Madeleine Albright (1937 – ) es una dama norteamericana que fue Secretaria de Estado con Clinton, y es considerada una persona muy importante en el aspecto político y personal, especialmente en cuestiones de feminismo. A ella le pertenece la frase famosa “Hay un infierno especial para las mujeres que no apoyan a otras mujeres”, que fue a parar hasta en las tazas de Starbucks. Escribió un libro de memorias llamado precisamente Hell and other destinations, y le hicieron una entrevista en Washington Post a propósito del libro y de sus opiniones sobre lo que sucede actualmente en EEUU. Recibí la invitación a leerla de parte de mi amigo Fernando Rivas Godoy, y creo que ambos nos fijamos en lo mismo: definitivamente es de actualidad para los vecinos y para México. Utilizaré algunas de las preguntas y respuestas que le hacen a M. Albright, y analizaré los paralelos con México, que allá y aquí, son alarmantes; de ahí el nombre que escogí.

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Ella empieza por aludir a la poca solidaridad que existe entre las mujeres, basada en sus observaciones (yo personalmente no lo veo así), diciendo que en los ambientes de trabajo se someten las mujeres al dominio masculino que existe en la mayoría de los trabajos, por ejemplo en la política: hasta la fecha no hay presidentas ni en Estados Unidos ni aquí, y siendo muy competidos los puestos que se “otorgan” a mujeres, luchan hasta con las uñas contra las otras mujeres; de ahí salió la famosa frase.

Yo no veo esa falta de solidaridad femenina, ni dentro de los Gómez ni en los ambientes laborales que he conocido, pero veo algo mucho peor: el complejo de cangrejo que tienen los mexicanos: no podemos ver a alguien le vaya bien porque inmediatamente salen las explicaciones de que robó, se lo heredó el papá, se casó con mujer rica, etc. Los méritos para obtener esos logros no se ponen siquiera en la discusión, porque no existen, seguramente hizo algo chueco. El peor ejemplo de todos lo pone el presidente, al señalar a todo el gremio médico como mercaderes del dolor humano, lo que es una estupidez del tamaño de Júpiter: quiero ver que el día que fue a atenderse de un problema cardiaco en el Hospital Angeles, lo hubiera recibido alguien que no fuera médico, y que se deshaga de todo el cuerpo médico que está a su alrededor, cuidándolo. Contra los médicos es francamente idiota esa generalización, pero no es el único enemigo a perseguir: también los empresarios grandes y chicos son atacados constantemente y de manera hipócrita, porque su frasecita “¿Qué haremos con los ricos?” no se refiere a los ricos de su gabinete, como Manuel Bartlett, Irma Eréndira Sandoval y Ackerman, Olga Sánchez Cordero, Alfonso Romo; a los ricos más ricos de todos como Slim, los lleva a la Casa Blanca.

Hay ricos de dudoso origen en su gabinete, pero en esos no se fija, habla de “los ricos” en general, y el mercado objetivo de esa frase es crear rencor entre todos los que estén resentidos con la vida, por la causa que sea (esta población es muy numerosa en cualquier parte del mundo). Lo hace además en compañía de sus otras frases apostólicas, como “primero los pobres”, doblemente hipócrita porque está empobreciendo el país, y habrá menos dinero para todo, incluidos los pobres.

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Le preguntan a Madeleine acerca de “la situación del discurso civil en EEUU”, y da una respuesta contundente: Tenemos pruebas de que hasta el momento ha sido un desastre, y se refiere principalmente a las muchas divisiones que existen en los Estados Unidos, y en particular a la impulsada por Trump, quien abiertamente favorece a su base de votantes y desprecia públicamente a los mexicanos, finge demencia contra los ataques reiterados de la policía contra los negros, y ataca todo lo que huela a demócrata; Trump no hace invitaciones al diálogo ni presenta mayores argumentos: arenga desde su púlpito, como López.

La víctima más importante de estos ataques es la civilidad, es decir (mi propia definición)

Conciencia de que existen otras personas, con los mismos derechos ante la ley y que tienen exactamente el mismo derecho que yo a poseer y expresar sus opiniones; respeto por ese derecho, apertura al diálogo, prohibición de la confrontación.

Los líderes demagogos del mundo, como Lenin, Mussolini, Hitler, y a la medida de sus capacidades mañaneras también López Obrador, dividen a su país en dos bandos: buenos y malos. Comparado con estos ejemplos, el más parecido a nuestro presidente es Lenin, quien dividió a Rusia en “clase trabajadora” y “burguesía”, que tienen un enorme parecido con “pueblo bueno” y “fifís”. Dividen y empiezan a hacer alianzas con el grupo elegido, siempre poniéndolos en contra de los malos. Trump, que es empresario, no ha llegado a poner su voto firme de obreros blancos en contra de sus patrones, sino que ha recurrido a algunos de los muchos odios que se han generado en el seno de la población norteamericana: negros, mexicanos, indocumentados, liberales. Los resentidos del mundo experimentan una epifanía porque se les ha revelado quién es el enemigo, vamos contra él y apoyamos a nuestro líder, quien nos ayudará a librarnos de nuestras miserias.

El otro chivo expiatorio de AMLO es el PRIAN, muestra contundente de su mala memoria, puesto que en aquella época los siguientes distinguidos morenistas eran miembros de PRI, PAN o PRD: prófugos del PRI son Ricardo Monreal, Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Bartlett, Esteban Moctezuma, Olga Sánchez Cordero, Andrés López, Jiménez Espriú, Marcelo Ebrard, Napoleón Gómez Urrutia y Ana Guevara; prófugos del PAN, Manuel Espino, Tatiana Clouhtier, Gabriela Cuevas y Germán Martínez; Prófugos del PRD, Pablo Gómez, Marcelo Ebrard, Rosario Robles, Porfirio Muñoz Ledo, Claudia Sheibaum, Félix Salgado, Layda Sansores, Fernández Noroña, Dolores Padierna, Martí Batres, Yeidckol Polevsky y, no podía faltar, Andrés López, dos veces prófugo. Pero el púlpito presidencial no fue creado para atacar a dios sino al demonio, al PRIAN. Este ataque es una división a medias y es más bien un chivo expiatorio a priori: de cualquier mal que suceda a México, de cualquier fracaso del gobierno actual, la culpa la tendrá el PRIAN, pero al supremo le corresponde el mérito de bajar la gasolina por decreto y no por los precios internacionales. Falta de pantalones, como si lo hubiéramos contratado para inventar excusas y colgarse medallas, no termina de entender que está ahí para resolver problemas, no para señalar culpables.

A nivel de la sociedad el discurso civil en México, salvo que usted tenga otros datos, es tan desastroso como en Estados Unidos. Revise usted los comentarios del público a cualquier artículo que hable sobre el gobierno: los chairos insultan a los fifís, éstos regresan el sapo. Un grupo muy reducido de lectores aporta datos y argumentos. Vi ayer un video que sincronizaba en el tiempo los muertos por COVID con los “informes” del presidente sobre el COVID: los muertos aumentan continua y abruptamente, y López sigue diciendo que ya domamos la curva. ¿Qué clase de civilidad es esa, que niega hasta las estadísticas del dominio público? Lo peor de todo es que pone el ejemplo a todo el que tenga flojera de documentarse, pensar y analizar, es decir, la mayoría del pueblo, que lamentablemente no tiene esa disciplina; si tiene civilidad, que les diga en su cara a los padres que tienen hijos con cáncer y que los declare curados, “porque yo tengo otros datos”.

Madeleine también opina que el autoritarismo no es una ideología, sino un proceso para adueñarse del poder. En este sentido todos los actos de López Obrador y de su partido muestran que lo que quiere es tener el poder, aunque todavía no se ve claro para qué, puesto que acerca de los tres grandes problemas del México actual: inseguridad, COVID, crisis económica, se ha sistemáticamente negado el presidente a reconocerlos y a tomar medidas efectivas contra ellos. Lo quiere resolver con proclamas mañaneras.

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Le preguntan a Madeleine si la democracia en Estados Unidos es capaz de autocorregirse, o si ve un continuo deslizamiento hacia el fascismo. La respuesta es tibia y ambigua: creo que tenemos una oportunidad en la elección, y también están la clase de cosas que hemos visto recientemente: manifestaciones pacíficas, personas hablando entre sí, buscando soluciones y escuchando. Veo cosas, pero requerirá deseo activo para cambiar, para corregirse. Yo creo que evade la cuestión y da una respuesta circular: la democracia puede autocorregirse si tiene el deseo de corregirse.

En el caso de México al menos tenemos elecciones donde el voto cuenta (si se quitan, automáticamente deja de haber democracia), y hay un gran malestar en buena parte de la población, reflejada en el alud de artículos y comentarios negativos y razonados a la actuación del gobierno, y principalmente en las encuestas, en donde en forma consistente baja la popularidad del presidente, y ya bajó del 50%, con un largo año para que siga haciendo y diciendo barrabasadas, abono para la crítica y el resentimiento.

Pero soy pesimista en dos aspectos. Uno, no veo que el pueblo esté madurando en el sentido de aprender a informarse y a dialogar en vez de insultar. Me formo esta opinión a partir de los comentarios de lectores de los que trato de eliminar a bots, porque ciertamente López tiene muchos que repiten una y otra vez las mismas palabras dentro de los comentarios al mismo artículo; un peligro subyacente a esta población sin INE es que MORENA encuentre la manera de hacerlos votar en las elecciones.

La otra razón es que MORENA está muy activo haciendo alianzas con candidatos que prometen, porque saben que en gran parte del país no tienen mayor presencia, y en algunos lugares la gestión del gobernador es desastrosa, como en Baja California, se ve que la siguiente y muy próxima elección no le va a ir bien a Morena. ¿Qué hace entonces? Identifica los candidatos a gobernador o diputado federal o local, ve si el puntero está firme con su partido, de cualquier manera le ofrece las ventajas de afiliarse a MORENA, si ese no acepta va con el siguiente. En Aguascalientes realiza esa labor Eulogio Monreal, hermano de Ricardo y con triste memoria como rector de la UPA (Universidad Politécnica de Aguascalientes): él está negociando con los candidatos a diputados federales que pueden ser ganadores, porque en Aguascalientes, afortunadamente, MORENA no los tiene. Esta situación me recuerda un pensamiento que he venido formando con los años: en México los partidos políticos no representan ninguna ideología, son simplemente maquinarias ad-hoc para obtener y conservar el poder; cualquier alianza, y cualquier método son válidos, siempre y cuando se consiga el poder. ¿Cuál es la ideología? Son las horas que usted mande, señor presidente, comprobado también en el cambio de chiquero que gustan practicar muchos morenistas, cada vez que cambian de partido político.

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¿Cómo atenderíamos los problemas sociales del día de hoy?, pregunta el reportero. Albright responde que habría que invertir tiempo con las personas que tienen diferente opinión, y no gritarse: obligarse a presentar argumentos para cada causa, discutir con calma los argumentos, tratar de identificar las causas de desacuerdos, y construir una solución común.

Esto suena a utopía o a verdad de Perogrullo: ¿Cómo nos entendemos? Entendiéndonos.

Utopía o no, me parece que es la única alternativa, pero supone un nivel de educación que yo no veo en el pueblo: primero está la dificultad a aceptar que existen otros puntos de vista también válidos, y luego la disciplina mental de presentar hechos y argumentos, evidentemente garbanzos de a libra cuando se encuentran en nuestro país. Lamentablemente la polarización que propicia el presidente agrava este estado de cosas, y hace más difícil cualquier entendimiento.

5 A manera de conclusión

Yo atribuyo a dos causas la emergencia de este líder demagogo incompetente en México, como dice Nathaniel Parish Flannery en su artículo de Forbes

https://www.forbes.com/sites/nathanielparishflannery/2020/07/01/president-lopez-obrador-is-failing-mexico/#4c70754112f0

  1. Los ciudadanos se hartaron de las burradas y las porquerías que sucedieron en los tres sexenios anteriores y eligieron al que les estuvo dando cuerda para que criticaran al gobierno y les prometió el paraíso.
  2. México es un pueblo absolutamente inmaduro en civismo. No tenemos cultura (de lo que sea), hay mucha gente que si acaso lee los encabezados de las noticias porque un escrito de más de un párrafo ya es indigesto, estamos acostumbrados desde la Colonia a que los asuntos del gobierno no son nuestros, que nuestro papel como pueblo es la queja estéril, y no sabemos aprovechar las oportunidades, como el sexenio promesa (Fox) y el INE, sobre el cual inmediatamente se lanzaron los partidos para controlarlo, y ahora el mismo presidente intenta destruirlo. Claro, esto es posible porque nos importa un c… la res publica, la cosa pública. México no sabe gobernarse solo, México solamente reconoce la voz del amo. Se fue el PRI, nos quedamos sin amo, y miren el amloclown con quien vinimos a parar.

¿Solución? No la tengo, pero no destruiría esta endeble democracia que hemos ganado: al menos, los votos cuentan. Yo protesto públicamente en mis artículos tratando de argumentar con hechos, y voto. Ojalá el 10% de este país hiciera algo semejante, porque tendría un benéfico efecto multiplicador contra la gran enfermedad subyacente al pueblo mexicano: falta de educación.

//Agradezco a mi hijo Rodrigo sus valiosos comentarios y sugerencias.
23.7.2020


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Un espejo inesperado

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