1-Reforma constitucional por motivos estéticos.

En una zona montañosa en Baja California, en medio de cerros empinados, muchas piedras, y poca vegetación, está La Rumorosa; el clima es extremoso y desértico, con una sequía semipermanente interrumpida por lluvias o nevadas en invierno; el agua escasa escurre para abajo o se evapora, ni Dios hubiera podido asentar ahí el Paraíso Terrenal. Hay una carretera que la atraviesa donde han sucedido muchos accidentes, porque sube y baja, bordeando los cerros, con un trazo cerrado que se levantó hace muchos años. En premio de consolación, Dios dejó ahí el viento a raudales: sopla todo el año, fuerte, y esto significa potencial para energía eólica; los planes divinos iban bien hasta el sexenio pasado.

La furia nacionalista de Lázaro Cárdenas contagió casi todo, y durante años se consideró en México que la generación de energía era prerrogativa del Estado: cada vez que la señora prendía la estufa o cualquier fumador encendía un cerillo, era vulnerada nuestra Soberanía Energética y el infractor debería ir a dar con sus huesos a una celda fría y sin calefacción, para que entendiera. Ni pensar en producir energía eléctrica con paneles, ventiladores o con cascadas; con respecto al petróleo, la simple mención del tema arriesga al maledicente a la condenación energética eterna, en el décimo círculo del infierno, donde están los olvidados de Dante; el petróleo es de la Nación y de nadie más. Pero poco a poco, a golpes de esa molestia ideológica que son modernidad y tecnología, fueron cayendo las paredes de esa Soberanía (ubicada en la esquina de las calles Artículo 25 y Artículo 28) y terminó por aceptarse que los particulares proveyeran electricidad a la CFE, para que fuera distribuida por los cables que la Comisión ha construido. Varias compañías gestionaron los permisos necesarios y empezaron a producir para la CFE, eran tiempos felices en que el gobierno respetaba contratos aceptables según los reformados artículos 25 y 28.

Hace unos meses el presidente se encargó de recordarnos cuán vulnerable permanece esa Soberanía: paseaba por La Rumorosa y detuvo a la comitiva para tomarse un video donde se veían al fondo unas torres blancas con aspas que aprovechan el viento para producir electricidad. Despotricó contra la canasta de deplorables que somos todos los que pensamos, y el argumento central para atacar la energía eólica fue que esas torres “afeaban el paisaje”. Pensando como director de cine, fijé un cuadro del video en mi mente y observé que ni el paisaje era muy bonito (cerros con piedras), ni el campesino contratado de florero, ni el mismo señor presidente me recordaba a cualquiera de los hombres bellos de la historia: Alain Delon, Paul Newman, Jorge Negrete, Mijares; es más, cualquiera de los otros candidatos en 2018 era menos feo que él. Pero así como es válido mirar la paja en el ojo ajeno, también es correcto hablar con pausas de la fealdad ajena. Efectivamente, la soberanía de la Nación en materia de energía también puede violarse por motivos de fealdad, modificación que se incorporará en el próximo período del Congreso a los artículos 25 y 28 de la carta magna.

2-Sacar agua a las piedras.

Este año traigo el santo de espaldas. En un rictus de masoquismo, la curiosidad venció y me obligué a leer un artículo de Dolores Padierna, dama que frecuenta la mejor sociedad, es esposa de René Bejarano (Lord Ligas), diputada federal, y se distingue por el alcance y la profundidad de su pensamiento. Su artículo Golpistas y Fabricantes de noticias falsas empieza diciendo que la opinión de autócrata sobre AMLO se inició en 2006, cuando lo llamaron “peligro para México”; error, porque tanto Arturo López Obrador[1] como Salvador Mendiola[2] ya habían opinado hace muchos años que tiene precisamente esas características. El resto del artículo es candidato a consumirse en una fogata que no viole ninguna ley, cito dos párrafos:

Incapaces de articular una defensa coherente del modelo neoliberal, que impusieron y de cuyos beneficios gozaron (unos cuantos), estos opositores hacen de las acciones del gobierno su bandera, aunque para ello deban mentir, ocultar información o exagerar.

Cada día queda más a la vista un flanco opositor antidemocrático –más robusto de lo que pareciera, porque muchos de sus partidarios tiran la piedra y esconden la mano–, que ha hecho correr ríos de tinta con infundios, ha pergeñado toneladas de mensajes fake en redes sociales e incluso ha financiado campañas negras ilegales, ampliamente documentadas en diversos medios.

Todo el artículo es semejante: ataques a personas que no se especifican, afirmaciones vagamente redactadas, sin sustento, señalando fallas que son precisamente achacables a los partidarios del presidente; por ejemplo, “tiran la piedra y esconden la mano” viene al caso porque el 4 de mayo el presidente exigía explicaciones para la venta de publicidad para bots en Twitter y Facebook, y días después aparece un análisis que informa que más de la mitad de las cuentas de Twitter que simpatizan con AMLO son precisamente bots[3]. En vez de citar a Padierna, prefiero el folklor mexicano: el burro hablando de orejas.

El modelo que siguen estos intelectuales es el presidente. Su manera de hablar es lenta (como si utilizara una computadora de 2 bits para buscar en su base de datos), ataca a sus enemigos sin precisar quiénes son, todo lo declara con autoridad, su manejo de números prácticamente inexistente, no da citas ni sustento a sus afirmaciones, pero declara su propia virtud y que conduce a México por el mejor de los caminos. El objetivo es hablar, no importa lo demás ni conoce el arte de la brevedad:

Puedo improvisar sobre cualquier tema durante media hora;
Si voy a hablar cinco minutos, debo prepararme.
Oscar Wilde

Y vaya que funciona hablar y hablar como merolico, hablar sin decir nada: tanto es así, que AMLO es presidente. Pero tanto va el cántaro al agua, que con frecuencia ni sus bots reconocen el país del que habla el presidente: “vamos requetebién”, “ya aplanamos la curva”, “vamos a generar dos millones de empleos”, “ya domamos la pandemia” aunque después una semana después haya el doble de contagios y muertes; con excepción de Isaac Asimov, no sé de nadie que pueda acumular tantas horas-habla sin decir idioteces, falsedades, absurdos, y evitando temas espinosos. AMLO ha llevado a un nivel virtuoso el arte de no contestar, salvo que “yo tengo otros datos” valga como respuesta.

Y vaya que funciona: no nada más el presidente, también quienes lo alaban, quienes hablan y escriben como Dolores Padierna; inclusive damas pensantes, con intenciones honestas como Denisse Dresser y Carmen Arisgetui lo apoyaron hace tiempo aunque ya han hecho público su arrepentimiento de votar por AMLO. Pero lamentablemente “pensar” no es el fuerte de los mexicanos, y nos encontramos en una carrera contra el tiempo:

  1. AMLO termina de destruir al país.
  2. Los mexicanos lo rechazamos a tiempo.

El problema que yo veo es esa incapacidad de escuchar, entender, reflexionar, analizar que llena como una neblina de la Sierra de Veracruz la mente de los mexicanos. La educación no nos lo da, la vida es suficientemente difícil como para dedicar tiempo a afilar el cerebro, hay miles de entretenciones más atractivas, y en general a los gobiernos les conviene un pueblo sumiso –pueblo óptimo, el que no piensa-, pero la nación, a la larga, pierde. Todos los gobiernos recurren a cierta dosis de engaños, de secretos, y de predicciones:

Un político debe ser capaz de predecir el mañana,
y de explicar pasado mañana por qué no sucedió como dijo.
Winston Churchill.

San Francisco de Asís acaparó todos los lobos honestos, no espero un político honrado; pero tampoco puedo decirme engañado, lo que sucede era predecible cuando observé que muchas personas necesitan calculadora para dividir 2345678 entre 10, o que le preguntan en la calle a un ciudadano

“¿Usted qué opina del papanicolau?”
“A mí me parece muy malo, yo soy católico.”

AMLO y sus seguidores intelectuales hicieron una observación válida: así como no se puede sacar agua a las piedras, así tampoco le sacarás pensamiento crítico al pueblo de México.

3-Reconstruir el Fuerte de la Soberanía.

Miré un video Ramón Jiménez López[4], quien ha sido diputado por el PPS y el PRD, ahora cobra en una dependencia de CDMX, miembro de MORENA en categoría intelectual. En un tono de voz también pausado, afirma “CFE regresa a las manos de los mexicanos y bajará la luz”, narrando su versión de la historia:

Desde Zedillo “fueron preparando el golpe”, Fox dio 36 contratos a particulares, fueron auditados y encontraron que violaban la constitución; en 2009 CFE y LuzYFuerza podían generar el 150% de la demanda nacional, 1 ó 2 países podrían decir lo mismo, Calderón desapareció LuzYFuerza, incrementó contratos a particulares violando la constitución, en este momento CFE produce 54%.

Ya no se darán permisos nuevos, el Estado retoma la generación de electricidad, viento y energía solar son malos porque son intermitentes, el gobierno hará una “redistribución” y no se opone a las energías limpias, de hecho “un gran porcentaje” se genera por las hidroeléctricas. No hay que irse con la finta, de acuerdo al Art. 25 el gobierno “planifica” el desarrollo nacional, los energéticos son palanca de ese desarrollo. Ahí es donde más resistencia hay de los grupos que fueron favorecidos violando la constitución.

Este señor comparte con su patrón, con Padierna y en general con la 4T la misma pasión por la imprecisión, autoelogios, citas fuera de contexto, falta de referencias, y alabanzas vagas a nuestra raza de bronce, como lo del final, dígame qué significa la frase final, donde cita a AMLO:

El pueblo de México es uno de los que más ha despertado y con un grado de conciencia mayor a nivel internacional.

Yo tengo otros datos, el pueblo de México no ha despertado a nada, seguimos siendo un país de desinteresados en los problemas sociales y políticos, de gente inculta e ignorante, de gente que no piensa si no es en divertirse, de personas que son buenas para criticar y malas para proponer, de ingenuos (o perezosos mentales) que se tragan cualquier promesa descabellada, aunque sea una piedra que tarde o temprano se les atorará en el cogote, de ninis que quieren creer que es lo mismo estudiar una carrera que obtener el título.

En este asunto de energías limpias, las preguntas fundamentales (en tanto no llegue la nacionalización del sol), son estas:

  1. ¿Qué es más barato: generar electricidad con viento o paneles solares, o generarla con combustible?
  2. ¿Qué daña más al planeta entre combustibles, viento, paneles solares, presas?
  3. ¿Qué gana el país con un monopolio de CFE para producir electricidad?

Es bastante más barato producir electricidad con energías limpias[5], y la segunda pregunta ni siquiera merece respuesta. La tercera es discutible, porque la electricidad no es tangible como el petróleo, y el argumento “preservamos lo que era nuestro” ya no es convincente; la situación permanecerá mientras la chairointelectualidad, en especial John M. Ackerman, doctor en magnetismo, encuentra un argumento para nacionalizar el movimiento de los electrones.

Pero México y los ultranacionalistas de la 4T sienten que se vulnera la soberanía el país porque la IP produce electricidad para CFE, aunque sea considerablemente más barata y menos contaminante que la que producen las termoeléctricas. ¿De qué se trata? ¿De hacer quebrar también a la CFE, como lo han hecho con Pemex? Hay una respuesta más natural, que puede darnos Armando Guadiana, senador por MORENA, presidente de la Comisión de Energía y amigo del presidente: le venderá unas cuantas toneladas de carbón a la CFE para producir electricidad[6], porque la comisión necesitará 360,000 toneladas.

Para quienes no lo conocimos hace muchos años, como Salvador Mendiola o su hermano Arturo, todavía al inicio del sexenio y pidiendo a Dios mucha, pero mucha fe, podría haberse creído que AMLO tenía intenciones de mejorar a México. Después de año y medio, es claro que lo que quiere es sencillamente arrebatar el poder a los del PRIAN, y despojar a los empresarios para improvisar una nueva familia de beneficiados como Armando Guadiana, León Bartlett, y los que reciben contratos discrecionales de la federación. No importa que se dañe al país y al medio ambiente, es irrelevante quemar carbón en vez de aprovechar el viento y el sol; no importa que México pierda competitividad en este mundo globalizado; no importa la generación de empleos, salvo los dos millones de su fantasía (ya nada más nos faltan 2.5 millones, por los perdidos en la pandemia); el país puede gastar más en destruir que en construir, y los inversionistas extranjeros pueden irse al diablo.

En los cuentos de Supermán había un mundo bizarro, un lugar en donde lo blanco era negro, y la verdad mentira. El mundo bizarro, en vez de ser esférico, era un cubo; los seres del planeta recordaban a los humanos en versión fea; a los coches se les lavaba con lodo. No recuerdo el nombre del antihéroe de ese mundo, pero está en mi memoria que la kryptonita no los afectaba sino les daba poderes, y por eso la robaban de la Tierra y la atesoraban; consecuencia, Superman estaba impedido de ir a corregirles la plana.

AMLO está tratando de construir un México bizarro, donde las estadísticas del INEGI no valen, él tiene otros datos; donde los ingenieros no necesitan integrales ni derivadas; donde el Derecho Mercantil es lo que diga su dedito; donde los chiapanecos tienen criterio para decidir que en CDMX no requieren el NAIM; donde, recordando la discusión con Jorge Ramos, 2350 muertos no es menos que 2520 muertos, el presidente tiene otros datos[7].

Sin embargo el Fortín de la Ignorancia también corre peligro, de repente la gente se acuerda que tiene calculadoras hasta en el teléfono, revisa y no le cuadran las cuentas de AMLO; en particular se advierte peligro en la nacionalización de los electrones, alguien podría hacer la pregunta incómoda pero crucial:

¿No sale más cara la luz con las termoeléctricas?”

Nuestro prócer se adelantó, como siempre; dejó en ridículo al absurdo declarando que además de costos y contaminación, también es válido el argumento estético para nacionalizar algo: esas torres afean el paisaje. El nuevo criterio está fundamentado en Tomás de Aquino, quien declaró “lo bello y lo bueno son la misma cosa”, pero se aplica según el pensamiento de Benito Juárez: “a mis amigos, mi amistad; a mis enemigos, la ley”, quien anacrónicamente se basó en a Orwell: “habemos unos más iguales que otros”. Las torres de CFE que queman carbón y esparcen humo negro en la atmósfera no estarán sujetas a la norma estética.

Por eso suplico a mis 3.5 lectores que levanten su voz mientras todavía es válido que lo feo no quita lo constitucional.

 

Mi hijo Rodrigo revisó las cuentas de este artículo; por simple precaución, también insistió en cuidar los elementos estéticos. Agradezco a él su ayuda.

//27.5.2020

 

[1] https://www.youtube.com/watch?v=rkwQA0y1qvI

[2] https://www.youtube.com/watch?v=2gpMpCf2ymo

[3] https://www.infobae.com/america/mexico/2020/05/11/la-verdad-sobre-la-cuenta-de-lopez-obrador-en-twitter/

[4] https://www.youtube.com/watch?v=tKQaFCUsdqc

[5] https://manufactura.mx/energia/2019/02/23/entre-cfe-y-las-empresas-privadas-quien-produce-la-electricidad-mas-cara

[6] https://www.elfinanciero.com.mx/economia/senador-de-morena-urge-a-cfe-a-reactivar-compras-de-carbon

[7] https://jlgs.com.mx/articulos/educacion/un-pueblo-que-no-sabe-aritmetica/

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