Contigo, pan y cebolla, – dijo una vez mi padre acerca de los que se casaban muy jóvenes y demasiado enamorados, es decir sin dinero, –pero el primer problema grande mostrará si bastan el pan y la cebolla.

Quién puede desmentir los números, A.L. resultó electo por una gran mayoría, enamorada del verdadero candidato y ansiosa por la luna de miel, los primeros cien, o doscientos o hasta mil días de felicidad conyugal con el primer líder auténtico que ha producido México. Contigo, pan y cebolla fue lo que le dijo el pueblo al candidato esperando que efectivamente hubiera pan y cebolla para vivir mejor que bajo los miserables gobernantes, todos corruptos y equivocados, que habíamos padecido.

Prometer no empobrece, dar es lo que aniquila.

Los primeros meses de desgobierno fueron como la muerte chiquita, pequeñas señales de que algo está realmente mal. Primero la cancelación de una obra multimillonaria por obra y gracia de una consulta patito. Como decía mi cuñada Ana Luisa, la risa es lo que calienta, este señor no tuvo ni siquiera los pantalones para decir “lo hago porque me da la gana” sino recurrió al truco despreciable de invocar a ese ente milagroso, peor todavía al del refrán a todo mal, mezcal; a todo bien, también.

La voz del pueblo es la voz de Dios.

A finales de diciembre pasado, cierto pobre empleado –hoy justamente despedido- le susurra al oído lo indecible: “señor, resulta que la gasolina que se consume en el país no la produce PEMEX sino la importamos, y se nos olvidó importarla”. El mensajero fue decapitado, A.L. se encierra con Bartlett y sus asesores más duchos en energía, quienes culpan al huachicol. Idea magnífica: tendremos un nuevo enemigo, sin rostro pero omnipresente, será desenmascarado; el pueblo bueno lo celebrará. A.L. lanza su gran y única iniciativa para atacar al crimen organizado (como aquella que no les salió muy bien a Calderón) que le sale mal porque se crea un enorme malestar general, colas en las gasolineras, mueren calcinados en Tlahuelilpan más que lo que murieron en Ayotzinapa, la productividad baja en el país, el tiro sale por la culata, pero para entonces ya habían importado algo de gasolina y comienzan a surtir a gasolineras.

Las madres viudas de Tlahuelilpan cantan La nana de la cebolla a sus hijos sin padre.

Luego vienen las designaciones por razones que guardo en mi real pecho, como decía Felipe II: el imbécil que fue reprobado tres veces cuando presentó examen para consejero de un organismo de energía, la designación de la esposa de su compadre para la Suprema Corte, Rosario Piedritititita para Derechos Humanos.

Con estos bueyes tenemos que arar.

Como el abasto de medicinas está en manos de rufianes, léase las compañías que le venden al gobierno, ahora las dependencias harán compras directas, pero no las hacen. Hay desabasto en las instituciones de salud, no hay tratamiento para los enfermos de cáncer ni mucho menos prótesis para el que nada más necesita una para caminar. El Médico a Palos (obra de Moliere) que dirige cierto instituto de salud nos explica que él aplicó para paciente y no para director, hay descontento generalizado.

Con la salud no se juega.

Desde del día 1 A.L. abrió las puertas de la frontera sur a todo el que quisiera entrar; con el mismo cálculo astuto del coyote en El correcaminos, pensó: “hay que dejarlos pasar, no serán problema para México, lo que quieren es ingresar a Estados Unidos”. Un correcaminos bastante obeso (Trump) da al traste con sus planes porque no quiere inmigrantes que no pertenezcan a la raza aria (como los noruegos), rechaza todas las solicitudes y los devuelve a México, donde se abarrota la frontera norte de salvadoreños, nicaragüenses, etc., que le habían prendido una veladora a A.L. pero se les olvidó la más importante, la de Trump; nos llega el yerno del que manda allá, a ver si al menos sirve para dar un jalón de orejas al nuevo coyote, y ni porque las tiene grandes le atina: Kushner se regresa a Washington sin acuerdos. Trump se enoja, amenaza en público y a través del State Department, y el coyote va a la frontera sur, con el rabo entre las patas, a devolver las veladoras de los que todavía no habían entrado a México, porque ya no van a poder.

La cebolla empieza a saber amarga; la esposa reclama mal aliento al Pueblo bueno.

Y sucedió lo indecible: el ridículo que hacía Trump declarando “voy a construir un muro” dejó de ser suyo, porque encontró quién lo hiciera. México entero está convertido en su muro, a un costo mínimo: unas cuantas amenazas y A.L. dobló las manos.

México es el hazmerreír del mundo (NYT, Washington Post, Der Spiegel, Le Monde, L’Osservatore Romano, El País, fb, twitter, whatsapp y cierto sitio de pornografía creativa que muestra lo que le hace T. a A.L.)

La extradición del Chapo Guzmán siempre fue un hecho cuestionable, según A.L. Se violó el debido proceso, me caía bien, la tercera copia estaba borrosa, para qué extraditar al único empresario decente de este país. Tratemos de aminorar la pena de su familia, busquemos en el mapa dónde viven. Y va el presidente y saluda a la mamá, recibe su carta, promete presionar al vecino amable y convencerlo por las buenas de que devuelvan al hijito. “¿Vieran qué buena persona es ella? Hasta me invitó una taquiza.”

-Me mataron a mi primo.
-A mí, me secuestraron.
-Aquí frente a mi casa hubo una balacera y les tocó a los que pasaban.
-¿Y por qué no estaba A.L. frente a tu casa?

En el camino, el pueblo bueno ha tomado un curso intensivo de Lógica, en su variación Lógica Difusa[1]. Habiendo declarado en campaña que si las palomas vuelan y los pájaros cantan, ¿para qué queremos un avión presidencial?, procede venderlo. “No lo podemos vender, todavía no acabamos de pagarlo” susurra un infortunado asesor. “¿Y por qué no? Ya lo dijo Luis XIV antes de mí: l’Etait c’est moi. Es más, ya extinguí los fideicomisos y ni eran míos.” Pero le insisten no es suyo, Beoing no es tan dócil como el Pueblo Bueno, el avión está guardado en EEUU; consultan el ExcelPresidencial™ hecho bajo pedido (requisito principal, antes de sumar celda A1 con celda A2, preguntar al usuario: “querido A.L., ¿cuánto quieres que salga A1+A2?” y llegan a la conclusión de que con el apoyo del Pueblo Bueno, quienes aceptarían sin chistar ir a Banco Azteca por $500 en préstamo, así venderán los 6 millones de boletos como tamales en Palacio Nacional. Sin embargo, no estaba en la responsabilidad de Microsoft volver solventes a los pobres, no se vendieron los boletos.

“¿Apoco no juntamos 6 millones de pobres en México?” Pregunta el yasabesquién.
“Aquí estamos, pero no somos imbéciles para ganarnos un avión que no tendremos dónde estacionar”.

Alguien cree encontrar una manera de fastidiar a la IP (“iniciativa privada”, no “dirección de internet”): ensartarles los boletos. Pero ni con ayuda de Excel encuentra 6 millones de empresarios que quieran comprar el boleto. El avión degenera en animal fantástico, un zopilote astral que se vende pero no se vende, no se entrega sino se usufructúa, el usufructuario podrá utilizarlo siempre y cuando no salga del hangar, y el ganador no recibirá el dinero sino un Certificado de que participó en el rescate de México. El Coronavirus le salva la vida al sorteo, porque el sorteo es enviado al Limbo, donde nadie sabe si está vivo o muerto. Leyendas urbanas ubican al avión paseando a La Llorona en noches de luna nueva, y al Merolico todas las mañanas de 7 a 9.

La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece que no sin razón me quejo de vuestros desvaríos. (El Quijote).

Las señales de una inminente pandemia empiezan a llegar de todos lados. Varios países entran en crisis de salud porque en poco tiempo llegan demasiados enfermos a los hospitales, saturándolos.

Es como si se me juntaran todos los cobradores, piensa el Pueblo Bueno.

Las eminencias mundiales de salud llegan a un veredicto unánime: el coronavirus es altamente peligroso, puede ser mortal, llegará a todos los rincones del planeta porque se adquiere a través de las partículas que sueltan los enfermos al respirar, toser o estornudar, y lo mejor para que no pase lo que en España o Italia es distanciamiento social: cada quien a su casa, minimizando todo contacto físico con las demás personas.

No nos va a pasar nada, ya lo dijo Barbosa: los pobres son inmunes. Hay que darnos besos y abrazos, no es necesario que el gobierno tome medidas.

Los expertos explican que el truco es aplanar la curva, es decir ir bajando el número de contagiados conforme pasan los días. Los que ya estaban contagiados, o se alivian o se mueren, pero ya no hay más contagios.

¿Aplanar qué? Ya tengo la aplanadora que era del PRI, ¿qué más necesito?

El número de contagios en México empieza a crecer, no hay máscaras, el gobierno federal bloquea la compra del gobierno de Jalisco de pruebas del coronavirus, la gente en CDMX sigue usando el metro, las señoras de Pueblo Bueno dejan que sus hijos jueguen en la calle, se celebran rosarios en casas particulares para pedir ayuda divina, hay fiestas de quince años y reuniones como en tiempos normal, en algunos sectores de la población. A.L. declara que las medidas contra esta crisis son darle US$65,000 millones al Barril sin Fondo (Pemex), iniciará el Tren Maya, seguirá regalando dinero, devolverá el IVA que de todas maneras tenía que devolver, y… anunciará más medidas.

-Voy a crear 2 millones de empleos nuevos.
-Que sean 12, porque entre la crisis y su ayuda, se perderán como 10.

El Pueblo Bueno empieza a recordar a cierto personaje declarando que gracias al combate a la corrupción se había ahorrado $500,000 millones, y pregunta por qué no los utiliza ya con esta crisis.

No entiendo ni madres, dijo A.L. la primera vez que vio la fórmula   1 + 1 = 2.

Por la crisis se prevé que la economía se paralizará. ¿Por qué? Pregunta yasabesquién. Porque nadie va a trabajar ni a producir comida ni zapatos ni servicios ni nada. Los que producían ya no tendrán que vender; los que servían ya no tendrán a quien cobrar, los que querían comprar Detentes ya no tendrán dinero. Seremos un país de zombies esperando la muerte por hambre o por enfermedades. Los que puedan, sacarán sus capitales; el resto, aguantaremos para ver qué se acaba primero: la crisis, este sexenio, o nuestra paciencia.

La Crisis del Coronavirus agradece al señor licenciado (sic) Andrés López el apoyo proporcionado para lograr mayor contundencia.

Para mala suerte de México, A.L. sobrevive a la crisis del coronavirus y declara “nos cayó como anillo al dedo para reforzar a la 4T”.

¿Qué mierdas estás diciendo, ojete?

 

/6.4.2020

[1] Aunque usted no lo crea, existe: la verdad lógica ya no es cierto o falso, sino un número entre 0 y 1, para determinar “qué tan cierto” es algo.


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Los malpasos de López

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