Fui esta semana al DF, y en el camión de regreso enfrentaba el aburrimiento total (estaba muy obscuro para leer) o la perspectiva de ver una película doblada; encontré a George Clooney en una cinta que me había llamado la atención, Money Monster. La vi y no hallé lo que buscaba, pero el aborrecido doblaje al español fue amortiguado por el rosario de majaderías muy mexicanas que dicen todos los actores. El tema es un merolico financiero que en la tv de Estados Unidos “asesora” a la gente cómo invertir su dinero, montando un espectáculo muy norteamericano: gran producción, efectos especiales, horarios matutinos (adecuados para finanzas), bailes y coreografías, y el hablar interminable de alguien que trata de convencer de la mejor inversión hablando a los impulsos y no a la cabeza.

Lee Gates (George Clooney) es el merolico, quien ha estado siguiendo el desarrollo de IBIS, un fondo de inversión: siempre para arriba, con los ocasionales zigzags hacia abajo que son superados en pocos días. IBIS ha dado consistentemente un buen rendimiento, 19% anual, y Lee propone a su auditorio que invierta ahí, afirmando que la inversión se segura. Un buen día IBIS experimenta una fuerte caída, perdiendo $800 millones de dólares, pero Lee insiste en que no es de preocuparse, que se recuperará como lo hizo en anteriores ocasiones. El argumento es falaz, porque en las “anteriores ocasiones” no había perdido $800 millones, pero Lee insiste que su predicción anterior sigue siendo cierta. Esperan en el show al CEO de IBIS, quien no se presenta y envía a la mujer de Relaciones Públicas a decir la verdad oficial: se trata de un glitch del algoritmo en su sistema, un error único e inexplicable, sin reparar que esos dos adjetivos no pueden ir juntos sin hacer cortocircuito.

Un pobre diablo que vive al día –salario de US$14 por hora- ha invertido la herencia de su madre, $60,000 en IBIS; después del glitch se encuentra con cero ahorros, un trabajo malo, un salario peor, y las recriminaciones de su mujer. Desesperado, se introduce en el estudio de tv, apunta a Lee con una pistola y lo obliga a explicar al aire qué fue lo que pasó en realidad con IBIS, porque sus explicaciones no lo convencen. Lee se ve forzado a buscar una mentira convincente –muy difícil ante un hombre desesperado- o buscar la verdad de lo que sucedió, y empieza a investigar, con la ayuda de sus compañeros de equipo, la verdad sobre el famoso glitch, indistinguible de un acto de brujería.

El equipo de Glee descubre IBIS tuvo su caída en unos pocos movimientos bursátiles, lo que es un foco rojo puesto que los fondos de inversión distribuyen y no concentran el riesgo, precisamente para evitar que la caída de una de sus inversiones los afecte excesivamente. Encuentran al desarrollador del software, un nerd chino o coreano que se está divirtiendo con sus amigos fumando mariguana, y este nerd les explica que no es posible que suceda como dice IBIS, porque su software está diseñado para hacer millones de microtransacciones aprovechando pequeñas variaciones en las tasas, su software no hace inversiones grandes en un solo lugar. Un nombre raro aparece en los archivos de IBIS que el equipo investiga con la ayuda de la muchacha de P.R. que habían enviado a poner la cara, y ahí resulta que el CEO de IBIS había distraído grandes recursos de la empresa para financiar la huelga de una mina en Sudáfrica, con el objetivo de bajar su cotización, comprar cuando a buen precio, luego terminar la huelga, el precio de la mina subiría y venderían su inversión con gran ventaja. Todo estaba planeado, excepto la honradez del líder minero, quien no acepta el soborno y decide continuar con la huelga. Esa inversión de IBIS no reditúa y fue la que ocasionó la pérdida. Lee se las arregla que llevar al CEO ante las cámaras y hacer que confiese sus manejos turbios, aunque para él están justificados, dice que así son las cosas y que así serán.

La película se termina con que no se sabe lo que pasará con IBIS, ni con el CEO, ni con el secuestrador, LEE, la productora del programa, el show mismo ni mucho menos los mercados financieros. Fue un thriller con un argumento exótico y final abierto, nada más.

Mi interés por verla era por buscar alguna crítica de fondo a malos manejos financieros y no lo hallé, porque en la película lanzan la teoría de un cisne negro, término referido a eventos rarísimos e importantes, como el nacimiento de Mozart o de Beethoven, el asteroide caído en Siberia en 1908 o, en la visión de la película, los malos manejos que el CEO cometió en lo individual. Leyéndolo de otra manera, es como si el film exculpara a los mercados financieros diciendo que las quiebras son forzosamente consecuencias de malos manejos al estilo Madoff (por lo tanto esporádicas), y no porque haya un problema sistémico, algo que impulse o que permita a los mercados financieros actuar en tal forma que se produzcan los cracks.

Mi opinión es que hay un problema sistémico en los grandes mercados financieros ocasionado por las reglas tan permisivas que existen para regularlos. Por ejemplo, el escándalo Enron al final se vio como la obra de algunos funcionarios corruptos, mal supervisados por el despacho contable Arthur Anderson, uno de los cinco más grandes del mundo y que selló su suerte con su descuido, desapareciendo. Es muy conocido el origen del crack de 2008[1]: las entidades financieras inventaron instrumentos sofisticados para sacarle provecho al boom de la vivienda, dando créditos a clientes NINJA (no  income, no job, no asset), luego barajeaban paquetes de esas hipotecas y las vendían como inversiones seguras, las aseguradoras vendías seguros para respaldarlas, les cambiaban de nombre a sus paquetes para hacerlos atractivos y al final tenían catalogadas como inversiones AAA a paquetes hipotecarios respaldados por nada, es decir, por deudores NINJA. Cuando estos dejaron de pagar (situación absolutamente predecible), el mercado inmobiliario se cayó, luego los bonos sobre hipotecas, luego las aseguradoras y todos los instrumentos que habían inventado para seguirle dando vueltas al dinero atrayendo público inversionista para que comprara, en última instancia, papeles.

Terminó la crisis, algunos bancos quebraron, otros los rescató el gobierno y al final el pueblo terminó pagando los platos rotos con sus impuestos. Metieron a la cárcel a chivos expiatorios, y los grandes causantes como Goldman Sachs y sus ejecutivos son hoy asesores presidenciales (Gary Cohn).

En 2010 se publicó la ley Dodd-Frank que impone ciertas regulaciones a los bancos, quienes protestaron su inocencia, se sintieron ofendidos y desde entones están presionando para que les quiten de encima ese peso. El pasado 17 de junio la cámara baja pasó la ley Financial CHOICE, que pretende dar reversa a ciertas provisiones de Dodd-Frank, dando más libertad a los bancos y a Wall Street. Falta que el Senado la apruebe, pero hacia allá van encaminadas las acciones del sector financiero, presionando a los legisladores para que actúen a su favor.

Los fondos de inversión (hedge funds) son entidades financieras que, al igual que los bancos, actúan con dinero del público inversionista y que deberían estar muy reguladas para proteger al consumidor, pero no es así. Estas organizaciones tienen gran libertad para moverse, aunque lo hacen con dinero ajeno, y cuando algún financiero creativo como los de Lehman Brothers o Bernard Madoff se sale del carril, ocasionan pérdidas a los inversionistas por miles de millones de dólares. El negocio en la película, IBIS, es un fondo de inversión y por lo tanto, visto desde esta perspectiva, la película sí es una crítica a los mercados financieros, porque la supervisión de las autoridades brilló por su ausencia mientras el CEO distraía dinero de sus inversionistas para invertir en una huelga y manipular el precio de esas acciones con la intención de comprar muy barato y vender muy caro.

Un artículo en NYT (The global economy is partying like it’s 2008) toca este punto y afirma que el mundo se encamina hacia una crisis semejante a la de 2008, por falta de disciplina en las finanzas nacionales de muchos países, quienes buscan un endeudamiento excesivo y ayudan a calentar el mercado, como sucedió hace diez años. El autor menciona la poca regulación que existe para los shadow banks, es decir los fondos de inversiones, quienes pueden hacer prácticamente lo que quieran con el dinero que manejan. El asunto más importante en este contexto es el enorme endeudamiento de los republicanos, esos exapóstoles del rigor financiero, quienes están dispuestos a añadir $1.5 trillón a la deuda de EEUU con tal de bajar los impuestos a sus patrones, es decir las empresas que financian sus campañas.

Yo no tengo elementos para decir con certeza si vamos hacia una crisis financiera, pero sí puedo afirmar que los bancos son voraces y que sin las regulaciones y supervisión gubernamental adecuadas, inventarán maneras de enriquecerse aún más sin importar los riesgos, con la seguridad de que en caso de problemas le pasarán el sombrero al gobierno, quien pagará los platos rotos.

En este contexto, hay un dato interesante, leído en el artículo The Pentagon is not a sacred cow: el presupuesto de Defensa es $643 billones (aproximadamente $12,500,000,000,000 pesos, cantidad que ni siquiera nuestros partidos políticos pueden soñar gastarse en una campaña) y los republicanos junto con Trump quieren subirlo a $700 billones. ¿Se imagina usted lo que es esa cantidad, destinada al arte de matar? Algo anda mal en la cabeza de los republicanos, que prefieren gastar tanto en armas y por otro lado regatean el costo de un seguro médico universal, algo que debería tener un país que está tan orgulloso de sí mismo.

Esos $700 billones son la aproximadamente la mitad de lo que los republicanos quieren añadir a su deuda pública.

[1] Puede consultar https://jlgs.com.mx/articulos/economia/el-precio-de-la-codicia/

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