Cuando el pueblo francés tomó La Bastilla en 1789, el grito de guerra fue “libertad, igualdad, fraternidad”; esa fue la consigna que tuvieron los líderes de la revolución y que transmitieron al pueblo y lo convencieron: esa fue su oferta política. Las revoluciones en América durante tres siglos, desde 1776 en EEUU hasta 1959 en Cuba, tuvieron como concepto central de su lucha la independencia. Muchos mexicanos se alzaron en armas en 1810 bajo la consigna “maten a los gachupines”.  El presidente Monroe de los Estados Unidos dio una versión más civilizada del mismo lema cuando quiso sacar a las potencias europeas de participar en asuntos americanos, y acuñó la frase “América para los americanos”, que en la práctica se convirtió en “América para los norteamericanos” todavía hasta hoy. Emiliano Zapata decía “tierra y libertad”, y Madero decía “sufragio efectivo”.  El sueño de Bolívar era una “América Latina unida”, y la oferta política de Bush para iniciar la guerra de Irak fue “encontrar las armas atómicas de Hussein” y “destruir al eje del mal”.

Esos fueron en su momento los ofrecimientos que ciertos líderes hicieron a sus pueblos para convencerlos de hacer algo. No hay comparación entre la materia de los ofrecimientos, ni entre los personajes que los hicieron, ni entre los pueblos que la recibieron; el elemento común es una oferta que hace un líder a un pueblo para convencerlo de algo. Están aquí como referencias, no para ser juzgados; fueron sencillamente la oferta política que en sus circunstancias, determinados líderes hicieron a su pueblo para que los siguieran. Una “oferta política” es una idea expresada en forma concreta, que un líder político hace a su pueblo. Una vez hecha la oferta política, habrá que ver qué tan importante es, y cómo piensa implementarla el candidato.

Más recientemente, también tuvimos alguna oferta política en México. Luis Echeverría utilizó en su campaña la frase “arriba y adelante”, que significa lo que cada quien quiera, es decir, no significa nada. López Portillo dijo alguna vez “vamos a administrar la abundancia”. Creo que él mismo decía en su campaña “la solución somos todos”, y el pueblo, más sabio, se la cambió por “la corrupción somos todos”. Este último caso puede considerarse una contraoferta política de un pueblo a su líder. Fox decía “vamos a sacar al PRI de Los Pinos”, y Felipe Calderón se promocionó como “el presidente del empleo”. Luis Donaldo Colosio empezaba a hacer una oferta política con cierta congruencia, cuando fue asesinado. He observado las campañas electorales de varios candidatos a gobernador, y no puedo mencionar ahora una oferta política que se me haya grabado en la memoria; o es la vejez, o es mi mala memoria, o no hubo oferta política.

Me inclino por esta última opción. En mi estado, las últimas elecciones para gobernador fueron básicamente un apunte para guión de telenovela: Reynoso tenía a su candidato designado (Raúl Cuadra), pero vinieron del CEN del PAN con instrucciones de quien manda diciendo que el bueno era Martín Orozco, luego contraatacaron los del PAN de la guardia sexenal local y metieron en broncas judiciales a Orozco. Mientras tanto, el PRD hizo una campaña bastante gris, y el PRI demostró que seguía siendo el PRI: organizado, disciplinado, actos con buena concurrencia, un candidato claro desde el principio y que se fue por la libre. Observe el lector que el argumento de este capítulo de teleserie no involucra ideas, sino nada más hechos; no hay ideología, hay pleitos abiertos y patadas bajo la mesa; no hay oferta política. Aunque todos los candidatos tocaron el tema de la seguridad, lo hicieron en forma muy amplia, no hubo suficientes ofertas concretas y no convencieron de que lograrían una efectiva mejora en este punto.

Las campañas de los otros estados son más o menos lo mismo: después del golpeteo dentro de sus propios partidos, el suspirante sale a la lucha con dos escenarios posibles: si es de oposición dentro del estado, invariablemente centrará una buena parte de su campaña en atacar los errores del gobierno en turno; si es del mismo partido que el gobernador en turno, la tiene más difícil puesto que tiene que convencer al electorado de que “ahora sí” viene la buena y con él como candidato se resolverán los problemas que deje pendientes el anterior. El resto de la campaña son mítines, slogans, spots publicitarios, abrazos al amado pueblo elector, bardas pintadas y espectaculares; nada de esto es oferta política.

Tomemos por caso el estado más importante por el número de electores, el Estado de México. El capítulo de teleserie que nos están ofreciendo se compone de dos partes: ver si el PAN y el PRD se alían, y ver la forma en que los suspirantes del PRI esperan a que el Gran Elector decida cuál es el bueno; a medida de que van recibiendo señales de que no son, en un desplante de entrega a sus actuales puestos, como el diputado Videgaray, declaran que seguirán trabajando por su pueblo en el puesto para el que fueron designados (nótese que no dije “elegidos”).

Para mí una oferta política es algo que un candidato ofrece al pueblo elector, o que un gobernante ofrece a sus gobernados para beneficiarlos. No es necesario que sea en tiempos de campaña; de hecho, la inmensa mayoría de las ofertas en época de campaña son descabelladas, imaginarias y fallidas. Para mí no es oferta política la imagen de un candidato, ni un spot de radio en donde dicen que “con Fulano nos va a ir mejor”. Una oferta política tiene que ser algo concreto, no puede ser una promesa vaga, o la imagen de un político montando a caballo o un ataque al anterior gobernador, o decir que va a atacar la pobreza. En otras palabras, mercadotecnia es diferente a oferta política.

La última vez que yo vi una oferta política clara fue en la campaña del 2000, “sacar al PRI de Los Pinos”. Hoy en día es la única oferta que yo recuerdo de Fox; seguramente hizo otras muchas, pero la idea que convenció al electorado fue esa, que ya teníamos demasiado tiempo de PRI en la presidencia y había que cambiar. Desde esa campaña aprendimos que gran parte del éxito de Fox fue el manejo publicitario de la imagen del candidato: su figura grandota, algo desgarbada, sus botas encima del escritorio y diciendo ocurrencias frente a los reporteros. Todo eso lo supieron capitalizar sus asesores, y México tuvo lo que quería, cambiar de partido, aunque México no tuvo lo que necesitaba, mejorar al país.

Las campañas políticas actuales se han convertido en dos cosas: por un lado la telenovela de intrigas y traiciones y dedazos para saber quién es el candidato de cada partido, y al final, se entrega al pueblo a los leones mediáticos, ya que somos carne para los publicistas, todos ellos ingenian el spot más impactante, la imagen en donde se disimulan las arrugas del candidato, la frase feliz de la semana o el acto masivo más grande. No veo que aparezca la idea política, aquellos planes que tienen en su cabeza y en su corazón los candidatos para mejorar el país o el estado.

La reciente designación de Moreira como presidente del PRI en Querétaro fue una fiesta de unidad del PRI y un despliegue impresionante de poder y de helicópteros; en otras palabras, fue un acto de alto impacto frente al país. Respeto el derecho de cada partido a designar sus candidatos como ellos quieran, y mientras menos trapos sucios laven fuera de casa, mejor imagen tendrán ante el electorado. El problema es que el 50% de las campañas se emplean en relatos de telenovela, el 49% en campañas mediáticas, y el 1% en ideas políticas. Los candidatos tratan al pueblo en sus campañas exactamente de la misma manera que los Directores Comerciales tratan al público consumidor: con imágenes visuales y con sonidos que no valen más que mil palabras, pero que están en lugar de las palabras. No somos un pueblo elector, sino somos un público consumidor. Lo mismo que me quieren convencer de que Coca Cola es la chispa de la vida, los candidatos me quieren convencer con fotografías en donde salen abrazando a una viejita, caminando por el campo, o dirigiendo un mitin, que ellos serán el mejor presidente o el mejor gobernador.

Para terminar con las malas noticias, le recuerdo a usted que esas campañas las pagamos todos nosotros, gracias al generoso presupuesto que gozan los partidos políticos, asignado por quien usted ya sabe, los mismos partidos políticos.

En este circo de intrigas y de imágenes publicitarias que son las campañas y precampañas, brilla como algo diferente el proyecto MORENA de López Obrador. Merece un análisis más profundo que haré en otro artículo, pero en contraste con la ausencia total de oferta política que percibo entre los candidatos y precandidatos de los otros partidos, este proyecto tiene al menos el mérito de poner el dedo en la llaga de los grandes problemas nacionales, y a su autor corresponde el valor de plantearlos como lo hace, en forma cruda y descarnada. López Obrador efectivamente hace oferta política (dice que va a atacar ciertos problemas nacionales, a los que menciona por su nombre), pero ahora hay que analizar cómo lo va a hacer.

Las ideas centrales de este proyecto son 50 puntos en los que AMLO menciona algunos de los problemas de México y en algunos casos plantea alternativas de solución. Petróleo, pobreza, becas a estudiantes, precios de energéticos, sindicatos, simplificación tributaria, educación, aumento en la recaudación fiscal, pensiones, inseguridad, desempleo: todos esos son problemas importantísimos de México y estoy totalmente de acuerdo con López Obrador, pero nada más hasta ahí. No necesito ser candidato de ningún partido para hacer una lista de problemas de México, eso usted y yo podemos hacerlo: nos vamos a tomar un café y en una servilleta escribimos los problemas de nuestro país. Decir “vamos a dar pensión a todo el que tenga 68 años o más” no es una oferta política válida, por una simple razón: no dice cómo lo va a hacer. Decir que habrá 100% de inscripción en preparatorias y universidades está peor, es descabellado, por dos razones: no hay ni habrá en un futuro próximo universidades suficientes para atender la demanda educativa, y además descarga todo el peso del problema en la oferta educativa, asumiendo que cualquier alumno que tiene 20 años que quiere ingresar a una universidad, está listo para ingresar a una universidad.  Ser universitario es a la vez un derecho y un privilegio; el derecho tiene que ser atendido por el Estado, el privilegio merecido por el alumno (estudiando y aprendiendo, por si no fui claro).

Hay otra deficiencia grande en el proyecto MORENA. Una verdad absoluta es que proyecto que no se refleja en el presupuesto, no es proyecto. Dice López Obrador que va a construir cinco refinerías; magnífico, ¿con qué dinero? Va a construir dos puertos, ¿de dónde saldrá el recurso? Dice que va a sembrar un millón de hectáreas de árboles maderables. Estupendo, pero hagamos algunas cuentas: sembrando los árboles con suficiente espacio entre ellos, digamos a 5 metros de distancia, vemos que una hectárea es un cuadro de 100×100 metros, por lo tanto caben acomodados 20×20 = 400 árboles por hectárea, y multiplicados por un millón, nos da 400’000,000 de árboles. Impresionante. ¿De dónde va a sacar 400 millones de árboles? ¿Con qué dinero? ¿Cuál es la estrategia de distribución y plantación de esos árboles, cómo le va a hacer para que lleguen a edad de producir madera? Recuerdo ahora que a principios de este sexenio se hizo una gran campaña para sembrar una cantidad mucho más reducida, algo así como 10 millones de árboles, y la campaña fracasó. ¿Puedo preguntar a AMLO qué enseñanzas le deja esta campaña fallida, para convencernos de que su campaña va a tener éxito?

El porvenir en la siguiente campaña presidencial es sombrío, hablando como alguien que quiere un México mejor. Hablando como populacho, tendremos mucho circo y miles de noticias en donde los conductores de la televisión nos van a entretener con noticias basura que no me dicen a mí, ciudadano, cómo vamos a mejorar. Hablando como alguien que quiere creer y se aferra lo que sea, vamos a tener propuestas descabelladas y sin sustancia, como esas que veo cuando alguien me dice que vamos a aumentar la recaudación fiscal en un 10% del PIB, observe usted, ¡del PIB! Hablando como contribuyente, pasaré corajes viendo como se gastan miles de millones en campañas mediáticas. Hablando como alguien que espera un buen presidente, probablemente tendré que esperar a la campaña de 2018.

Invito a usted, lector, a que rechace el papel de consumidor que las campañas mediáticas nos quieren asignar, y a que antes de dar por buena cualquier promesa de cualquier candidato, le pregunte ¿para qué sirve, cómo le va a hacer y con qué recursos?

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