sabe con los jóvenes, para enseñarles a recorrer un camino en la vida mejor que el que le tocó al maestro. Esta enseñanza empieza por el ejemplo, y las actitudes de los miles de maestros que están ahora en el DF en plantón, no creo que representen el sentir ni los verdaderos intereses del resto de los maestros, que son más de un millón.

El maestro, al igual que el mecánico que aprendió fuel injection porque los carburadores habían pasado de moda, es un profesionista que tiene que seguirse preparando. El maestro, alguien que vive haciendo exámenes a sus alumnos, no puede negarse a presentar él mismo un examen para ser calificado, y aceptar (como aceptan sus alumnos) que el resultado del examen determinará su mejora o estancamiento. Yo pienso que la mayoría de los maestros siguen siendo parecidos a los que yo tuve en la primaria en el Colegio Marista, creo que la mayoría de las directoras de escuelas se parecen más a la maestra Julieta de Alba que a las mujeres que vociferan en el Zócalo exigiendo más aumentos sin dar nada a cambio.

Todo evento sobresaliente es un motivo para reflexionar, y lo que está sucediendo ahora en la educación debería ser motivo para que los participantes directos en el asunto –maestros, alumnos, padres de familia- reflexionaran e hicieran lo que les corresponde, sin esperar a que el resto del mundo (empezando por la SEP) se componga. De otra forma estaremos sembrando el camino para que México padezca más problemas que los que tiene ahora, como la violencia, ya que una de sus causas es la ausencia de una educación en valores.

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