1-El jardín de Don Benavides

En la esquina de Galeana con Bogotá hay dos pequeños jardines, unos 70 m2 entre los dos. El pasto siempre está verde, no hay basura, hay un pequeño surco entre el pasto y la banqueta, bien trazado y que conserva sus líneas rectas. Además hay plantas que dan flores, como rosales, y cuando es época de calor se siente frescor, se siente verdor, y se siente también el color de esas rosas. Es un pequeño jardín, bien cuidado como muchos otros que veo en la ciudad. Lo grande de este pequeño lugar es que lo cuida Don Benavides, a quien le pregunté el año pasado cuál era su edad y me dijo que noventa años. Cuando paso por ahí, sintiéndome joven en comparación con él, me siento avejentado porque en comparación con el suyo, el jardín que yo cuido en la oficina no tiene pasto, tiene basura y es hasta hace poco que empecé a sembrar flores.

Don Benavides es un ejemplo de lo que todos podríamos ser: cuidar una pequeña parcela, no importa si es una hectárea o si son pocos metros: él pinta de verde un trozo de nuestra ciudad, como nosotros también podríamos pintarlo.

Los casos como Don Benavides no son muy abundantes, pero aún así, nuestra ciudad tiene muchas partes verdes. Por ejemplo la Av. Ayuntamiento guarda en su camellón muchos pirules, y en una pared que cae a plomo sobre la calle, bajo el puente de Galeana, no está la pared sola, está cubierta de bugambilias. Los camellones de muchas avenidas están bien cuidados, gracias a los jardineros y a las pipas del Ayuntamiento, que desde hace más de 20 años se han dedicado todos, tanto el PAN como el PRI, a atenderlos y a hacerlos crecer.

En la zona de la estación de ferrocarriles, han restaurado calles completas y las han dotado de vista, de pasto, de árboles y de lugares para el recreo. El edificio de la estación ha sido magníficamente conservado y han dedicado a museo. Yo conocí esa zona cuando los jardines estaban descuidados, los árboles crecían porque los perros se orinaban en ellos, no porque fueran regados, y donde había una fuente con unos azulejos que el tiempo había descolorido, sin agua nunca que los lavara.

Todo esto es notable porque no hay muchas ciudades en donde se cuide el aspecto. La antigua estación del ferrocarril en Zamora tiene una arquitectura parecida a la de Ags., pero está descuidada, la zona alrededor llena todavía de aceite aunque ya no pase el ferrocarril por ahí. En Tampico, donde el agua sobra, sobra el pasto en todo terreno baldío, pero es un pasto mostrenco, sin cortar y sin cuidar, que más que imagen de belleza, la da de descuido. Xalapa, que tiene todo por parte de la naturaleza para ser una ciudad bella, tiene árboles en sus camellones porque Dios es grande; en el suelo, donde debía haber pasto, están los incontables senderos de los que pasan por ahí, que a la postre acaban por acabar con todo rastro verde. En la ciudad de México, por la calle Lafragua junto a Reforma había en diciembre de 2010 un hermoso camellón, ancho y con árboles de 20 metros de altura; la última vez que fui hay una plancha de cemento para el metrobús.

2-La línea verde.

A las partes verdes que ya tiene nuestra ciudad, las autoridades han hallado un modo ingenioso de añadir una nueva: la Línea Verde, construida siguiendo el trayecto de unos ductos de Pemex al Oriente de la ciudad. Es un tramo muy largo, 15km, que por ley y por razón natural tiene que estar protegido, lejos de construcciones y de excavaciones. Pemex avisa que por ahí va un ducto, se declara zona federal una cantidad de metros alrededor, y lo usual es que nadie meta las manos en esa zona. La concepción tradicional es dejarla como algo inservible para otro uso que para Pemex, y entonces lo que sucede es que en lugares como éste se convierte en un lugar sin pasto, sin árboles, nada más piedras y polvo. Como este trayecto pasa por zonas muy pobladas de la ciudad, de tipo popular, inevitablemente el camino de Pemex se vuelve lugar en donde se congregan muchos vagos y uno que otro grupo de muchachos a jugar futbol.

A alguien se le ocurrió que ese terreno es aprovechable y rescatable; es alguien tuvo la idea brillante de cuestionar por qué todos los jardines tienen que ser más o menos cuadrados, y pensó que 15 km de largo por 50 metros de ancho son muy aprovechables. Ese alguien (no sé quién es) merece una felicitación, porque dejó el pensamiento tradicional e imaginó que para empezar, se puede poner ahí una pista de 15 km, extraordinarios para caminar, correr o andar en bicicleta. El ancho todavía deja poner por ahí canchas de básquet, bancas para sentarse, algún tejabán para que las familias puedan comer ahí, quizá también un par de salones para otras actividades. Todos estos fines son de aplaudir, porque mejoran la condición física, fomentan la convivencia pacífica, la práctica del deporte, y convierten en algo hermoso lo que de otra manera estaría lleno de piedras, tierra y desperdicio. Este proyecto es doblemente importante porque está en una zona con mucha población, con una gran cantidad de jóvenes que van a tener alternativas sanas de esparcimiento, como jugar una “cascarita” en vez de estar nada más en actitud de vagos en las esquinas viendo quién pasa y buscando a quién mirar feo.

Cualquier acción del gobierno que ponga un grano verde en la ciudad es de reconocerse, y en Aguascalientes tenemos muchas muestras. Sin embargo, aquí como en toda la república yo observo que la actitud de la mayoría de la gente es de que el gobierno es el responsable de que la ciudad esté verde, y los actos del gobierno se consideran una cuestión que no compete a la gente, se consideran “causas de fuerza mayor”, algo en lo que uno no puede influir. El ciudadano tiene una actitud pasiva ante lo que hace o deja de hacer el gobierno: si nos toca la extraña suerte de que nuestros ayuntamientos cuiden la ciudad, bueno; si son como en la mayoría de las partes, ni modo. En todo caso, no es responsabilidad del ciudadano tener una ciudad verde.

Yo creo que ese es un error de nuestra parte, ciudadanos. El gobierno no es el responsable de nuestras vidas, ni es el único responsable de que la ciudad esté verde o pintada de color basura. Si fuera así, Don Benavides ya se habría muerto, porque un hombre que trabajó hasta los 70 años y que se encuentra sin otra ocupación que ver pasar el mundo, se muere. Si Don Benavides pensara como la mayoría de los mexicanos, no existiría el jardincito que está frente a su casa.

Yo creo que Don Benavides es un ejemplo para todos nosotros, es alguien a quien tenemos que imitar. No vale la pena hacerle homenajes ni monumentos, ya le pregunté y no le interesa, a sus años la felicidad consiste en poder ver a alguien de su familia y cuidar su jardín. Don Benavides es alguien para imitar, y voy a intentar poner un granito de arena, sugiriendo algunas maneras de imitar esta actitud de él.

3-Los ciudadanos verdes

Para empezar, sembremos un árbol. Recuerde usted que hasta que hayamos tenido un hijo, escrito un libro y plantado un árbol nos podemos morir, pero no podemos esgrimir incumplimiento de esta ley como argumento para no morirnos. Puede sembrar un árbol en la banqueta frente a su casa, en su jardín, o si tiene un patio, levante un metro de cemento y dedíquelo al árbol. O las macetas: pueden servir para ficus, helechos, begonias, bugambilias, jazmines. Junto a la oficina, de un lado cuida sus árboles Enrique Martínez, y del otro dos damas, madre e hija; esto me ha animado a que sin pena, en las mañanas, saque una cubeta con agua para regar un fresno que sembré hace como tres años junto con Rodrigo. Vi por casualidad mi calle, fotografiada por Google, con el fresno de la mitad del tamaño que tiene ahora; nunca será lo mismo que ver crecer los hijos, pero también es hermoso ver crecer los árboles que uno plantó.

En el mismo Google puede uno darse cuenta de que brillan por su ausencia tres cosas: las azoteas de color blanco, los calentadores solares y las macetas en las azoteas. El color blanco es el que refleja todos los colores, y por lo mismo es el que absorbe menos calor. Haga usted la prueba de subirse a dos coches que están al rayo del sol, uno negro y uno blanco: el coche negro será mucho más caliente que el blanco. Pintando la azotea de nuestra oficina de blanco, conseguimos el año pasado bajarle unos 4 ó 5 grados a la temperatura adentro de la casa. Los calentadores solares son para ahorrar gas al producir agua caliente, lo que ayuda el bolsillo y disminuye la contaminación; ya hay muchos en el mercado, los precios no son muy altos, y los 300 días al año que tenemos sol vale la pena aprovecharlos así. Las macetas con plantas en la azotea también ayudan a bajar la temperatura en las habitaciones, y contribuyen a hacer más verde la ciudad. Los jardines en las azoteas es algo muy cultivado en ciudades grandes del primer mundo, en donde el metro cuadrado es carísimo y donde la gente tiene una buena cultura de respeto por el ambiente. Si esto le parece bajo y corriente, algo así como “Acapulco en la azotea”, entonces le sugiero que le llame solárium: significa lo mismo que “Acapulco en la azotea” pero se oye más elegante.

Otra acción que deberíamos cuidar es caminar o andar en bicicleta, tanto por salud como por ahorrar gasolina. En este aspecto Aguascalientes se encuentra retrasado, puesto que no abundan las ciclopistas (como en León) ni el gobierno ha emprendido acciones como en el DF, donde se rentan bicicletas al público. Los paseos dominicales están bien, pero estaría mejor que dejáramos el coche o el camión algunos días a la semana y en vez de eso, usáramos la bicicleta. Yo ando frecuentemente en bicicleta, y son pocos los ciclistas que encuentro. Hay algunos trayectos en la ciudad que puedo correr 2 ó 3 kilómetros sin ver otro ciclista, y con tan baja demanda de ciclopistas, el gobierno puede decir que no se justifica, y ahí entramos en un dilema tipo la gallina o el huevo, porque los ciclistas potenciales pueden negarse a salir a la calle si no es en una ciclopista.

Para finalizar, sugiero otras dos acciones: tratar de ahorrar toda el agua posible, nada más porque se está acabando, y separar la basura en orgánica y no orgánica; esto último entiendo que será próximamente obligatorio.

4-Cultura cívica.

La cultura cívica en México es muy pobre. Dejamos al gobierno prácticamente todas las responsabilidades en todas las áreas públicas, y esto no tiene que ser así. Por parte del gobierno es mucho más cómodo así, puesto que un pueblo que no participa es un pueblo que fácilmente será manipulable, al contrario de un pueblo que esté todo el tiempo exigiendo (con razones) acciones positivas al gobierno. Los mexicanos nos desentendemos de todo lo que hace el gobierno excepto para protestar; cada uno de nosotros, a su modo, protesta por las malas acciones del gobierno y lo critica por todo. Sin embargo, la participación de la inmensa mayoría de los ciudadanos es casi nula. Asumimos la posición cómoda de no participar, pero sí exigir, y las consecuencias son que el gobierno hace lo que quiere.

Una de las razones por las que los norteamericanos conquistaron todo el terreno que tienen al norte de México es que el pueblo allá era muy participativo: se formaron en la ideología protestante que animaba al individuo a tener su propia relación con Dios y su propia interpretación de las escrituras, formando pequeñas comunidades en donde se discutían los problemas económicos y religiosos del grupo. Esa formación los hizo participativos y les dio un valor como individuos que proporcionó el coraje para que subieran a su familia y pertenencias en una carreta, y se lanzaran a la conquista del Oeste. Por el contrario, la formación de la identidad mexicana tiene sus raíces en el catolicismo, en donde existe una manera ortodoxa de pensar y de interpretar las escrituras, la de la Iglesia, y en donde no se impulsa la interpretación individual de la Biblia, ni la relación personal con Dios, ni tampoco la iniciativa individual. En este contexto, la mentalidad colonial fue de subordinación a la Corona Española, y esperar del Rey la merced de alguna concesión. Los mexicanos no se lanzaron nunca en carretas llena de hijos y pertenencias a conquistar ningún lugar; los mexicanos siempre nos hemos movido en grupo. Como dice mi hermana María Teresa, los mexicanos somos una gran familia muégano.

Volviendo a nuestra ciudad verde, no la va a hacer el gobierno solo. Todas las acciones que Carlos Lozano y Lorena Martínez quieran emprender en esta dirección serán magníficas, pero insuficientes, porque ellos no nos van a arrear a nosotros, los ciudadanos, quienes debemos contribuir con un granito de arena –o mejor aún, con un árbol plantado- a hacer un Aguascalientes verde.

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