Moisés López Obrador divide las aguas del Mar Rojo:
buenos y malos.

Para este gobierno racista, los empresarios somos Untermenschen: subhumanos, personas de la peor calaña, todos explotadores y parásitos. Para colmo, beneficiarios del FOBAPROA, que se ha convertido en recurso mitológico para señalar todos los males de la colusión entre gobierno y empresarios. México se divide en dos, pueblo bueno (los que votaron por él y lo siguen apoyando) y el resto = fifís = corruptos, entre los que descuellan los intelectualoides maiceados por intereses oscuros, y los empresarios.

La historia de México es un viaje por un mar de aguas pútridas, interrumpido por tres islas de fantasía: Benito Juárez, Lázaro Cárdenas, yadivininaquiénmás. Todos los demás gobernantes pueden irse al basurero de la historia, frase de Trotsky recientemente plagiada por la 4T.

Con el panorama confortablemente dividido en buenos y malos, A.L. se ha dedicado a atacar a los malos y ayudar (¿?) a los buenos. Los signos de interrogación están puestos porque su forma de ayudar me recuerda la diferencia entre regalar un pescado y enseñar a pescar; con la primera, le das de comer un día, con la segunda le das de comer para toda la vida. Por ejemplo, las becas no son para siempre, van a durar mientras el gobierno tenga dinero para regalar o los beneficiarios dejen de ser clientela electoral, lo que suceda primero.

2ª Ley de la Termoeconomía:
no hay gobiernos del movimiento continuo.

Ante la crisis del coronavirus, los ejemplos que una vez más dan los países de vanguardia como EEUU, Suecia, Alemania, Corea del Sur y en este caso también China, son aplicar los recursos del Estado en proteger a la población (advertencias, leyes de inmovilidad, apoyos a los hospitales) y en hacer mover la economía, porque los países son como las bicicletas: si no están en movimiento, se caen. Esto se origina de la necesidad del individuo y de la sociedad de producir alimento, y después vivienda, seguridad, y todo lo demás; la sociedad no es más que un ente en donde se suman todas las necesidades de sus miembros. Para los que son cristianos como el presidente (¿?) la Biblia lo dice claramente: comerás el pan con el sudor de tu frente. Hasta en los libros sagrados le dicen a A.L. que tiene que mantener en movimiento el gobierno, pero una de dos:

  1. Ya descubrió el Gobierno del Movimiento Continuo, semejante a las máquinas que alguien “inventa” para producir energía a partir de la nada.
  2. No entiende nada de nada.

Repito la lección número 1 del curso

Government for Dummies: cuando Usted se convierte en jefe de un país, va a tener que pagar cuentas mayores al gasto de su familia en el supermercado, por consiguiente, necesitará dinero.

No es aceptable imprimir más billetes, porque perderían completamente su valor, esto se llama devaluación; tiene que conseguir que alguien le pague. Los impuestos de cualquier funcionario público no cuentan porque salieron del erario público; tiene que obtener dinero fuera del gobierno:

  1. IP = empresas + sus empleados.
  2. profesionistas independientes.
  3. negocios del gobierno (no cuentan, todos están difuntos o en quiebra).
  4. pedir prestado, sabiendo que habrá que pagar después.

 

Ley de la Entropía Gubernamental:
El dinero en las arcas del gobierno se va en pitos y flautas[1].

Los gobiernos mexicanos han sido tan mal administradores como Homero Simpson, y a lo largo de su historia no han creado una sola empresa que gane dinero; a cambio de eso han derrochado creatividad para perder dinero: aviadores, procesos repetidos, secretarías y puestos que no sirven para nada, y naturalmente robar. Debo aclarar que la cancelación del NAIM fue un acto perfectamente moral, puesto que nadie se robó ese dinero, nada más lo despilfarraron, cosa que no está prohibida en la Constitución. Pemex es el mejor ejemplo de todos: cuanto gobierno ha desfilado por nuestra pasarela utilizó a Pemex como su caja chica, sin sanear sus finanzas y sin meterse con el sindicato de Pemex (las dos cosas son más o menos lo mismo), porque no quieren problemas con los combativos trabajadores, no quieren perder votos y lo más sencillo es dejar que papá gobierno pague los platos rotos. En tiempos de bonanza petrolera, lo que exportaron sirvió para nivelar las cuentas, pero el petróleo es un recurso no renovable y el mundo ya se hartó del petróleo. Por consiguiente al gobierno le quedan los dos primeros recursos: la iniciativa privada y nada más, porque “profesionista independiente” es un IP disfrazado con otro nombre.

 

La Historia se congela en Palacio Nacional.

Hacia 1980, China estaba en quiebra por tantos años de comunismo y por tratar de aplicar la sabiduría del Gran Timonel (Mao Tsedong) a cuestiones de la vida práctica, como producir acero a partir de cucharas de latón. Pero tuvieron la suerte de que entre sus dirigentes había un hombre extraordinariamente inteligente, Deng Xiaoping, quien descubrió a su manera el principio elemental de la ciencia moderna: lo que diga el experimento, es decir, lo que funcione en la práctica[2]. China venía de años de experimentar lo que A.L. quiere que México empiece a padecer: un gobierno dogmático a cargo de un líder intolerante. El destino de China era la pobreza, el desorden y las revueltas que habían padecido hacia 1900, o cambiar de rumbo. Deng convenció a sus camaradas del Partido Comunista que había necesidad de implementar un modelo productivo en vez de un modelo ideológico: algo que le permitirá al ciudadano ejercer sus habilidades para producir y para gozar de esos beneficios. Cuarenta años después, China es la segunda potencia mundial; si no lo hubiera hecho, ahora estaría dividida, o sumida en el caos, o convertida en una gigantesca prisión. La apertura del pensamiento significó aceptar capitales para invertir, y aceptar que cualquier chino podía hacer negocios. El gobierno dio facilidades, terrenos, permisos, licencias, principalmente en La Rumorosa de la dinastía Ming, donde Deng Xiaoping se tomó una foto alabando lo que en un principio confundió con gigantescos ventiladores que afeaban el paisaje; su conversión de dio después de que le explicaron que era al revés, no movían al aire como ventiladores, sino el viento los movía para generar electricidad. Dio su bendición al proyecto y actualmente China es líder en producción de paneles solares y “ventiladores”.

Los “ventiladores” en la Rumorosa mexicana son un símbolo de la ignorancia, las fobias y los atavismos ideológicos de A.L. En vez de pensar en que sirven a un objetivo ineludible (producir energía al menor costo y contaminación posibles) se lanza en una tirada absurda contra los beneficios de la energía eólica, avalado por un científico mexicano disfrazado de campesino que pasaba por ahí, a quien pusieron de florero en el video. No hay medición de Watts ni análisis de beneficios a largo plazo: al señor no le gustó porque contaminan el paisaje, argumento que no valió para Dos Bocas, donde efectivamente hicieron un ecocidio.

Mao estaba sentado en el otro cuerno de la luna: un día le dijeron que los gorriones se comían las semillas en los campos antes de germinar, y puso a todo el país, literalmente al país entero a cazar gorriones; aniquilaron su población en China sin tomar en cuenta que era parte de una cadena productiva: ellos se alimentaban de semillas pero también de insectos y otras plagas de las plantas; desaparecen los gorriones, y los insectos ingresan al Paraíso, el cultivo completo para ellos. Resultado, no hubo cultivos hasta que pudieron regresar los gorriones desde Corea, Rusia, Taiwan, y lentamente repoblaron el campo chino. Pero al demonio con esos ventiladores, no importa que la CFE siga consumiendo combustibles fósiles para producir electricidad.

El servicio que proporciona la electricidad en el mundo moderno es comparable al que presta la IP al bienestar de la nación: es el motor que la mueve. Fábricas, oficinas, todo requiere electricidad. Analice usted su casa y verá que todos sus aparatos, salvo la estufa y el calentador de gas, funcionan así: refrigerador, microondas, computadora, focos, aspiradora, estéreo, tv, cafetera, etc. (Los aparatos de su gimnasio no se usan ahora, todos nos estamos poniendo gordos). La felicidad de un hogar no es la sirvienta, sino la electricidad; deje de pagar la cuenta de luz, y no habrá telenovelas ni partidos de futbol. México podrá vivir sin Pemex, pero no sin la CFE.

Y tampoco podrá vivir sin empresas. Tampoco lo entiende nuestro presidente, por su negativa a considerar el valor agregado que proporcionan al país. Se lo digo de otra manera: imagine que durante un mes no hay mañaneras, ¿le dolería mucho a usted? En Aguascalientes tenemos tres meses que no funciona el RPP, y la vida continúa (para todos, excepto para los notarios, los bancos, las constructoras y todo aquel que quiera comprar o vender una casa). Ahora imagine usted que su teléfono no funciona por un mes, ¿les dolería mucho? O la tienda de la esquina que ya se modernizó y hace entregas a domicilio, o su cuenta de correos, o el OXXO donde compra cerveza, o el hospital, o el médico privado: ¿pueden dejar de trabajar y la vida sigue igual?

Pues esto no lo entiende nuestro presidente. Por favor, que alguien le diga que cuando Mao estaba viejo, no acertaba el 90% de las veces, sino nada más el 10%…, más o menos como él está ahora.[3]

Ni picha, ni cacha, ni deja batear.

Pero al presidente “no le gustó el modito” con que el CCE (consejo coordinador empresarial) habló con el BID (banco interamericano de desarrollo) y negoció financiamiento a cadenas productivas, conceptos básicos en tiempos de crisis; concepto desconocido en Palacio, me refiero a “productividad”.

Por ejemplo, la leche. El distribuidor final son las tiendas, que la compran a pasteurizadoras, quienes compran la leche a los ganaderos, quienes necesitan sorgo, maíz, alfalfa y lo compran a los campesinos para alimentar a sus vacas. Es una cadena productiva que podría dejarse para el basurero de la historia porque todos los integrantes de esa cadena son fifís, pero: ¿ya no tomaremos leche? CCE y BDI ponen el dedo en la llaga para preservar un elemento indispensable en la vida del país: las cadenas productivas. Pero no le gustó al presidente, porque no le pidieron permiso o por lo que sea, él quiere seguir tirando el dinero en cadenas productivas del voto y elabora una disertación para demostrar que ese acto es equivalente a colusión con el gobierno, aunque no es dinero del gobierno y no le piden permiso.

Hazle como quieras, es tu pex

Se instruye a Arturo Herrera de SHCP que salga a defender al patrón, y lo mejor que puede decir es que no tiene dinero. “México no es como Estados Unidos o Alemania, aquí tenemos condiciones muy diferentes”. Efectivamente, aquí tenemos condiciones muy diferentes: un congreso a las órdenes del presidente, una constitución de adorno, liberación indiscriminada de presos, corrupción por todos lados, un Pacto Federal tambaleándose, poca productividad, inseguridad, leyes a modo, y poco dinero. ¿Qué esperaba? ¿Que Angela Merkel diera sus Morgenrauschen (murmullos mañaneros) en vez de resolver problemas? Eso no lo hace ni Trump, quien se limita al Twitter. Claro que no tenemos las condiciones de ellos, los ciudadanos con nuestro desinterés hemos dejado que llegue al gobierno la peor y más impreparada caterva de lambiscones, incluidos senadores y diputados. Malas noticias, señor Herrera: de todas maneras, ese es su problema. Saque el dinero de donde sea, busque un cliente para las Obras Completas de Yasabesquién, rífelas aunque no las rife, pero resuelva el problema. “Hazle como quieras”, les digo en la oficina cuando empiezan a poner pretextos para resolver los problemas.

Si no puedes, renuncia.
(Hay antecedentes en el gabinete)

El gobierno no tiene todo el tiempo del mundo: para empezar, nada más está contratado por seis años, de los cuales han transcurrido ya quince meses, gracias a Dios. El país tiene todavía menos tiempo, porque esas cadenas productivas que tan poco le importan al presidente son las que nos dan de comer, y se requieren dos cosas: 1) que sigan funcionando, 2) que la gente tenga dinero para pagar leche y otros productos indispensables, los cuales todos, absolutamente todos, salen de alguna cadena productiva.

O si no pueden, renuncien. Los mexicanos ya aprendimos que criticar no cuesta nada, pero tampoco sirve para nada. Mediremos mejor a los siguientes candidatos.

 

¿Y el perro del hortelano?

Es una comedia de Lope de Vega acerca de la Condesa de Beliflor, quien deseaba a un mozo y no lo dejaba casarse con su dama de honor, pero tampoco se casaba con él porque era plebeyo; la obra toma su nombre del perro que guarda el huerto: ni se come lo que se produce, ni deja que otros lo coman. Tú, malpensado lector, yasénquién estás pensando.

Hay un cuento de Chejov que viene al caso. Un noble recibe en Moscú a los aspirantes a administrador de sus propiedades, corrió al anterior por ladrón. El primer candidato nunca había visitado el campo, el segundo creía que el maná caía del cielo, el tercero terminó la carrera en quince años, el cuarto había probado una vez un mango y quería sembrar con ellos las propiedades del señor; era claro que además del robo que ahora harían los siervos, tendrían un completo desorden y la propiedad no le produciría ni lo poquito que dejaba el anterior; todos parecían honrados, ni siquiera sabían robar. El otro, cuando menos le proporcionaba la cuarta parte de las rentas que debería. Finalmente el señor se desespera y ordena “mejor traigan de nuevo al ladrón”.

 

Agradezco a mi hijo Rodrigo sus observaciones y su revisión crítica.

Agradezco a mi sobrina Matilde sus palabras de aliento: “…pasar su conocimiento de forma que cualquiera pueda entender, eso es algo que admiro mucho de ti”. Querida Matilde, eres joven e ingenua: “…que cualquiera pueda entender…”, eso no lo logra ni la 4T.

//29.4.2020

[1] La Ley de Entropía en física dice que al hacer la sopa en el dominó, las fichas se revuelven, no se ordenan. Otra formulación es: si usted se pone a arreglar un reloj sin ser relojero, le van a sobrar piezas.

[2] https://jlgs.com.mx/articulos/mundo-actual/china/china-09-regresando-del-socialismo/

[3] En la China comunista se analizaba con toda seriedad y se producían artículos de investigación para analizar el % de veces que Mao tenía razón.

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