It’s the economy, stupid!
William Clinton, en campaña.

En el chat de mi generación de prepa que creó Luis Felipe Huízar y que descansa en los hombros de Luis Felipe y de otro gran amigo, Enrique Acosta, sostenemos discusiones sobre temas triviales y sobre filosofía, como sucede casi siempre. Algunos compañeros están a favor del actual régimen, otros abrigamos reservas. Hace poco discutimos a propósito de un video en donde se alterna un discurso de políticos mexicanos sobre educación, con las acciones educativas que emprenden en Corea del Sur y en China. Empieza con Claudia Sheinbaum anunciando que las becas para estudiantes de prepa no van a depender de la calificación; luego vienen imágenes que muestran estudiantes chinos y coreanos del sur que quieren ingresar a la universidad asistiendo voluntariamente a cursos fuera del horario y en días feriados, porque las universidades en esos países son muy exigentes; luego viene un discurso de Andrés López donde declara es una barbaridad haber utilizado como pretexto el examen de admisión para rechazar a algunos jóvenes a la UNAM y a otras universidades; después, nos informan que los estudiantes chinos y coreanos se someten jornadas de estudio de 12 horas diarias para obtener el ingreso; en la parte final Andrés López declara que “nuestro compromiso es que no se rechace a los jóvenes”, resumido en declaraciones contradictorias y ambiguas:

  1. Que no se rechace a los jóvenes
  2. La educación pública es gratuita
  3. La educación pública es de calidad
  4. La educación no es un privilegio sino un derecho del pueblo.

(La contradicción es que la calidad siempre se construye con esfuerzo y… control de calidad, es decir exámenes en el caso de universidades; la ambigüedad, porque no dice el cómo)

La idea central del video es contrastar:

  1. Funcionarios mexicanos del más alto nivel dicen que sostendrán becas a los preparatorianos, estudien o no estudien; que no debe haber rechazados a la universidad; pronuncian un rollo hermosísimo sobre los derechos del pueblo y la gratuidad de la educación.
  2. Los estudiantes chinos y coreanos hacen horas extra como burros dando vueltas a la noria del conocimiento para estar mejor preparados y poder ingresar a las mejores universidades del país, ya que el ingreso está muy restringido.

Estos contrastes del video corresponden a una realidad:

  1. China es la 1ª (o 2ª) potencia económica mundial, Corea del Sur es la 4ª.
  2. México era país productor de petróleo, esta administración tiene una vela prendida a San Judas Tadeo, patrón de las causas desamparadas y de los que todavía creen en el petróleo. Ocupa el 17º lugar en la economía mundial, a pesar de ser considerablemente más grande y con más población que Corea del Sur.

Otro contraste, al margen del video, es que en Corea del Sur acusaron de corrupción a una presidenta y la tumbaron del cargo, en cambio en México aguantamos lo que sea.

Del video, lo que más me llamó la atención es que Andrés López declara que la educación Pública debe ser de calidad. Para quien tiene dificultades con el español, la diferencia entre “declarar” y “ser” es más o menos la misma que entre “palabras” y “hechos”. Nuestro presidente habló de calidad en la educación aunque los estudiantes no sepan e ingresen sin saber a la universidad. China y Corea del Sur son  países obsesionados por la calidad. Ellos tienen una economía con una enorme fuerza, al contrario de México, quien ha soñado y malgastado la riqueza petrolera, no hay examen de admisión para Director de Pemex (tenemos a un agrónomo en el puesto que fue reprobado ahora que estuvo en Nueva York), el gobierno anda desesperado para ver de dónde saca dinero, el pronóstico económico para este año y este sexenio es peor que como nos fue con EPN. Pero a nuestros dirigentes se les llena la boca de orgullo y engolan la voz cuando declaran que no se quitará la beca a los jóvenes por reprobar, y que no importará si sacan cero en la prueba de admisión, de todos modos entrarán a la universidad. Continuando con mis clases de español, esto último se llama populismo, y nunca ha conducido a nada, puesto que son palabras que se lleva el viento, pronunciadas para atraer incautos, que no pueden convertirse en realidades. A la masa floja e ignorante se le promete felicidad, y la masa acepta con entusiasmo y cree que esa felicidad llegará de arriba sin que uno tenga que esforzarse. ¿Para qué estudiar tanto en la prepa, si de todas maneras conservo la beca y voy a entrar a la UNAM?

¿Por qué funciona el populismo? Porque el pueblo no es ni bueno ni sabio, sino ignorante y perezoso. ¿Por qué es ignorante y perezoso? Porque no tuvieron buenos maestros, porque no estudiaron, porque es más fácil estar chateando que atender a clases. Porque la cultura moderna coloca la felicidad en el hecho de poseer un iPhone, porque “la onda” es irse de antros el fin de semana, porque “voy a ser yo mismo” si me pongo pantalones de mezclilla Levi-Strauss (“jeans”, para los que tienen dificultades con el español), o lo más imbécil de todo, soy yo mismo porque tomo tal bebida.

La propaganda moderna ha usurpado el papel de la educación, en el sentido de informar y formar, es decir no únicamente proporcionar conocimientos al estudiante, sino formar su carácter y su actitud frente a la vida para que adquiera ciertos valores: solidaridad, buenas maneras, laboriosidad, que lo bueno cuesta esfuerzo, y una letanía de mil cosas más aburridas y totalmente pasadas de moda; no fun there, para que me entiendas.

Además de las consecuencias personales de tener una mala educación o de haber obtenido un título patito (será más difícil conseguir trabajo, y si lo consigues y lo retienes, te pagarán menos) están las consecuencias sociales. Un ciudadano informado analiza el discurso de cualquier político, lo desmenuza, investiga para descubrir las mentiras, y tiene un criterio para evaluar promesas y para buscar “efectos secundarios”, como en las medicinas, de algunas medidas que se prometen o se están tomando. Por ejemplo, si en la UNAM presentan examen de admisión 50,000 jóvenes, aceptan nada más el 10% y Andrés López decreta que TODOS deben ingresar, inmediatamente surgen tres focos rojos: 1) el presidente no manda en la UNAM, ésta es autónoma; 2) suponiendo que acepte la UNAM a esos 50,000: ¿en qué explanada van a dar clases a tanto alumno de 1er ingreso? ¿Con qué presupuesto? 3) la más grave: si aceptan hasta al más ignorante, ¿qué van a hacer con él? ¿Lo pueden reprobar? Si el presidente “ordena” que siga adelante y dentro de 5 años le den su título, ¿qué clase de egresado recibirá la sociedad?

Por otro lado, si yo soy uno de esos estudiantes de prepa que la utilizan como lugar de reunión con los amigos, como oportunidad de conocer muchachas y hacer mi lucha con ellas, estaré feliz de que entraré a la universidad, me quitaron un peso de encima. ¿Qué pasará más adelante? No lo sé, pero confiaré en que el Señor Presidente ordene que también me otorguen el título. ¿Y después? Quién sabe, a la mejor también da becas para ingenieros desempleados.

¿Por qué el pueblo mexicano eligió a Andrés López y no a Meade ni a Anaya? Contesto de manera indirecta: ¿qué es lo que abunda más en este país, ciudadanos informados y críticos, o ciudadanos ignorantes, comodinos y desinteresados de la política, a quienes basta la promesa de acabar con la corrupción?

Tanto Meade como Anaya tenían un discurso coherente, documentado, presentaban análisis con los pies en la tierra y sus propuestas eran razonables, pero lamentablemente para ellos y para el país, venían de partidos políticos que tienen harto al pueblo, a diferencia de MORENA que todavía no había gobernado.

En cambio Andrés López ejerció durante 18 años el 2º oficio más fácil del mundo: criticar (el más fácil es no hacer nada). El pueblo le creyó, aunque no es lo mismo ser torero que ver los toros desde la barrera. Yo soy muy bueno para criticar, como lo conocen mis colaboradores cuando vienen a presentar informes, pero eso no me convierte en alguien mejor que ellos para hacer el trabajo que ellos hacen. Todos los presidentes anteriores le dieron a Andrés López material en abundancia para decir que Fox no hizo nada, que Calderón libró una batalla equivocada contra el narco, que Peña Nieto promulgó malas reformas educativa y energética; los criticó a placer, y prometió acabar con el flagelo de la corrupción. Discurso seguro para ganar (o para perder, dependiendo del pueblo al que se dirija).

Un millón de mexicanos están parados en el Zócalo y el presidente en turno pregunta: ¿apoyan ustedes mi lucha contra la corrupción? A una voz, el millón de ciudadanos contesta ¡SÍ! ¿Hay alguien que se oponga a esta lucha? Nadie levanta la mano, sería tanto como decir “yo soy corrupto”. Pero tampoco nadie levanta la mano para preguntar

¿En qué consiste esa lucha contra la corrupción?

Si basamos la popularidad de Andrés López en la respuesta del pueblo a preguntas como la de ¿apoyan ustedes…?, claro que va a estar en el 80%,  para eso existen las empresas encuestadoras que saben redactar preguntas favorables a sus clientes. Pero no cualquier pregunta es significativa; en este contexto la primera pregunta debería ser en qué consiste la lucha, y la segunda

¿Qué resultados ha logrado usted en su gestión, qué ganamos con cerrar ductos?

Si nos queremos poner sofisticados, recordamos que Andrés López declaró que el huachicol era mínimo comparado con lo que se robaron en Pemex, y observando que todo el argüende creado es en torno al huachicol, preguntamos

¿Qué pasó con los corruptos en Pemex, cuántos de ellos están en la cárcel?

Y el colmo de la mala voluntad hacia el presidente será

¿Cuántos millones ha recuperado usted?

Pero para elaborar esas preguntas se necesita reflexión, análisis, capacidad de cuestionamiento, paciencia para informarse y para comprobar resultados, distinguir las porras de los argumentos, distinguir los buenos deseos de la realidad, imaginar lo que NO dice el político; en pocas palabras, educación. Bueno, también se necesita haber pasado un examen de admisión a la universidad.

Por eso, parafraseando al presidente Clinton, este artículo se llama

¡Es la educación, estúpido!

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