1-Antecedente fiscal: el ajedrez

Hay una leyenda que tiene que ver con la invención del ajedrez. Llega el sabio que lo acaba de crear para mostrarlo a Su Majestad; el rey queda tan complacido que ofrece darle un premio, lo que pida el sabio. La petición es muy sencilla: “Majestad, quiero que me des un grano de trigo por el primer cuadro del tablero, dos granos por el segundo cuadro, cuatro por el tercero, ocho por el cuarto, y así hasta terminar todos los cuadros del tablero de ajedrez”. El rey admira aún más al sabio por su modestia y ordena al ayudante del asistente del subsecretario de acuerdos sin importancia de la Oficialía Mayor, sucursal Coyoacán, que atienda la petición. Pasan unos días y el sabio se presenta a reclamar su premio; el rey llama al funcionario de 5ª al que se lo había encargado (lo minúsculo de la petición no ameritaba más) y le pregunta que si ya metió en un costalito los granos de trigo para el sabio. “No, su majestad, no fue posible hacerlo…” El rey se enoja, exige una explicación, y el Tesorero entra al quite para decir que no es posible, ni con el trigo de todo el reino, cumplir la promesa, y le da un primer curso de aritmética a Su Majestad. Lo que pide el sabio es 1 + 2 + 4 + 8 + 16 +… y le dice al rey que los puntos suspensivos es una abreviatura para decir “más lo que se acumule de los siguientes 59 cuadros que nos faltan del tablero, porque apenas llevamos sumados 5 y son 64”. El rey asiente majestuosamente y dice que entiende. El Tesorero prosigue: “observe Su Majestad que estamos sumando 1 + 2 + 2·2 + 2·2·2 + 2·2·2·2 + …, es decir, estamos sumando potencias de 2, así que mejor lo escribimos como 1 + 2 + 22 + 23 + 24 + … + 263,  y ahí se ve claro que por el último cuadrito le tenemos que dar al sabio 263 granitos de trigo”. El rey hace como que no le entiende a los diminutivos pero sí le entiende a las matemáticas, y dice que está bien, que no ve el problema para hacerlo. El Tesorero le informa del problema: 263 es un número tan grande (9 223 372 036 854 775 808 = un número con 19 cifras), que ni con todo el trigo del reino podrían juntarse esos granos. En ese momento, el rey entiende que el sabio quiso pasarse de listo y le manda cortar la cabeza; el rey sigue sin entender las matemáticas, pero sigue siendo el rey.

2-La luchita fiscal

Durante 2010 por fin se le dio un impulso definitivo a la facturación electrónica, haciéndola obligatoria para los grandes contribuyentes y proponiendo un esquema relativamente simple para que la mayoría pudiera utilizar sus propios recursos (es decir, sus propios sistemas y computadoras) para crear las nuevas facturas electrónicas = CFD = comprobante fiscal digital. El mercado informático reaccionó favorablemente y surgieron multitud de desarrollos que cumplían la norma para crear los CFD’s. Esto se pudo hacer porque por única vez en la historia fue promulgada una ley razonablemente sensata y comprensible: el famoso Anexo 20, donde se explica el algoritmo que hay que utilizar para crear la cadena digital que vuelve únicas e inviolables a las nuevas facturas. Como ventaja adicional, se eliminaban costos de papel y mensajería, se simplificaba el manejo y facilitaban los informes mensuales para Hacienda.

Pero como parece que es el destino de este país, cuando surge una idea buena buscamos por todos los medios echarla a perder. A fines del 2010 Hacienda informa en la miscelánea fiscal número 263 que dijo mi mamá que siempre no, y publicó normas que apuntan en direcciones opuestas entre sí, y que además no calculan la reacción del mercado informático ni la de los contribuyentes. Para empezar, Hacienda inventa un sustituto de la antigua cédula que se imprimía en las facturas: el código de barras bidimensional, y con ese recurso abre la puerta para que los contribuyentes medianos y chicos –prácticamente todos- puedan seguir imprimiendo facturas en papel. Esto significa entre otras cosas que la revolución digital en facturación desaparece para estos contribuyentes. Por el otro lado, la Autoridad no queda satisfecha con los CFD y dice que del 2011 en adelante, los contribuyentes ya no podrán empezar facturación electrónica con sus propios recursos, sino que van a tener que contratar a un tercero, el PAC (proveedor autorizado de certificación) para que certifique las facturas que haga el contribuyente. Las facturas hechas por este medio se llaman CFDI (comprobante fiscal digital por internet), y requieren 4 pasos: 1) el contribuyente hace la factura, 2) la envía al PAC por internet, 3) el PAC la certifica, 4) el PAC la devuelve al contribuyente con la certificación.

Estas dos medidas van en direcciones opuestas: la primera dice que todo sigue igual y que no importa la era digital, podemos seguir imprimiendo facturas. La segunda dice que nada sigue igual, y que Hacienda convoca a un tercero en la creación de facturas, porque necesita un ménage-à-trois para consolidar el amor Autoridad-Contribuyente. La primera medida es dejar igual que siempre a un número indeterminado de contribuyentes, y la segunda es tratar de apretarle las tuercas a los que se pueda, porque el tercero en discordia, el PAC, no únicamente cobrará por sus servicios, sino que la infraestructura de bases de datos donde maneje a sus clientes contribuyentes estará disponible para que Hacienda la fiscalice.

3-La triste realidad.

Desde la óptica del contribuyente, el PAC es como la peste: para empezar cobra, y además le informa Hacienda directamente. Antes, cada factura en papel costaba entre 50 centavos y $1 peso, y ahora el costo de la certificación de una factura (lo que cobra el PAC) está entre 70 centavos y 2 pesos: adiós ahorro, pero esto no es problema de Hacienda. Lo que sí es problema de Hacienda es que al día de hoy (27.5.2011) hay 24 PAC’s en todo el país. Esto significa que estos 24 proveedores tienen que atender a los millones de contribuyentes que utilicen el esquema de CFDI, y para atender a los cientos o miles de millones de CFDI que se vayan a crear. Y este es uno de los puntos en donde a Hacienda se le olvidó sumar: ¿24 proveedores para todo el país? ¿De qué se trata, de crear más monopolios? ¿Alcanzarán estos proveedores a atender la demanda nacional de CFDI?

Hacienda ha creado un gran negocio para unos pocos, estos 24 PAC’s. Si calculamos por lo bajo que en el país hay unos 50 millones de contribuyentes, y cada contribuyente emite al mes 100 facturas, entonces tenemos un universo de 5,000 millones de facturas, y esto es un costo de $5,000 millones de pesos mensuales para los contribuyentes (a un costo de $1 por CFDI), repartidos entre 24, no está nada mal. Se está sangrando al contribuyente para que no reciba ningún beneficio directo, y nada más sirva para dejar contento a Hacienda y engordarle el caldo a unos pocos PAC’s; dicho en otras palabras, es un impuesto indirecto que no beneficia a la Nación, sino a unos pocos proveedores, porque la realidad muestra que en los últimos 6 meses nada más hay 24 que pudieron pasar las pruebas de Hacienda, y no hay bases para calcular que a fin de año tengamos 240 ó 2400. Al ritmo que vamos, a fin de año habrá unos 50 ó 60, que serán en mi opinión insuficientes para atender la demanda. Como sabemos que en política abundan los errores pero no existen las casualidades, todos empezamos a preguntarnos si habrá algún legislador o algún funcionario del gobierno con intereses en esas 24 empresas ungidas por la mano divina.

El flujo de datos también es un problema, ya que el internet en México todavía es caro y malo. El ancho de banda deja mucho que desear, y es muy fácil que el medio se sature. O también es fácil que los servidores que tienen que atender una gran demanda de usuarios se caigan; hoy en día ya son legendarias las caídas del sitio del SAT. Por ejemplo, a los contribuyentes que están auditados (y por lo tanto, son contribuyentes grandes) se les obliga ahora a presentar cierta información directamente en el sitio. El pasado 17 de mayo el sitio estaba caído o les respondía ERROR AL PROCESAR EL SERVICIO,  O  SU USUARIO NO SE ENCUENTRA HABILITADO PARA OPERAR  ESTA FUNCIONALIDAD, lo cual es imposible para cualquier contribuyente, y más aún si está auditado. Reconociendo estas deficiencias, Hacienda publicó una prórroga para hacer estos movimientos. El problema no es que Hacienda publique una prórroga, sino el significado de esto: cada vez, se está parchando la ley para hacer frente a una deficiencia técnica. Cada prórroga que da Hacienda es una pequeña modificación a una ley, lo que nos da un triste ejemplo a los mexicanos de la fragilidad de nuestras leyes (o de lo malhecho que están, en contraste con los sólidos cimientos de la nueva sede del Senado).

La creación de CFDI y la certificación correspondiente del PAC, implican flujo de datos en internet. Esto significa que los miles de millones de facturas que se generen mensualmente tendrán que transitar por el internet como requisito previo, y esto significa que los 24 PAC’s (o los que haya) tendrán que soportar en sus sitios este flujo de información, y atenderlo. Las experiencias que actuales no nos permiten suponer que este flujo se desarrollará sin problemas.

4-Hay que aprender a contar

Cuando usted va a iniciar un proyecto mayor está obligado a hacer cuentas de todo tipo, para ver si puede hacerlo, si es viable, si es conveniente, si cuenta con los recursos. Cuando usted va a construir una casa o a comprar un coche, la primera pregunta es ¿tengo el dinero suficiente? Para proyectos de sociales esto es válido también: por ejemplo el millón de hectáreas de árboles que quiere sembrar AMLO (¿tiene las hectáreas, los árboles, la gente y el dinero?) o para un Censo Nacional (¿cuenta el INEGI con la gente y las computadoras para hacerlo y procesarlo?) o para construir la nueva sede del Senado (¿hay el dinero suficiente?), aunque en este último caso la pregunta es estúpida: ¡claro que sí hay!

Y aunque parezca innecesario, también para promulgar una ley hay que hacer un pequeño ejercicio de aritmética, porque la Autoridad debe de disponer o proporcionar los recursos necesarios para que los obligados por esa ley la puedan cumplir. Por ejemplo: debo pagar el Predial, por lo tanto el Municipio tiene que instalar una Caja donde yo vaya a pagar, tan simple como eso. El énfasis que el gobierno está poniendo en la facturación electrónica necesita que haya recursos para crearlas y para comunicarse. En teoría todo está bien, puesto que efectivamente hay computadoras y sistemas en el mercado, y ahí está el internet para que todo el mundo pueda informar a Hacienda. Pero en la práctica, a los genios de Hacienda y a los H. Legisladores se les olvidó contar, y esta es la razón del presente curso de aritmética.

Para terminar, menciono tres asuntos importantes y pendientes. 1) todos los nuevos contribuyentes (nuevas empresas, o personas que se registran como profesionistas) seguramente optarán por utilizar sello bidimensional y facturas en papel. 2) los contribuyentes que mandaron imprimir facturas a fines de 2010, y que les caducarán durante 2012, ¿qué van a hacer? Probablemente están esperando la miscelánea fiscal número 264 para decidirse. 3) Hacienda no dio ningún modelo, algoritmo ni guía para definir el proceso de certificación, esto se deja a la decisión del PAC. Es como si el caudal genuinamente creativo del antiguo Anexo 20 se les hubiera terminado a los legisladores, y ahora quisieran regresar a hacer las cosas como acostumbran.

Sin embargo, los actuales legisladores no tienen de qué preocuparse, porque esa bronca aparecerá cuando hayan terminado su período. Pero si acaso quieren ampliar sus conocimientos les recomiendo el libro Aritmética y nociones de Geometría, de José E. Rozán, Ed. Progreso, México, 1960.

Agradecimientos.

Los contadores Tomás Rivera Pérez e Isidro Flores Mora dieron su valiosa asistencia en la elaboración de este artículo.

jlgs / El Heraldo de Ags. / 28.5.2011

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