1-Cómo triunfó el comunismo en China.

Todas las calamidades que habían caído sobre los chinos desde las Guerras del Opio (hacia 1850) habían producido un país devastado, empobrecido, donde abundaba la corrupción y faltaban todos los elementos de subsistencia. Hacia 1925 había una gran cantidad de señores de la guerra que buscaban en mayor o menor medida la independencia de su región, y el poder central bajo el Kuomitang no podía controlarlos; los europeos estuvieron ocupados hasta 1945 en sus propias guerras, y esto salvó a China de su depredación, pero Japón invadió Manchuria en 1931 con la intención de apropiarse de ella. Parecía que tarde o temprano, China acabaría por partirse en varios países independientes y guerreando entre sí. Pero sucedieron dos cosas: 1) se terminó la 2ª Guerra Mundial, Japón quedó derrotado y fue arrojado de Manchuria; los países vencedores guardaban recelo entre sí y no hubo oportunidad, como en las épocas gloriosas en que se repartieron China en zonas de influencia, de hacerlo de nuevo en 1945; 2) había surgido una fuerza nacional, con una gran cohesión interna: el Ejército Popular de Liberación, al mando Mao Zedong, con la convicción generalizada de que el comunismo era la vía para arrojar a los extranjeros, derrotar al KMT (Kuomitang) y definir el verdadero camino para China.

Desde principios del siglo algunos intelectuales chinos habían abrazado el Marxismo como su convicción social; las circunstancias del país, en guerra de todos contra todos, eran ideales para tratar de canalizar esas fuerzas al servicio del cambio comunista. Mao, Zhou Enlai y Lin Biao abrazaron esta ideología y se unieron al PCC (partido comunista chino) para luchar contra Chiang Kai-chek. El PCC recibió desde el principio el apoyo soviético en financiamiento, instrucción, y entrenamiento para que pudieran lograr su objetivo siguiendo el modelo ruso: control absoluto del movimiento en las manos del partido, el partido controlado por un grupo pequeño, siguiendo el dogma marxista de basar todo el movimiento en la lucha de los proletarios, es decir de los obreros; encubiertamente, los rusos pretendían controlar al PCC para que China pudiera ser controlada después por la URSS.

Esta teoría tenía una falla garrafal en el contexto chino: los obreros eran muy pocos, menos del 1% de la población: China era un país de campesinos, alrededor de 95% de la población, y además, las zonas industriales estaban todas localizadas en el Oriente, alrededor de Shangai. Por lo tanto, ni por número de obreros ni por extensión territorial de la industria podía esperarse un gran efecto en el país, muchos menos una revolución socialista. Mao conocía perfectamente esta situación y razonó que los campesinos chinos estaban en condiciones semejantes a los obreros de Moscú en 1918: no les pertenecían los medios de producción, tenían bajos ingresos, padecían hambre, eran simplemente los que apretaban los tornillos o los que recogían las cosechas, sin otra utilidad para el Estado. A los teóricos del marxismo les pareció prudente pensar que la situación de Alemania (un país industrializado con una masa grande de obreros) podría extrapolarse a todo el mundo y los obreros del mundo, igual que los de Rusia, se levantarían en armas para construir el socialismo. El problema es que en China casi no había obreros, y Mao decidió apoyarse en los campesinos a pesar de lo que decían los asesores soviéticos. Ya desde esa época se empezaba a ver que China, en caso de volverse socialista, lo haría a su propio modo y no siguiendo el modelo ruso.

Los campesinos chinos sufrían una vida tan miserable que fácilmente se convertirían a cualquier religión que les proporcionase algún alivio: los del KMT llegaban a saquear sus reservas de granos y en ocasiones a la leva; los comunistas se identificaron con ellos, cuando tenían controlada una región les daban tierras para trabajar, no los vejaban. El campo se volvió comunista aunque no conociera a Marx ni supiera leer. El siguiente acierto de Mao fue identificar el tipo de guerra que le convenía: la guerrilla. En un país tan extenso, con líneas de comunicación deficientes, un ejército tradicional está en desventaja contra ese enemigo pequeño pero omnipresente que son los campesinos: Mao eligió los ataques sorpresa, evitar las batallas frontales, ir debilitando a lo largo de los años al enemigo que está frente a un adversario que no se presenta a la batalla pero que lo ataca de sorpresa.

Chiang Kai-chek lanzó varias campañas para encerrar a los comunistas, y en 1932 casi los aniquilaron; Mao y un pequeño ejército consiguieron escapar del cerco, recorrieron a pie miles de kilómetros en la Gran Marcha, una epopeya de resistencia que asentó el liderazgo de Mao sobre los comunistas y que los llevó hasta el noreste del país, lejos del alcance del KMT. Ahí se reagruparon y persistieron en su lucha contra los nacionalistas.

Cuando Chiang Kai-chek fue secuestrado en 1936 y obligado a hacer alianza con los comunistas para pelear contra los japoneses en Manchuria, los comunistas le dejaron al KMT el peso de hacer la guerra frontal contra Japón, mientras ellos se pasaron detrás de las líneas japonesas, se infiltraron entre la población china, la organizaron y pelearon su guerra de guerrillas. Al perder Japón la guerra, el KMT estaba debilitado por la lucha y los comunistas fortificados con las incorporaciones a sus filas que habían logrado entre el campesinado de Manchuria. Los nacionalistas del KMT eran fuertes en unas pocas ciudades y los comunistas en todo el campo, fue cuestión de tiempo que los arrojaran de China. El 1 de octubre de 1949 fue proclamada la República Popular China (RPC).

2-Los primeros años de la RPC.

Lo que habían ganado los chinos al término de la guerra civil fue que se terminó la guerra, les faltaba todo lo demás por hacer, la reconstrucción de un país gigantesco. Mao, que era un comunista convencido y no nada más alguien que quiere hacerse del poder, se fijó dos grandes objetivos, siguiendo el modelo soviético: desarrollar la industria pesada y hacer producir el campo bajo el esquema de colectivización. Se encontró con dos obstáculos, uno externo que duró nada más tres años (la guerra de Corea) y otro interno, que duró mientras Mao quiso identificar enemigos internos al régimen: los anticomunistas, derechistas, demasiado izquierdistas, contrarrevolucionarios,  revisionistas, desviacionistas, burgueses, intelectuales y todos los epítetos con que Mao bautizó a sus enemigos durante el tiempo que gobernó, organizando campañas que con mayor o suprema brutalidad los atacaron. Los regímenes dictatoriales, principalmente aquellos que están poseídos de una ideología, son conocidos por sus ataques a los enemigos y por llamarlos de manera que haga patente el estigma, pero el régimen de Mao se sublimó en cuanto a creatividad literaria para inventar adjetivos.

La primera fue la Campaña para suprimir contrarrevolucionarios (1951), aquellos que pertenecían al KMT y no aceptaban la derrota, organizando revueltas a lo largo del país. Mao dio instrucciones de identificarlos, perseguirlos y castigarlos de manera que se convirtieran en escarmiento para el resto del país. Al principio pretendía ir precisamente contra los anticomunistas del KMT y temía que los jefes locales se excedieran en los castigos, pero muy pronto le encontró la utilidad a sembrar el miedo en la población al gobierno, y Mao pasó del análisis individual de los casos, para que fueran juzgados individualmente, a un análisis colectivo en donde  hizo estimaciones del número de enemigos del régimen que forzosamente debería haber en cada lugar, llegando a conclusiones que el 0.1% de la población tenía que ser ejecutada para terminar con esos enemigos. Así, el concepto de justicia que laboriosamente la Humanidad ha venido ganando a lo largo de los siglos (cada individuo debe ser juzgado en forma individual por un tribunal imparcial, dando al acusado la oportunidad de probar su inocencia) quedó rezagado en favor de un bien mayor: el avance del socialismo. Las acusaciones contra los enemigos del régimen eran más bien epítetos que acusaciones formales, puesto que ser contrarrevolucionario, colaboración con el imperialismo, soborno, son temas más bien difíciles de probar en un juicio, a menos que el juicio no sea necesario. Las estimaciones de los muertos en esta campaña varían mucho, pero son formidables: de unos cientos de miles hasta 5 millones, dependiendo de la investigación y de si se tomen en cuenta las muertes de aquellos que fueron enviados a campos de trabajos forzados para ser reformados mediante el trabajo. Con órdenes ambiguas emitidas por Mao a los líderes locales, esta campaña fue una oportunidad ideal para hacer ajustes de cuentas personales en nombre del gobierno central. La actitud que tuvo Mao a lo largo de su gestión en contra de los que él iba considerando enemigos del Estado fue deslizándose con los años a identificar a sus enemigos personales como enemigos del Estado, y a adoptar contra ellos la actitud del jardinero que poda ramas de un árbol que por cualquier razón considera inadecuadas: crecieron poco o mucho, no le gustan, están flacas o gordas, se salen del perfil que quiere para el árbol, se secaron o tienen demasiados frutos. China fue para Mao un laboratorio en el que podía experimentar y hacer con los chinos lo que él considerara que era mejor para el país, aunque pasara por encima de los individuos.

La siguiente campaña (anti-3 y anti-5) fue un poco más concreta, porque se dirigió a erradicar un problema que había afectado a China durante muchos años, la corrupción. Es algo que debería adoptarse en muchos países, de una manera especial en México, puesto que atacaban lo siguiente: anti-3 dirigida a 1) corrupción, 2) desperdicio, 3) burocracia, y anti-5 dirigida a 1) soborno, 2) robo de propiedad estatal, 3) evasión fiscal, 4) engaño en contratos con el gobierno, 5) robo de información del Estado. Se montó una campaña publicitaria para que los trabajadores espiaran a sus jefes y los denunciaran, para que fueran sometidas a penas muy severas como multas, tortura, para algunos la muerte, para otros trabajos forzados. Naturalmente se aprovechó para deshacerse de enemigos y para crear un clima de terror en donde cualquiera con cierta jerarquía podía ser acusado, y por lo tanto tenía que manejar una vida de estricto apego a las directrices del Partido. Además, la Guerra de Corea fue capitalizada para fortalecer el nacionalismo chino frente a la agresión imperialista y para reforzar el poder moral del Estado para castigar a los enemigos del país, quienquiera que ellos fuesen.

El problema era que estas directrices nunca fueron claras. Por ejemplo, durante la revolución los comunistas quitaban la tierra a los grandes propietarios y se la daban a los campesinos, lo que les ganó su simpatía; una vez que triunfó la revolución, de una manera constante y cada vez más tajante se fue aplicando el concepto comunista de abolir la propiedad privada, y las tierras que poseían los campesinos fueron quitadas de sus manos para integrar comunas. El comunismo en China no se aplicó en forma tajante desde el principio. Por ejemplo el grupo anti-5 habla de evasión fiscal y de contratos con el gobierno, conceptos que únicamente son compatibles con un sistema capitalista hasta cierto grado. (En México se abolieron los latifundios durante la Revolución, pero subsisten la propiedad privada y el ejido, lo que convierte a este país en híbrido -por no decir Frankenstein- en cuanto a propiedad rural.)  El avance del comunismo en China fue gradual, los dirigentes analizaban la situación y decidían cuál era el siguiente paso a dar, algunas personas aprovechaban los resquicios de actividad económica individual que todavía quedaban, y cuando se lanzaba una nueva campaña, eran víctimas fáciles del nuevo fervor comunista. En un principio se aceptaba la actividad capitalista en ciertos grados, pero poco a poco el Partido decidía que esas actividades eran prohibidas y todos los que las estaban ejerciendo eran automáticamente etiquetados como enemigos del Estado.

Las dos campañas mencionadas produjeron un efecto secundario que ayudó a las autoridades a limpiarse las manos de sangre: los suicidios. Muchísima gente (calculada entre cientos de miles y varios millones) encontraron que las humillaciones, los castigos, las vejaciones a sí o a su familia, las perspectivas de vida futura eran tan terribles que optaron por el suicidio. Como el puñal que enviaban los romanos a los señalados, los comunistas chinos llevaron esta práctica a un extremo, generando incontables muertes y un reinado del terror mayor que el de Stalin.

Estas campañas fueron enmarcadas dentro del Primer Plan Quinquenal (1953-1957) que pretendía conseguir para China avances en la agricultura y en la industria pesada, siguiendo el modelo soviético, con la asesoría soviética y con dinero soviético. Los avances logrados fueron satisfactorios, alentando a los campesinos a organizarse en comunas y creando una base para la industria pesada. Es objeto de discusión si los resultados obtenidos fueron por las ventajas del comunismo o simplemente porque después de 25 años de guerra civil el país se encontraba en paz interna y podía dedicarse a trabajar en vez de guerrear; como haya sido, estos resultados dieron confianza a las autoridades en las decisiones que iban tomando.

3-El gran salto adelante.

Los avances económicos y las purgas de enemigos a principios de los 50’s dieron a Mao la impresión de que el país en pleno lo apoyaba, incluyendo la clase intelectual, quienes por definición observan, revisan y casi siempre encuentran cosas que se hicieron mal, que deberían hacerse de otra manera o que se dejaron de hacer; da la impresión de que Mao ya tenía un pie encima de su nube y lanzó la Campaña de las cien flores (1956) en donde alentaba a los chinos a expresar su opinión en público sobre los asuntos públicos. La expresión utilizada por él fue “lancemos esta política es para que florezcan cien flores y cien escuelas de pensamiento, compitiendo para desarrollar las artes y las ciencias”. La otra explicación es que fue simplemente una treta para hacer salir de sus madrigueras a los enemigos encubiertos del régimen, i.e., los enemigos de Mao.

En un principio se recibieron algunas propuestas, los autores siguieron vivos y eso alentó a que muchas personas se atrevieran a hacer críticas al gobierno y al partido en forma más clara cada vez. Mao declaró a medio camino (principios de 1957) que prefería la crítica constructiva, y eso alentó a los temerosos a expresar su opinión. En unos meses se convirtió en un alud de críticas al gobierno, tanto por los errores pasados como los presentes: las campañas anteriores, la forma de llevar la colectivización del campo, la misma capacidad de expresarse, todo fue expuesto de manera pública y la crítica generalizada se salió de los parámetros esperados. Mao reaccionó declarando que muchas críticas no eran sanas y dejó de apoyar la campaña. Para mala suerte de los chinos, en 1956 había habido un levantamiento popular en Hungría, también fruto de expresión popular, que fue ahogado en sangre por los rusos, y Mao temía que pudiera presentarse algo así en su país. Un discurso que Mao ya había hecho (Sobre la forma correcta de manejar las contradicciones entre el pueblo) fue reescrito para que la verdad oficial no tuviera que ser cambiada, sino nada más sus consecuencias. Los que habían expresado críticas al régimen fueron calificados de epítetos como derechista, revisionista, y hasta intelectual, fueron atacados y perseguidos. El país había tenido un breve respiro de conciencia que alarmó a Mao, quien se aferró aún más a sus convicciones ideológicas y poco a poco fue avanzando más en el convencimiento de que en China bastaba con que un hombre pensara lo que era mejor para el país.

La consecuencia inmediata fue el Movimiento antiderechista (1957-59), que atacó a varios cientos de miles que habían expresado públicamente su opinión. Las penas fueron crítica oficial, autocrítica expresada públicamente, reforma mediante el trabajo (forzado), y en algunos casos la muerte. Naturalmente el objetivo de este movimiento fueron los intelectuales, quienes invariablemente, en cualquier régimen autoritario (y principalmente cuando tiene una base ideológica muy clara) son considerados indeseables. De esta manera aparecieron como contradictorios, una vez más, los objetivos de dirigir un país con la libertad de expresión. Son contradictorios porque cualquier gobierno comete errores y tiene asuntos por resolver, que pueden ser señalados por los críticos y molestar de esa manera al gobernante; quién tiene la razón, es un asunto que no puede resolverse a priori. Un extremo de la libertad de expresión es la que utilizan los diputados opositores en muchos países para escudarse en su fuero, tomar tribunas a la fuerza y hacer espectáculos de circo en lo que debería ser el lugar más sagrado en un país para discutir los asuntos públicos.

El Gran Salto Adelante, nombre oficial del segundo plan quinquenal, se lanzó en 1958. Los objetivos eran óptimos, los medios pésimos, ambos económicamente hablando. Se pretendía lo natural: elevar la producción del campo y acelerar la industrialización, pero intervino la ideología que hacía hablar ex cátedra a Mao, y se decidió la implementación de medidas equivocadas. Por principio de cuentas, se quería hacer avanzar al socialismo y por lo tanto se aceleró la colectivización del campo, avanzando en la abolición de la propiedad privada y avanzando hacia esa utopía en donde todos los campesinos de un país son miembros de la misma granja colectiva (= todo el campo cultivable del país). Las colectividades agrarias fueron aumentadas de tamaño (de 20 a 200 familias o más), para reforzar la ideología y con la esperanza de que esos grupos más grandes fueran más productivos. El marxismo se enfrentó al hecho básico de que mientras mayor es una comunidad, mayor la oportunidad de problemas, debido a los mayores contactos entre la gente, mayor es la oportunidad de no estar de acuerdo, y todo eso afecta la productividad. La propiedad privada fue enteramente abolida en 1958 y los campesinos fueron convencidos de que debían integrarse a una colectividad.

En 1959 y 1960 las lluvias fueron malas y las cosechas peores. Sin embargo, sobre el campo se había cargado el peso oficial de producir más para poder alimentar a las ciudades que se industrializaban, y los líderes de las comunidades se venían presionados para reportar números optimistas al Partido, so pena de castigos. El Partido tomó los reportes inflados de producción en el campo como ciertos, y exigió cuotas de granos a las comunidades que fueron obligados a cubrir, dejando a las comunidades campesinas con dotaciones por debajo del nivel de subsistencia. Como resultado general, hubo hambruna que mató a millones de campesinos.

En esa época Mao estaba inspirado dictando las leyes del universo y en 1958 proclamó las Cuatro campañas contra las plagas, destinadas a combatir otras tantas plagas del campo. Una de ellas eran los gorriones que por millones volaban el cielo de China y se comían los granos; Mao exhortó a todos los niños chinos a conseguirse una resortera y matar gorriones. Naturalmente, los niños le hicieron caso y acabaron con esos pájaros. Desgraciadamente no estaba al tanto de los descubrimientos hechos por el biólogo Umberto D’Ancona y el matemático Vito Volterra, italianos, quienes durante la 1ª Guerra Mundial examinaron las poblaciones de pescados y tiburones en el Mediterráneo y desarrollaron una teoría básica en Ecología, la de Depredador-Presa, que explica la interrelación que existe entre la cantidad de individuos depredadores e individuos de presa. Cuando hay mucha presa, el depredador se despacha a su gusto, aumenta el número de depredadores y baja el de presa, hasta que llega un momento en que los depredadores no tienen qué comer y entonces mueren y baja el número de depredadores. En esas circunstancias las presas no tienen de qué preocuparse y aumenta la población, y después los pocos depredadores que sobrevivieron se despachan con las presa abundante, y un nuevo ciclo se inicia. Los niños chinos se dieron gusto matando gorriones y libraron al campo chino de ese depredador, pero resultaba que además del grano, los gorriones se comían a muchos insectos que también atacaban las cosechas; al terminarse los gorriones los insectos pudieron proliferar a gusto, y la enorme población de ellos acabó con los cultivos con más intensidad que los difuntos gorriones.

En cambio, Mao sí estaba enterado de los descubrimientos del científico soviético Trofim Lysenko, uno de los grandes fraudes en la biología, quien proclamaba teorías científicas al gusto de las autoridades (por ejemplo, que las habilidades adquiridas podían ser heredadas), las comprobaba en su laboratorio y lanzaba al campesino a experimentar con ellas. Las autoridades chinas decidieron confiar en ese seudocientífico soviético, que había sido protegido de Stalin, y pagaron las consecuencias.

También la industria quiso reformarse, y algún jerarca tuvo la brillante idea de hacer hornos caseros para producir fierro (y si se podía, acero). Por todo el campo chino se hicieron pequeños hornos en donde los campesinos calentaban con leña el metal que arrojaban, y naturalmente había consigna de juntar metal para poder producir hierro: llaves, cerraduras, candados, cinturones, cucharas, cuchillos, etc., todo fue consumido en esa furia metalúrgica que tenía al menos dos problemas de origen: 1) no todo metal produce hierro al fundirse, 2) la calidad del producto depende de la temperatura del horno, y el combustible a disposición del campo era madera, insuficiente para lograr las temperaturas que sí se consiguen con el carbón de los hornos industriales.

China había sido por milenios un país muy tradicionalista, con lazos familiares muy estrechos basados en el concepto confuciano de autoridad y respeto de y hacia los mayores. El socialismo pretende oficialmente construir una gran familia, la nación, que habrá de sustituir al concepto tradicional; en la medida en que los lazos familiares antiguos son fuertes y ayudan a formar núcleos de gente con cierto nivel de autosuficiencia, entonces la familia tradicional se opone al concepto socialista. Junto con una campaña de deificación del líder (Stalin en la URSS, Mao en China, Fidel en Cuba, Hugo Chávez en Venezuela) es conveniente atacar los lazos familiares tradicionales, ofreciendo a las mujeres el aliciente de su liberación: ya no van a depender del marido, ya no las va a mandar ni a golpear, ya van a ser dueñas de su propio destino. Así se hizo con las mujeres, y se hicieron más accesibles las leyes para el divorcio, y lo que las mujeres consiguieron fue que ya no estaban sujetas (nominalmente) al marido, se consiguieron un trabajo fuera de casa donde tenían que trabajar lo mismo que los hombres, para regresar a su casa después del trabajo a hacer ahí todo lo que hacían antes que no tenían trabajo. Para facilitar el camino a las mujeres, se aclaró que la incompatibilidad política podía ser causa de divorcio.

El Gran Salto Adelante fue un estrepitoso fracaso. Su consecuencia más notable fue la Gran Hambruna China, alrededor de 1961, que mató un número indeterminado de personas, calculadas entre 20 y 40 millones. Se juntaron los errores del diseño de ese plan con los ciclos naturales de sequía e inundaciones, y las cosechas fueron mínimas. Al campo lo siguieron saqueando de grano las autoridades, que se lo llevaban a las ciudades. Los campesinos morían de hambre en grandes números, pero los jefes locales no se atrevían a reportarlo a las autoridades; entre las consecuencias más leves de este plan se puede mencionar los castigos (tortura, muerte) a que se veían sometidos los campesinos que escondían grano para poder subsistir; los problemas son fuente de violencia en todas partes, y el hambre aumentó los niveles de violencia en todo el país. Sin embargo, la información verificable que se tiene sobre ese período es escasa, y todos los números que puedan darse son estimaciones. El gobierno no enfrentaba ninguna presión por decir en público ninguna verdad, y terminaron por echarle tierra encima al asunto.

4-La Revolución Cultural.

En 1961 ya había cumplido 67 años y sus mejores años habían pasado. El Partido analizó los resultados del segundo plan quinquenal, concluyó que no fueron como lo esperaban y degradó a Mao: ya no fue el líder en todo, quedó relegado a figura decorativa, pero con un gran peso todavía. Sus enemigos lo habían quitado del poder absoluto, pero junto con su aliado que le duró casi toda la vida, Lin Biao, buscó la manera de regresar al primer plano, y lo hizo a la antigüita (organizando un grupo de choque) y a la socialista (proclamando una serie de medidas para eliminar enemigos, principalmente dentro del ejército, y enarbolando banderas ambiguas y ambiciosas). El grupo de choque fue la Guardia Roja. Mao buscó hacerse del apoyo de los estudiantes; la oportunidad se le presentó con un grupo que se había formado en Pekín, que creció en número y se volvió combativo, obligando a las autoridades encabezadas por Liu Shaoqi a intervenir (mayo de 1966). Mao publicó una carta apoyando abiertamente a los estudiantes, el ejemplo cundió en el país y en poco tiempo había multitud de grupos semejantes, portando un brazalete rojo, enarbolando banderas y apoyando a Mao en su lucha contra enemigos reales o imaginarios; a esas alturas todavía querían encontrar capitalistas dentro de China. Fueron un equivalente de las Camisas Negras de Musolini o las SS en la Alemania nazi. Los Guardias Rojas, altamente combativos y decididamente promaoístas, le dieron un grado de apoyo popular que Mao capitalizó para lanzar su siguiente gran idea.

El 8 de agosto de 1966 el Comité Central del PCC expidió una directiva para la Gran Revolución Cultural y Proletaria, que decía que aunque la burguesía había sido exterminada, los viejos hábitos podían corromper la mente proletaria y había que estar alerta para identificarlos y combatirlos. En otras palabras, la lucha proletaria nunca se acabaría, y Mao lanzó la idea de hacer una revolución continua: se pretendía transformar la educación, literatura, artes y cualquier superestructura que no correspondiera a la base económica socialista, para que sirviera a los fines del socialismo. Aunque se consagraban las libertades, eran letra muerta frente al toque agresivo de seguir acabando con la burguesía, las viejas costumbres y cualquier cosa que se opusiera al socialismo. Se le dio el visto bueno a los Guardias Rojos para que se extendieran a todo el país, y se organizaron manifestaciones multitudinarias en Pekín para que pudieran ver al gran líder, para que unos pocos en cada ocasión los llegaran a saludar personalmente. Las imágenes de reuniones de soldados Nazis en Nürnberg, 1935, parecen una plaza desierta comparándolas con los Guardias Rojos rodeando a Mao; una y otra vez, el llamado emocional a la multitud congregada en torno al líder; una y otra vez, la misma receta sigue funcionando.

Como agua contenida en una presa, al abrir las compuertas los Guardias Rojos se lanzaron a recorrer las calles de China buscando enemigos de la revolución. No estaban desprovistos de base ideológica, Lin Biao se había encargado de reunir citas de los discursos y escritos en Mao en un pequeño manual que fue llamado el Libro Rojo de Mao; el que lo lea encontrará ahí una serie de axiomas (es decir, afirmaciones de que las cosas son de determinada manera, sin dar mayor justificación) que se volvieron muy populares en todo el mundo, principalmente entre la juventud que soñaba con el comunismo. Da las bases de confianza (pertenecer al Partido) para atacar a los enemigos (la burguesía, los capitalistas, cualquiera que se opone al Partido) y propone los medios para actuar (lo que dice el Partido). Intenta crear un estado de tensión permanente en donde inclusive el hecho mismo de no ser atacado por el enemigo es malo, porque significa que uno se ha hundido al nivel del enemigo. Declara que la Revolución no es un paseo en el parque sino que es lucha, y por lo tanto difícil, pero de todas maneras hay que seguirla. Hay una falta de definición concreta de todo –ideología, lucha, Revolución, acciones a tomar- pero subyace la noción de que siguiendo al líder, i.e., a Mao, se está en el camino correcto.

Los Guardias Rojos cometieron muchos excesos y finalmente fueron proscritos también. Frente al ejército tenían la ventaja momentánea de ser una furia que se dirigiría contra cualquiera que Mao señalara, pero a la larga serían incontrolables, cosa que difícilmente se da en un ejército; a principios de 1968 se consideró cumplida su misión y el ejército recuperó el lugar primordial con garantía de seguridad. Mao había recuperado el poder y el status, y desde ahí hasta su muerte en 1976 se convirtió en una leyenda viviente, que poco a poco, a medida que la vejez se la acentuaba, fue dejando de aparecer en público y cediendo el poder a la Banda de los Cuatro, como se llamó a un grupo de cuatro personajes importantes que tomaban las decisiones e intentaban solidificar su poder mientras moría Mao. En esa época cayó en desgracia Lin Biao, su camarada de armas en la Revolución; se rumoraba que quería hacerse del poder y providencialmente murió en un accidente aéreo.

5-El legado de Mao.

Como todos los grandes líderes, la obra de Mao es muy amplia y admite muchas interpretaciones. Probablemente el mayor mérito consiste en haber sacado a China del caos en que se encontraba hacia 1925, y más aún, haberla sacado en casi una sola pieza (sólo faltó Taiwan); si consideramos todos los riesgos de fragmentación que amenazaban al país desde 1900, es una hazaña histórica la preservación de China. El siguiente mérito es proporcionarle un período de paz interna que se intentó utilizar para el crecimiento de la economía y del bienestar, aunque los resultados fueron muy variados. Se avanzó en la alfabetización (nombre inadecuado en China, que no tienen un alfabeto), se simplificó la escritura y se enseñó a leer y a escribir a un número grande de gente. Frente al mundo, los chinos volvieron a mirar al resto de las naciones cara a cara, después de los años de quasi – aniquilamiento que las grandes potencias ejercieron contra ella; Mao y la revolución comunista restauraron el país y devolvieron a los chinos el orgullo de pertenecer a ese país. En este contexto vale la pena recordar una situación internacional que se dio alrededor de 1970.

Las relaciones con la URSS se habían deteriorado mucho, y a lo largo de su extensa frontera se presentaban pleitos aislados entre chinos y rusos. Pero un día los rusos tomaron por la fuerza una isla desierta que se encuentra en medio del río Amur, que divide los dos países, separando Manchuria de Siberia. El incidente no pasó a mayores, pero aparecieron otros incidentes entre las tropas fronterizas en lugares aislados a lo largo del río Ussuri, que es un afluente del Amur. Los norteamericanos analizaron los datos a la mano y se dieron cuenta de que todos los casos sobre el río Ussuri habían sucedido cerca de bases soviéticas, no cerca de bases chinas, y esto contradecía la versión rusa de que los chinos eran los atacantes, puesto que era más fácil organizar un ataque cerca que lejos de las propias bases. En EEUU siguieron analizando y llegaron a concluir que la URSS estaba buscando deliberadamente un enfrentamiento con China. ¿Por qué? En teoría los dos eran comunistas y deberían apoyarse, no había razón ideológica para un ataque. Sin embargo, se sabía que rusos y chinos estaban distanciados, y que a pesar de la Guerra de Corea, el enfrentamiento entre chinos y norteamericanos no había pasado de que dejaran de hablarse, retirando sus embajadas; esto significaba que China no estaba dispuesta a pelearse con EEUU en nombre de la URSS, y más aún, que su posición estaba indefinida en el caso de una guerra entre rusos y norteamericanos. En EEUU no podían contar a priori con un aliado en China, pero Rusia sí tenía esa esperanza. O quizá estaba tratando de tomar por la fuerza lo que no había podido conseguir con el convencimiento: el apoyo decidido chino frente a EEUU. O peor aún, estaba fabricando una guerra con China para apoderarse de ese país y formar el bloque más grande, definitivamente hegemónico, en el planeta. Todo esto son conjeturas, pero de cálculos sobre un futuro plausible se nutre la esperanza del hombre y se asienta la supervivencia de los más previsores. Finalmente, los norteamericanos se pusieron en los zapatos chinos, dándose cuenta que para China, que no podía compararse militarmente a las superpotencias, una vez que se había generado una separación con la URSS, le convenía mantener relaciones amistosas con EEUU, porque los chinos sabían que los norteamericanos sabían que no les convenía (a EEUU) que China cayera en manos rusas.

Los norteamericanos decidieron actuar, y olvidándose de ideologías se pusieron en contacto con los chinos. Henry Kissinger viajó a China y encontró en la personalidad de Zhou  Enlai un interlocutor inteligente, abierto a plantear una base común de intereses y de negociación; después de veinte años de estancamiento se consiguió que el presidente Nixon y Henry Kissinger visitaran China en 1972. Aunque no formalizaron inmediatamente relaciones diplomáticas, se avanzó en el reconocimiento tácito que ambos países se otorgaban y en el interés chino de ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. En ambos países la reunión fue de un alto impacto, por la difusión que se le dio y por el mensaje que, sin mencionarlos directamente, se dio a los soviéticos.

En el aspecto internacional Mao consiguió mucho para China: se mencionó arriba recuperar para los chinos el orgullo nacional frente al resto de los países, hacer replegar a los norteamericanos de Norcorea hasta el paralelo 38, y sobrevivir a 20 años de aislamiento de todos, excepto de la URSS. Finalmente, los chinos también entendieron que la URSS era aliado ideológico pero que para efectos prácticos eso podía convertirse en nada, y decidieron aceptar y cultivar la amistad de EEUU, y finalmente recuperar el asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU.

En el manejo de las relaciones con sus conciudadanos es donde Mao obtiene las peores opiniones. Manejó el país como líder supremo, probablemente el poder llegó a marearlo y a pensar que su decisión bastaba para que se hicieran las cosas; probablemente leyó su propio Libro Rojo y se convenció a sí mismo de que sus palabras eran la guía para el socialismo y garantía de éxito; el caso es que siendo más bien un ideólogo y un magnífico guerrillero que un economista, diseñó planes que tenían que ver con el desarrollo económico pero que ponían por delante la ideología socialista, como el caso del Gran Salto Adelante, o proyectos también ambiciosos pero muy vagos como la Revolución Cultural. Mao manejó a China como el jardinero cuida a un árbol que está creciendo, dándole forma y podando las ramas que le estorban; así se deshizo Mao de sus enemigos: los antiguos nacionalistas, los restantes capitalistas, los que protestaron, los que no querían incorporarse a una comuna campesina, y naturalmente los jerarcas del Partido que no lo apoyaban. La lectura de sus actos en relación a las demás personas es básicamente “estás conmigo o estás contra mí”. Por otro lado, es difícil manejar una comunidad (mientras más grande, más difícil) buscando siempre un acuerdo y tentándose el corazón cada vez que hay que tomar medidas severas; el camino de los que triunfaron en la conducción de países invariablemente está asentado en los restos de sus enemigos.

En un aspecto Mao no se comportó como un chino: en su aferramiento al socialismo. Los chinos no han sido amigos de profundizar en filosofías ni en sistemas sociales; una vez y para siempre nació Confucio entre ellos, dio un orden a las cosas y el país tenía milenios siguiendo esas normas de conducta y esa definición del orden social; encima de todos el Emperador, una especie de padre de China, reflejo del padre en cada familia a quien todos los demás, según Confucio, le debían respeto y obediencia. Mao se convirtió al comunismo desde joven y con esa mentalidad participó y dirigió la Revolución; los campesinos se adhirieron al movimiento más por el hecho de que los comunistas repartían las tierras entre ellos que por un entendimiento y una adhesión a un sistema ideológico. Una vez triunfada la Revolución, Mao puso siempre por delante el Socialismo y en nombre de esa ideología, en vez de preguntarse cómo sería posible hacer producir más al campo, forzó la ejecución del Gran Salto Adelante para volver el campo propiedad de todos; y de nadie, en términos prácticos: la responsabilidad de algo en manos de muchas personas es lo mismo que la responsabilidad de ninguno. Años después, la Revolución Cultural tuvo más un sello maoísta que marxista: sacó adelante la brillante idea de una revolución continua, enardeció a las juventudes, cuando se volvieron peligrosas recurrió al ejército para anularlas y a fin de cuentas obtuvo algo que no tiene que ver con ninguna ideología: regresó al poder supremo. Ambos experimentos le costaron al país muchos millones de vidas, un número imprecisable.

Los últimos años estuvo enfermo y el poder fue ejercido por la Banda de los Cuatro, lidereada por su cuarta esposa Jian Qing. Murió en septiembre de 1976; en enero había muerto Zhou Enlai, posiblemente el más inteligente de los allegados a Mao; Lin Biao había sufrido un conveniente accidente aéreo en 1971. Los tres grandes de la Revolución se habían ido. A Mao le dispensaron los más grandes honores y su nombre sigue siendo venerado en China.

Es claro que al morir Mao todavía China estaba lejos de ser la potencia económica que es hoy (2012), pero él dejó las bases sentadas para que los siguiente gobernantes, más pragmáticos y menos sujetos a carga ideológica, tomaran las decisiones que convirtieron a China en superpotencia económica.

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