Hace años leí en la columna de Catón la siguiente historia. Un avión comercial está por despegar, los pasajeros ya ocupan sus asientos cuando ven entrar a dos hombres en uniforme de piloto, con lentes oscuros y bastones de ciego; una azafata amablemente los conduce a la cabina. Todos están inquietos pero el avión se mueve, se detiene un momento y oye desde la cabina “vuelo MEX2018, aquí torre de control. Pista 01 –la única que tenemos- libre para despegar, buen viaje”. El avión se mueve, toma velocidad, los pasajeros inquietamente ven pasar cada vez más rápido personas, vehículos, casas, edificios y campos de futbol por las ventanillas. Los pasajeros fifís de la clase premier, en las primeras ventanillas, ven acercarse el final de la pista y el avión sigue su vuelo a ras del suelo. Una señora muy educada no puede más y lanza un grito histérico, que contagia al resto de los pasajeros y viaja como una ola hasta la cola del avión, donde está sentado el Pueblo Bueno. El grito finalmente rebota hasta cabina y apenas cien metros antes del final de la pista, los alerones se mueven, el avión se inclina para despegar, y nada más alcanza a destender la ropa que estaba colgada en la azotea del primer edificio después del aeropuerto, llevándose una sábana entre las ruedas. Los pasajeros todavía tienen la boca abierta y los ojos en blanco cuando se oye la voz del capitán “señores pasajeros, gracias por su ayuda. Pero la siguiente vez que adviertan un peligro, por favor griten antes, para darnos más tiempo de reaccionar”.

La Torre de Control asienta en su parte diario:

Vuelo MEX2018 despegó sin mayores problemas, estirando cien metros la longitud de la pista.
Detalle de los incidentes:

      • Asustados: 130 pasajeros.
      • Temple de acero: todos los asistentes de vuelo, incluyendo el cocinero.
      • Pérdidas humanas: ninguna.
      • Pérdidas materiales: sábana blanca enredada en el tren de aterrizaje.
      • No enterados de lo que sucedió: piloto y copiloto.

Así ha sido desde que empezó el sexenio. Se inaugura la historia dejando abiertas las puertas sur y norte del país, sin pensar que la del sur no tiene puerta del otro lado y la del norte está siempre cerrada del otro lado; tiempo después, las protestas inhumanitarias que preguntan si no teníamos suficientes problemas, y el calambre que le envían del norte diciendo que cierre las dos puertas. Inventan el Chupacabras del Huachicol hasta que se les queman más que en Ayotzinapan y tanto los Mercedes-Benz de los fifís como los Tsurus del pueblo bueno se quedan sin gasolina. Le regresan al Sindicato de Maestros lo que indebidamente les fue robado en la Reforma Educativa[1], hasta que la Sección 22, malagradecida, se planta frente a Palacio porque no les regresaron los intereses que dejaron de ganar mientras no controlaron las plazas.

A principios de año llegan con insistencia predicciones del que el coronavirus atacará el país, pero el piloto, además de ciego es sordo y no hace caso. Le insisten. Él responde que la solución a ese y a todo mal son los Detentes y recomienda besos y abrazos. La gente se empieza a enfermar y el piloto ordena expurgar todos los diccionarios en México de la palabra “coronavirus”. El problema crece y agarra desprevenidos, aunque avisados, a todos los servicios médicos oficiales, y el piloto ordena al copiloto maquillar y enredar las cifras. Siguen más y más problemas, y el piloto publica el 20 de abril un decálogo llamado Todo lo que no hay que hacer en tiempo de crisis para combatir la crisis.

En EEUU analizan la situación económica y deciden que Hollywood puede dejar de producir películas todo el año, pero no pueden quedarse sin alimentos, sin comunicaciones y sin industria militar. Se dan cuenta que por un error histórico –léase, el NAFTA-, integraron como parte de la cadena de suministros de la industria aereoespacial a proveedores en Canadá y en México y le mandan decir al piloto mexicano: “si no quieres abrir las taquerías en toda la avenida Insurgentes, por nosotros no hay problema; pero necesitamos que tales y tales industrias que proveen partes para Beoing y Lockheed vuelvan a trabajar desde antier”. El piloto mexicano no hace caso y la reacción previsible de Estados Unidos será una de dos: enmendar el error histórico y eliminar a México de esa cadena de suministros, o decirle al piloto mexicano que se enferme o que lo enferman, una cosa es mantener ocupados a los mexicanos discutiendo memes y otra es entorpecer sus proyectos militares.[2]

Llegan noticias a México –abominable libertad de prensa- de que en otros países, además de medidas por la salud, se han aplicado provisiones añejas como el seguro de desempleo y se crean medidas nuevas para apoyar a quienes producen bienes y servicios, léase abominables empresarios. Los chinos fabrican en tiempo récord hospitales en Wuhan, al contratista que se sacó la rifa del tigre le informan que si no está rápido y bien, lo dejan solo y sin respirador artificial en el hospital donde se generó el problema; imponen cerco militar a la región y contienen la crisis. El piloto mexicano razona que todos los chinos seguramente son fifís y declara que nada, absolutamente nada, podrá entorpecer sus programas sociales.

Estadistas como Angela Merkel, Emmanuel Macron, Justin Trudeau, Jacinda Ardern y hasta Donald Trump deciden enfrentar el problema, convocan a expertos, toman medidas, y dirigen palabras a sus países y al mundo que pueden generar y orientar acciones para resolver el problema de todos. El piloto mexicano interrumpe de mala gana sus programas sociales para anunciar por el altavoz “vamos requetebién” y decide que todas esas llamadas de atención le caen como anillo al dedo para regresar a sus programas sociales.

Después de unas semanas sin automóvil, el aire está más limpio, los pájaros cantan más, mis gatos Dmitri y Belka cancelan su demanda de divorcio y despiden a sus abogados, se aparecen zorras y ardillas en los jardines, las playas de Acapulco ya no tienen bolsas de plástico ni latas de cerveza. Todo, porque los humanos hemos detenido nuestro movimiento. Baja la demanda de combustible y los precios del petróleo perforan el piso; el mundo entero confirma a la industria del petróleo que sus días están contados. El piloto mexicano niega todas estas noticias y continúa empecinado con su segundo juguete, el petróleo. Siguen adelante Dos Bocas y la rehabilitación de refinerías. Probablemente el piloto tiene razón. Si en Tabasco no hubiera tantos problemas porque ahí ha estado Pemex desde hace muchos años, AMLO no sería AMLO; él necesita problemas. Si no los hay, se crean o se perpetúan. ¿Qué sería de su voto duro en Acapulco si no pudieran quejarse de que las playas están sucias?

Una cosa es que el piloto de este avión no sepa inglés, y otra cosa que nuestros aviones no viajen al extranjero; México es uno de los muchos puntitos en esta aldea global que es el mundo, interconectado con el resto de los puntitos. Pero al piloto mexicano le molestan esas líneas tan largas que unen puntos lejanos, digamos CDMX con Washington o con París o con Ottawa; idealmente deberíamos tener nada más líneas entre CDMX, Acapulco, Oaxaca, Villahermosa, Tuxtla Gutiérrez. ¿Y las ciudades del norte?, le preguntan. Ah, sí. Bueno, uno que otro con Monterrey, Hermosillo, Tijuana. Y no se les olvide Culiacán, ese sí debimos considerarlo desde el principio. Todas esas líneas, metáfora del movimiento de pasajeros, de bienes y servicios, y de capitales, molestan al piloto mexicano, que fue entrenado para volar a ciegas, siempre y cuando sea dentro de los confines del país, principalmente la región sur. No es necesario que vengan capitales. No es necesario producir, mucho menos exportar cerveza; impensable instalar otra fábrica de cerveza. No es necesario fabricar partes de automóviles. Nos bastan besos y abrazos, tacos en una fonda, programas sociales y petróleo, mucho petróleo. ¿Para qué queremos crecimiento, plantas de automóviles y ensambladoras, para tener violencia como en Guanajuato?[3]

A este piloto ciego ya le molestan los gritos de sus viajeros, y está tomando medidas en el Congreso para obtener poder absoluto. En este momento, la Constitución exige voto mayoritario en las Cámaras para otorgar esos poderes. ¿Solución? Modificar la Constitución, a alguien se le olvidó exigir voto mayoritario para modificar la Constitución, recurso que viene como anillo al dedo. Este avión está conducido por un piloto ciego, y aparentemente fue constituido por ingenieros-legisladores también ciegos.

Los aviones cuentan con un recurso en cabinas para indicar dónde está arriba y donde está abajo. Se requiere porque el avión puede viajar de noche y además sufrir cambios bruscos en la dirección, que hacen que los pilotos pierdan el sentido de orientación, ya no “sienten” correctamente dónde está el suelo, algo semejante a entrar en un cuarto oscuro, dar unos pasos y vueltas, y querer decidir dónde estaba la puerta por donde entramos. Ese recurso es el giróscopo. Todas las señales indican que la dirección del avión se parece mucho a lo que el giróscopo indica como “hacia abajo”, pero empecé contando una historia donde el piloto es ciego.

//24.4.2020
Agradezco a mi hijo Rodrigo su revisión y sus sugerencias.

[1] https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/leonardo-kourchenko-la-aldea/el-autentico-despenadero

[2] https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/raymundo-riva-palacio/pues-donde-anda-senor-presidente

[3] https://www.milenio.com/politica/comunidad/amlo-arremete-contra-el-neoliberalismo-y-pone-de-ejemplo-a-guanajuato


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Parábola del piloto ciego

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