“Doctor, con el peso que tengo, ¿cuál cree usted que es mi estatura ideal?”
“Cuatro metros.”

Esta historieta, enviada por mi amigo y salvador de la mitad de mi vida, el Dr. Juan Cerda Rojas (el de la otra mitad es Raymundo Ballesteros), me recordó los tiempos felices en que despreocupado del mundo me preocupaba por el razonamiento; fueron tan felices aquellos años que esa preocupación, obstinada, no ha dejado de resonar en mi mente y de obligarme a cuestionar, libre de influencias chairas o fifís, si el rumbo que llevamos, por ejemplo dedicar $3,000 millones a la Secretaría de la Presidencia para el Beisbol es lo correcto en estos tiempos del COVID. Porque creo que el razonamiento no está en el mismo terreno que la ideología -uno es de la mente, el otro es aquello en lo que se cree –, y no me deja razonar ni preguntar de otra forma: ¿estamos caminando por el camino correcto?

Los economistas coleccionan latinajos, y uno de ellos es casi una perversión mental: ceteris paribus, que significa “si conservamos lo demás igual” y es un ejercicio mental que sirve para analizar posibles cambios del entorno económico cuando una de sus partes cambia, por ejemplo:

supongamos que en la economía de nuestro país, no cambiamos nosotros nada pero sí cambia la lluvia por ejemplo que en 2020 lluevan entre 500 mm y 800 mm en la parte central (más o menos desde León y Aguascalientes hacia el norte, delimitado a los lados por las dos Sierras Madre). En esa circunstancia, ¿qué pasa con la economía del país?

La idea es análoga a preguntarse “si dejo de tomar azúcar, pan y tortilla, y sigo con mi rutina normal de vida, ¿cuántos kilos bajaré en tres meses?”, con la intención de estimar el efecto de modificar una variable, la cantidad de lluvia en una región del país, o dejar de consumir ciertos alimentos. Es un juego mental válido, un experimento de pizarrón que permite estimar lo que sucede cuando algún elemento del entorno analizado se modifica por decisión humana o de la Naturaleza. Los médicos se lo preguntan cada vez que prescriben una medicina: ¿este paciente no tendrá reacciones adversas a la sustancia?

Elegí “lluvia” porque siendo un evento de la Naturaleza, su efecto abarca la economía. La lluvia anual en esta zona del país es escasa, del orden de 500 mm o menos; estamos suponiendo, que va a llover más de lo que llueve normalmente, sin volverse catastrófico el asunto, digamos que llovieran 2,000 mm, lo que implicaría inundaciones. ¿Qué pasará? Pues que todo el mundo se pone feliz excepto los amargados de la vida, porque en esta zona del país el agua es vida, como me enseñó hace muchos años Manuel Díaz Hernández: los agricultores de temporal tienen para sus cosechas, los de riego se ahorran electricidad del bombeo, los mantos friáticos se recargan, las calles huelen a fresco y hasta los coches se lavan solos. En realidad el agua es vida en cualquier parte, pero lo apreciamos más aquí que en Veracruz. El beneficio para los agricultores implica que tendrán más y mejores cosechas, tendrán más dinero, se activa la economía; en conjunto, esta zona es un poco más próspera, lo que también beneficia al país. Para evitar razonamientos difíciles a los candidatos a doctor en cualquier universidad gansito, bastará recordar el refrán

Con agua y tractor, cualquier tarugo es agricultor

y de ahí concluir, sin dificultad, que ese aumento de lluvia nos traerá beneficios.

Pero no le podemos mover a cualquier variable, no es viable hacer crecer la superficie del país, ni se va a duplicar la población en un año, ni los mexicanos nos volveremos notablemente más sabios en un año, con la posible excepción del 2021.

Tampoco le podemos hacer al revés, como el paciente del chiste: preguntar cuál es mi estatura ideal, considerando mi peso; es ocioso porque la estatura no es una variable, la conservamos sin gran cambio a lo largo de nuestra vida adulta; en cambio el peso sí se puede variar y es aconsejable manejar una ingesta de alimentos adecuada para conservarnos en peso óptimo. Esto nos explica la diferencia entre la variable independiente y la dependiente:  a la primera le podemos mover, a la segunda tenemos que esperarnos a ver qué pasa. Hay muchas variables que son intrínsecamente fijas, como estatura, superficie del país, color de los ojos, tener diez dedos en las manos, esas las debemos considerar como dadas y nada más es posible preguntar peso óptimo dada una estatura, población óptima en un país con la superficie de Holanda, la ropa que mejor le queda a una mujer dado el color de sus ojos.

También podemos preguntar, dado un decremento en la economía, qué fue lo que originó el problema, pero eso es una autopsia, algo así como preguntarse de qué se murió el enfermo, en vez de preguntarse al revés: qué hay que hacer con este enfermo para que no se muera.

Ciertamente que es legítimo preguntarse: puesto que México está tan fregado en 2020, ¿cuáles son las causas?, y los periódicos y revistas de análisis están llenos de reflexiones de que si fue el COVID, si fue el sexenio de López Mateos, si fueron los millones que se robó López Portillo o los que tira a la basura Andrés López -esto último, como decía Talleyrand, es peor que un crimen: una idiotez -, pero es todavía más legítimo preguntarse cómo le podemos hacer para que en 2021 no estemos igual.

La economía es un terreno muy resbaladizo en donde el ceteris paribus, estrictamente hablando, no existe, ya que todo está cambiando constantemente y no podemos suponer que nada más cambia una variable. Pero insisto: es aceptable manejado con prudencia, con conocimientos de economía, y de la situación política y económica del país.

El primer requisito es distinguir la variable dependiente de la variable independiente. ¿Cuál es la diferencia? Definición muy burda: una variable es independiente cuando la podemos mover, y es dependiente cuando cambia a consecuencia de la independiente. La lluvia y otros eventos naturales no son modificables por el hombre, pero sabiendo que varía, podemos estimar las consecuencias si hay mucha o poca lluvia. Pero a los 25 años ya no vamos a cambiar la estatura, ni podemos reactivar la economía del país en forma directa, salvo por las encuestas gansito que hace A.L. en donde milagrosamente México es hoy más feliz que nunca. El comportamiento económico  será consecuencia del valor del dólar, de la oferta monetaria de dinero, de los intereses bancarios, de la posibilidad de exportar, de la confianza en el gobierno, del siguiente elefante blanco que se le ocurra a A.L., de la actitud del gobierno con la clase productiva (también puedo actuar como marxista y dividir a México en dos clases: productiva, todos los que trabajamos en la IP y el resto, aunque no sean las clases que dijo Marx) y del empeño que pongamos los mexicanos en salir del problema.

Aquí es donde estamos teniendo más problemas, porque parece ser que el único miembro del gobierno que sabía la diferencia entre variable dependiente e independiente era Urzúa; una vez que lo expulsaron del paraíso 4T, todos los que dirigen los destinos de México se han dedicado a producir desatinos y desvaríos y muchos ceteris paribus que no tienen sentido: el COVID no pasará de un resfriadito, frase que ganó su lugar en el Salón de la Infamia, es símbolo de cómo se dirige el país: por la ley de mis calzones, no por las leyes de la economía ni de la ciencia. ¿No habrá algún funcionario inteligente y honesto -prácticamente un oxímoron, como aquel famoso de Hugo B. Margain: la moneda de diez pesos no es ni redonda ni cuadrada, sino todo lo contrario[1]– que le diga al que usurpa con su ignorancia la silla presidencial: Señor, mejor ni le movemos a la variable inversión petrolera en estos tiempos?

De acuerdo a lo que dice la letra muerta de la Constitución, el que ocupa esa silla debe velar por el interés general del país, sin favorecer a un grupo, una zona, un sexo, una religión, etc. Esto no sucede: la inversión federal está sumamente recortada en todos los Estados excepto en, adivine usted… en Tabasco. Ahí si llueven carretadas de dinero federal, y es una simple casualidad que ahí nació el presidente. Esta es una de las perversiones del ceteris paribus que anticipé arriba: “vamos a moverle a la inversión federal de una manera creativa: le damos un montón de dinero a Tabasco y se lo quitamos a los demás estados, mi estado prosperará y los demás no tendrán más remedio que aguantarse”. Aquí es jugar con fuego, porque algunos gobernadores se pueden acordar que México es una república federal, con Estados autónomos, y pueden hacer alianzas para juntarse a jugar dominó, para cuestionar el Pacto Federal (forma en que se distribuye el presupuesto nacional entre Federación, Estados y Municipios), para separarse de México como país o para anexarse a Estados Unidos, movimiento que siempre ha estado presente en Nuevo León y que A.L. se ha encargado de azuzar.

Otro ceteris paribus que no conviene ni mencionar a menos que se toque madera es el presupuesto de beneficencia, léase regalar dinero, porque recuerda una manera laboriosa pero infalible de esfumar una fortuna de US$130 millones: regalar un dólar a cada mexicano. La fortuna desaparece, y los mexicanos estamos igual con un dólar más en el bolsillo, que sin él. El valor del dinero radica en la capacidad de concentrarlo en un proyecto productivo, digamos hacer un aeropuerto para CDMX en un lugar adecuado, sin cerros en medio de la pista ni restos precolombinos, donde las aerolíneas del mundo acepten aterrizar y despegar. Sólo hay una cosa peor que no hacer un aeropuerto así, y es hacer un aeropuerto que no cumpla esas condiciones.

Implícitamente la Constitución prohíbe ciertos ceteris paribus: no le muevas nada a lo que no sea de beneficio colectivo, pero al Legislador se le olvidó postular otro principio: tampoco hagas idioteces; esto no lo prohíbe la constitución, por eso se pudo cancelar el NAIM.

El sexenio ha sido una cadena de ceteris paribus de puntada, una cadena de What if’s para ver lo que sucede con el avión en vuelo si oprimimos aquel botoncito rojo:

  1. Vamos a dejar de comprar medicamentos, a ver qué pasa.
  2. Vamos a regalar millones a nuestra base política. Aquí al menos se hace siguiendo la ingeniería electoral: se seleccionan los grupos en la sociedad que son más susceptibles de apoyar a MORENA.
  3. Vamos a dejar de prepararnos para COVID, nuestro manual de MORENA no dice nada acerca de pandemias, por lo tanto no pasará de un catarrito.
  4. Vamos a poner a un merolico ambicioso a dar la cara por el gobierno con respecto al COVID, a uno que tenga grandes aspiraciones y que sea desechable; de preferencia, alguien que cuente con experiencia directa en visitar el bote de basura.
  5. Vamos a sustituir el aprendizaje y la calidad en la educación por el título, a fin de cuentas eso es lo la gente quiere, poseer el título; yo mismo doy el ejemplo. En todo caso, los graduados de nuestras universidades Benito Gansito no verán la luz sino hasta pasado el sexenio, no tendremos que lidiar con esos profesionistas.
  6. No hay que negar la creatividad de la 4T, encontraron la forma de hacer un anti-ceteris paribus: todas las variables se mueven excepto una. Le podemos bajar el presupuesto a lo que sea, excepto a nuestros programas de beneficiencia. Se trata de una idea creativa, los economistas también deberían buscarle por este lado. No importa lo que pase a la sociedad en su conjunto, porque así nos viene como anillo al dedo.
  7. Hay que introducir el concepto de culpa dentro de las variables económicas: ¿por qué está México mal? Por culpa de Calderón. ¿Por qué no podemos superar la crisis? Por culpa de los conservadores. ¿Cómo vamos a estar mejor? Una vez que se hagan públicas las culpas de Peña Nieto, obtenidas gracias a ignorar las culpas de Lozoya. ¿Qué sucede si resulta un petardo? Culparemos a Barbosa, quien ya fue manchado por Lozoya, y además nunca me cayó bien, anda circulando por ahí un video donde se ve que Barbosa habla mal de mí.
  8. Hay que inventar premios de consolación para que el mexicano no se sienta tan mal: a México no le ha ido tan mal con el COVID como a los españoles.
  9. La inversión pública no es de nadie, porque la IP no está autorizada a hacer carreteras, y porque no hay dinero en el gobierno, ya que todo se fue a programas de manutención del voto. A ver qué pasa, al diablo con las instituciones y con la inversión pública.
  10. El manejo desastroso del COVID está rindiendo frutos: los mexicanos estamos proscritos para visitar la Unión Europea, pero eso no importa porque los que iban eran fifís. Sin embargo, los problemas con COVID en México son un freno indirecto a las exportaciones, porque ahora hay más trabas para hacer llegar mercancía a otros países, y hay menos mercancía para exportar. Todo esto me recuerda el chiste viejo ¿En qué se parecen México y Bolivia? En que los dos necesitan una salida al Pacífico: Bolivia porque la tenía pero la perdió con el Desierto de Atacama, ahora parte de Chile, y México porque la tenía pero ya no le sirve para nada, cortesía de la 4T[2].

A.L. va con su brujo de cabecera John B. Ackerman, quien despacha en la Isla de los Monos, aguas adentro de la Laguna de Catemaco, centro de peregrinación  internacional de todos los que buscan la guía de un buen brujo; Ackerman ha dado más lustre a la región que el que le proporcionaron Sean Connery y Mel Gibson cuando filmaron ahí sus películas.

“La deformación de la 4T sea contigo, honorable brujo mayor”.

“El camino lo has señalado tú, querido A.L., con la mayor destrucción provocada en el país en toda su historia”.

“Tengo una pregunta para ti, oh brujo. Puesto que ya me acabé el dinero del gobierno en mis juguetes personales y en ayudar a los más necesitados, ¿de dónde lo sacaré ahora?

“De ningún lado. Espérate al 2024”.

 

Agradezco a mi hijo Rodrigo sus correcciones y sugerencias para evitar moverle a las variables que no debía.
//18.8.2020

[1] Se refería a la moneda de diez pesos, de perfil heptagonal, de siete lados.

[2] Este impío chascarrillo contra la 4T fue tomado de LaJornada ( https://www.jornada.com.mx/2011/08/20/opinion/008o1pol ), nadie podrá acusarme de utilizar la prensa fifí para criticar al gobierno.


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Ceteris paribus

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