Ya que el país enfrenta ahora una crisis más, la económica por caída en los precios del petróleo, se impone apretarse el cinturón y Hacienda ha informado que el presupuesto federal del 2016 saldrá recortado en $124,000 millones. No está claro en la noticia qué es lo que resultará afectado, aunque la amenaza es general: empleos, programas, gasto público; parece que traen en la mira a todo, o a casi todo.

Yo no conozco una solución a este problema, pero sí puedo mencionar dos soluciones parciales: una es a futuro, otra es para hoy. La primera tiene que ver con diversificar la economía mexicana y hacerla depender menos del petróleo, que tiene casi ochenta años de ser patrimonio de todos los mexicanos, según rezan los que lo defienden, pero a mí jamás me han entregado utilidades  y además, creo que ochenta años han sido suficientes para darnos cuenta de que a pesar de ser exportadores de petróleo, no es posible producir aquí la gasolina que se consume aquí. Mientras los genios de PEMEX descubren cómo volver rentable a la paraestatal, mientras el Sindicato continúa defendiendo sus privilegios, hay que recordar las palabras el Ing. Heberto Castillo, quien decía que la riqueza no está en la extracción del petróleo, sino en todos los procesos que vienen después.

La otra solución, para hoy, viene motivada por una noticia de primera plana del día 26.3.2015 en el Universal: ”Reclutan PRI y PVEM chapulines en el DF”. Aliados de muchas batallas, estos partidos han convocado a ex miembros del PRD, del PAN y del PANAL para competir por una curul en la Asamblea Legislativa del DF; es legítimo en este país cambiar de partido –podría decirse que es hasta alentado-, pero lo importante del caso es que los chapulines se van a su nuevo partido porque ahí sí serán postulados a la Asamblea; no hay declaración del estilo “estoy desengañado de los principios y prácticas de mi anterior partido”, simplemente aceptan el cambio de camiseta a cambio de la nominación. Estos chapulines son una variedad de los clásicos, aquellos que abandonan una curul como quien se quita una camiseta sudada, para competir por un puesto más interesante o que al menos les prolongue el goce del presupuesto, diciéndole a sus electores que olviden las promesas hechas, puesto que tienen un asunto más importante que atender. Unos y otros chapulines son simplemente una muestra del interés de fondo de la clase política mexicana: vivir del presupuesto; lo que salga de negocios, conexiones, embutes y asignación de contratos será ganancia marginal.

Tiene ya muchos años que circula un documento que ha llegado conmigo varias veces, con diferentes autores cada vez: propone que en México haya una sola cámara; dependiendo de quién lo diga, se sacrifican a diputados o a senadores. Después de mucho pensarle, yo no encuentro la razón de que necesitemos dos cámaras: en última instancia, ambas representan al pueblo en general, y ambas producen los mismos resultados. La misma experiencia del día a día con nuestros legisladores me da la razón, ya que ambas cámaras pueden funcionar a pesar del elevado ausentismo de sus miembros, lo que prueba que no se necesita tanta gente para lo que hacen ahí.  El quehacer de las cámaras se ilustra con las leyes que van y vienen por sus manos: hoy publican que siempre sí van a analizar en el Senado el proyecto de ley para seguridad de Peña Nieto, o también en los ataques que se lanzan entre ellas acerca de minutas “congeladas”, como la ley sobre el robo de hidrocarburos, como si fuera un asunto menor que puede dejarse para más adelante. Pero el mejor ejemplo es lo que propone la CNDH: una “ley en materia de desaparición forzada”, a propósito del caso Ayotzinapan. Yo pregunto para qué querríamos esa ley, puesto que hasta donde yo sé, el secuestro ya está tipificado como delito desde hace muchos años, ¿acaso el matrimonio Abarca no estaba enterado?

Por lo tanto, mi segunda propuesta es eliminar a la cámara que nos cueste más, que es la de diputados. En 2015 los mexicanos gastaremos $13,398 millones en el Poder Legislativo, y de ahí $7,339 millones son para los diputados y $4,019 millones para los senadores; el ahorro será mayor desapareciendo a los diputados, por eso propongo tal medida. No describo aquí las cantidades considerables que se embolsa cada legislador, será suficiente decir que ni usted ni yo ganamos ese dinero[1].

Otra medida de ahorro es recordar y hacer cumplir la promesa de campaña: eliminar, o al menos disminuir sustancialmente a los plurinominales; ellos solamente representan a un ente amorfo que existe en la ley, pero no representan ni a usted ni a mí. No sé cuánto cuesten los pluris anualmente, pero conservadoramente pensemos en $500 millones.

Hay una tercera propuesta, pero no tiene que ver directamente con dinero. Tiene que ver con nosotros, el pueblo de México. Dije la semana pasada que padecemos el gobierno que merecemos, porque es lo que el pueblo produjo con sus hijos dedicados a la política, y además, lo más importante, porque el resto de los mexicanos los dejamos hacer lo que quieren.

Te invito a que difundas este mensaje, es un intento de que reflexionemos y participemos. Y si no estás de acuerdo con mi artículo, difunde tu propia opinión, pero participa.

[1] Para Don Luis Videgaray: si acepta mi propuesta, ya nada más le faltan $117,000 millones de ajuste. También puedo sugerir un recorte al INE, con un presupuesto gigantesco de $18,572 millones, que sirve principalmente como Arena Coliseo para que luchen los partidos.

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