Ucrania, mayo de 2014

 

1-Cronología a partir de 16 de marzo.

En Crimea se desarrolla un plebiscito con asistencia superior al 80%, y con un resultado superior al 95% (entre los votantes) a favor de la separación de Ucrania. El Congreso de Crimea vota una solicitud a Rusia para ser aceptada como miembro de su Federación, Rusia acepta. Putin pronuncia un discurso en donde anuncia la integración de Crimea a la Federación Rusa y reitera su posición de que el referéndum en Crimea fue libre y legítimo. El pueblo ruso apoya a Putin, su popularidad alcanza el 80%.

Los Estados Unidos e Inglaterra con mucho énfasis, y en menor medida sus aliados europeos lamentan los hechos y condenan el referéndum y la anexión de Crimea. La mayoría de la  prensa occidental desgarra sus vestiduras aplicando toda una serie de calificativos a Putin y negando la validez de los sucesos en torno a Crimea.

En el Este de Ucrania empieza a presentarse agitación de diversos grupos que protestan contra el gobierno, que toman edificios públicos, declaran ilegítimo al gobierno de Kiev, al que llaman “junta” (la palabra española), peyorativamente. Poco a poco esos grupos se hacen más fuertes, aparecen armas en sus manos y se van apoderando de diversos edificios y lugares. Partes de la población los respaldan. En Lugansk anuncian que el 11 de mayo se celebrará un plebiscito para decidir el futuro de esa región, siguiendo el modelo de Crimea. El gobierno envía tropas al Este. Un grupo de soldados ucranianos es rodeado por gente, les quitan sus vehículos militares y los regresan a pie a sus bases.

El 17 de abril se reúnen en Ginebra representantes de Ucrania, EEUU, la Unión Europea y Rusia para buscar una salida a la situación, para “de-escalate the crisis”, oficialmente. Acuerdan los siguientes puntos:

  1. Disolver formaciones militares ilegales.
  2. Los ocupantes de edificios públicos deberán abandonarlos y entregar sus armas.
  3. Se anuncia amnistía para quienes cumplan los anteriores puntos.
  4. Se revisará la Constitución de Ucrania.

También se acuerdan ahí, por parte de EEUU y la UE, aplicar sanciones a algunos personajes cercanos a Putin. Los rusos que no fueron sancionados protestan, porque las sanciones han elevado la popularidad de sus colegas sancionados.

Los acuerdos de Ginebra pronto demuestran ser letra muerta, por las siguientes razones:

  1. ¿Qué significa “ilegal”? Para el gobierno interino y EEUU, son los grupos que protestan en el Este; para la mayoría de los pobladores en el Este, el gobierno interino es ilegal, porque llegó al poder mediante un golpe de estado.
  2. ¿Dónde hay que abandonar los edificios públicos? ¿Nada más en Lugansk o también en Kiev? ¿Se incluyen los edificios ocupados por el actual gobierno, considerado ilegal en el Este?
  3. En teoría está bien, pero nadie se ha acogido a la oferta de amnistía.
  4. Falta precisar lo que los norteamericanos llaman “WHWWW”: qué, cómo, quién, cuándo, dónde. Sin esas precisiones, la expresión “se revisará la Constitución” es letra muerta.

Efectivamente, la situación se va agravando a pesar de estos acuerdos, hay enfrentamientos entre soldados ucranianos y “terroristas” en el Este, como los llaman las autoridades en Kiev. El gobierno declara que ha perdido el control del Este.

El 1 de mayo en Odessa, un puerto muy importante al sur de Ucrania, se producen choques entre personas pro-Ucrania y pro-Rusia; estos últimos son atrapados en un edificio al que los sitiadores le prenden fuego, produciendo la muerte de cerca de 50 personas. Algunos son muertos por el incendio, otros por disparos, otros por golpes de los sitiadores cuando trataban de salir del edificio. La policía mira pacientemente los hechos durante más de una hora, sin intervenir. En un video difundido por la prensa rusa[1], aparecen los policías de Odessa permitiendo avanzar a grupos de civiles identificados con un brazalete rojo, quienes llevan palos, varillas y bombas molotov para atacar el edificio sitiado, se ve claramente una svástica en el escudo que lleva uno de ellos, junto a la policía que está nada más observando. El brazalete rojo se advierte en una persona que dispara una pistola sobre un muro, y también en un encapuchado que tiene detrás a un policía, mientras dispara (2:39); en 2:44 se ve un grupo con brazalete rojo avanzando y hablando con la policía. En 2:46 se ve a un policía dando instrucciones a un grupo con brazalete rojo y casco militar:

надо чётко понимать, каждый взвод что делает.

побежали и побежали! Куда побежали?
поэтому, видите, каждый раз какие-то проблемы…

Necesitan entender claramente, qué hace cada pelotón.

¡Corrieron y corrieron! ¿A dónde corrieron?
Por eso, fíjense, cada vez que haya problemas…

El día 4, el gobernador intenta depositar flores en el entierro de una de las víctimas, la muchedumbre lo abuchea y amenaza, y él tiene que huir de la escena.

Paralelamente se libra otra lucha: en la prensa. La mayoría de las noticias dan por aceptado que el gobierno interino es legítimo, que la gente en Maidán protestaba contra la corrupción del antiguo régimen, y que las manifestaciones en Crimea y en el Este del país son fabricadas por Rusia, quien quiere recuperar a los antiguos miembros de la URSS. Algunas fuentes dan versiones alternativas, ofreciendo sus razones de que los problemas han sido producidos por EEUU y sus aliados. En periódicos que aceptan comentarios sin censura, como The Guardian (www.theguardian.co.uk), se libra otra batalla: entre los que comentan, donde el público parece mejor informado que los articulistas en muchas ocasiones. Cuando aparece un artículo abiertamente favorable a la versión occidental, usualmente los lectores le tunden al editorialista, aduciendo sus razones. La situación se ha vuelto grave en este medio, y finalmente alza la voz articulista, Chris Elliot, quien declara que “Guardian moderators, who deal with 40,000 comments a day, believe there is an orchestrated pro-Kremlin campaign” (los moderadores de Guardian, quienes manejan 40,000 comentarios diarios, piensan que existe una campaña orquestada en favor del Kremlin)[2]. Elliot no analiza ni menciona lo que dicen los participantes en esta campaña, simplemente los etiqueta. Creo que el articulista, sin decirlo, manifiesta que se ha quedado sin argumentos.

La prensa occidental le dio amplia cobertura a los hechos en Crimea, aunque se desarrollaron sin enfrentamientos; las noticias y comentarios eran por lo general adversos a lo que sucedía ahí. A los hechos en Odessa, que fueron una agresión abierta, les da una cobertura limitada. Las autoridades en Kiev lamentan el hecho y la inacción de la policía, pero no llaman “terroristas” a los que sitiaron e incendiaron el edificio. En el Este los “terroristas” han tomado edificios y expulsado a las autoridades, pero no han quemado a nadie. Mantuvieron a algunos observadores de Europa prisioneros, les dieron de comer y no los maltrataron, pero la prensa occidental atacó abiertamente a los captores, aunque el tratamiento fue mucho mejor que lo que pasó después en Odessa.

2-Ucrania y Rusia.

Irónicamente, el origen del estado ruso moderno fue la Rus de Kiev, entre los siglos IX y XIII. Era una especie de federación de tribus eslavas, sometidas al mandato del príncipe de Kiev, quien pertenecía a la dinastía Rurik. En esa época la reina Olga, y posteriormente su nieto Vladimir aceptaron el Cristianismo y lo adoptaron como la religión oficial de su pueblo; Olga se había bautizado hacia el año 945, y Vladimir decidió que su pueblo debería convertirse al Cristianismo. La leyenda dice que llamaron a representantes del Islam, del Cristianismo en Occidente y de Bizancio, y que Vladimir fue subyugado por el lujo y la magnificencia de Hagia Sofía, la catedral en Bizancio, que actualmente es una mezquita. Cuando Roma y Bizancio se separaron en 1053, los rusos estaban del lado de Bizancio y así han permanecido, bajo la Iglesia Ortodoxa.

Los eslavos fueron afianzando su poder en el territorio que ahora ocupa Rusia europea, y el poder de los príncipes de Kiev se fue diluyendo por la extensión y por el poder que adquirieron algunos de los principados. En Novgorod (ciudad que está a unos 200 km al sur de San Petersburgo) se vivió un interesante experimento social: la República de Novgorod, hacia 1150. Elegían por votación a una especie de alcalde; los electores nada más eran los aristócratas, pero encerraba el germen de una democracia. El alcalde tenía cierta autonomía, pero estaba sujeto al Príncipe de Kiev. No pudieron sostener esta relativa independencia indefinidamente, y el príncipe Iván III anexó a Novgorod como parte del Gran Ducado de Moscú, disolviendo la asamblea local.

Kiev finalmente sucumbió como centro del poder ruso cuando los mongoles invadieron el país, en el siglo XIII. Más adelante, el poder mongol también declinó, entre otras razones por la extensión cubierta y porque ya no tuvieron líderes de la talla de Gengis Khan, y hacia 1480 el zar Iván IV el Terrible emprendió una serie de luchas contra los invasores, arrebatándoles territorios que habían estado en su poder durante más de dos siglos. Moscú afirmó de esta manera su supremacía sobre los demás príncipes eslavos, el monarca se llamó “zar” y no “príncipe”, y entre Moscú y San Petersburgo se han alternado la posición de capital, hasta nuestros días. Kiev mantuvo su status de ciudad importante, pero secundaria con respecto a la capital.

Los ucranianos y los rusos descienden de los primeros pobladores en la región de Kiev, mezclados con los escandinavos que hacían la ruta comercial entre los países nórdicos y Bizancio. Me parece muy difícil intentar establecer una diferencia étnica entre rusos y ucranianos, y por lo tanto, las referencias a “rusos étnicos” o “ucranianos étnicos” deberían tomarse con muchas reservas. Sin embargo, como regiones sí hay grandes diferencias: Ucrania se convirtió en el hermano menor, y en tiempos anteriores a la Revolución se llamaba a Ucrania “pequeña Rusia”, en oposición a “Rusia blanca”, la actual Bielorrusia, y “gran Rusia”, el resto del país. Naturalmente, los ucranianos han resentido esta subordinación y han mantenido su orgullo local y sus diferencias con respecto a los rusos. Una de las mayores causas de resentimiento fue el Holodomor, la muerte por hambre de millones de campesinos ucranianos que se oponían a la colectivización forzosa que decretó Stalin hacia 1925: ordenó que el ejército rodeara a los campesinos rebeldes, les confiscó su grano y no permitió que entrara ni saliera nada ni nadie, en particular, alimento. El recuerdo de este hecho infame permanece en la memoria de los ucranianos, y muchos de ellos lo consideran como una afrenta más hecha por los rusos a su pueblo. La realidad es que Stalin no tenía ninguna preferencia especial por un pueblo para martirizar, lo mismo atacó a los ucranianos, rusos, tártaros y judíos; en términos modernos, Stalin fue un equal-oportunity murder, pero la memoria de sus atrocidades en Ucrania puede ser esgrimida como razón cuantas veces se considere necesario.

La parte occidental de Ucrania tiene una historia más cosmopolita. Por ejemplo, se menciona a la ciudad de Lvov como un centro de agitación pro-occidental: de ahí salieron muchas de las personas que apoyaron las manifestaciones en Maidán que terminaron por derrocar a Yanukovich. Lvov tiene muchos nombres: en ruso es Lvov, en ucraniano Lviv, en polaco Lwów, en alemán Lemberg y en latín Leopolis; tal variedad nos indica que la ciudad, efectivamente, ha pasado por muchas manos. Perteneció al reino de Polonia y Lituania, al Imperio Habsburgo, y después a Rusia. Cada pueblo dejó ahí su huella cultural, religiosa y en descendientes; por ejemplo, los judíos han tenido por muchos años un grupo importante ahí. Lvov tiene una historia muy diferente de Kiev (predominantemente eslava) y de Kharkov (al Este, casi completamente eslava). Lvov y Kharkov son una muestra de que en Ucrania existen suficientes diferencias como para que, con un poco de mala voluntad, sea imposible el entendimiento.

Poco después del colapso de la URSS leí un artículo que pronosticaba una serie de diferencias y desavenencias entre sus antiguas repúblicas, tanto en luchas entre los nuevos países, como internamente a algunos de ellos. La explicación era sencilla: bajo el mando del Partido Comunista existió una autoridad fuerte que impedía grandemente la expresión de cualquier descontento, ya no digamos un levantamiento o ataques entre diversos grupos. Ahora bien, desaparecido el poder central, los diversos pueblos que una vez integraron la URSS quedaron sin el peso de esa autoridad, libres para pelearse entre ellos. Efectivamente, ha habido problemas en la región del Cáucaso, y ahora en Ucrania. El primer perdedor ha sido Ucrania misma, ya que entre otras cosas produjo gobiernos profundamente corruptos desde su independencia hasta la fecha, tanto favorables a Rusia como a Occidente, y el Parlamento es famoso por sus pleitos a golpes e insultos, no por sus discusiones a fondo de los problemas. Por ejemplo, la religión es un elemento de división, en este caso entre católicos y ortodoxos. Este asunto está mezclado con la atracción hacia uno de sus vecinos, Polonia, quien hace siglos fue dueña de parte del territorio ucraniano y con quien se conservan lazos de sangre. Es sabido que los polacos guardan un hondo resentimiento, con razón, a los rusos; juntar la influencia polaca en el Este de Ucrania con el catolicismo, y observar que en el Este son ortodoxos y pro-rusos, produce necesariamente una situación de conflicto entre ambas partes del país, a menos que suceda una de dos cosas: 1) una autoridad fuerte encima de los dos grupos para impedir sus pleitos, o bien 2) un milagro: las dos partes se sientan tranquilamente a dialogar y buscar una solución a sus problemas.

Mi hermano Fernando (que es un hombre muy sabio) dice que la pobreza es un gran catalizador de problemas. Si falta pan, agua, vivienda, vestido en una familia o en un pueblo, inmediatamente se buscan culpables y generalmente se cruzan acusaciones entre los miembros. La riqueza también está asociada a problemas, pero son de otra naturaleza, usualmente la ambición. Lamentablemente, el caso de Ucrania a partir de su independencia es uno de pobreza, ya que a pesar de sus grandes recursos naturales y su tierra negra, extraordinariamente fértil, de los depósitos minerales y de la industria en el Este, el desempeño económico ha sido muy malo, el país ha acumulado deudas, insolvencia, devaluaciones, sus ciudadanos viven peor que los rusos y mucho peor que los alemanes, y naturalmente el gran culpable es el gobierno. Por otro lado, al igual que en México, los ucranianos han producido sus propios gobernantes, no vinieron a gobernarlos ni de Marte, ni de Rusia ni de Inglaterra; lo mismo que aquí, esos son los gobernantes que el país produce: ineptos, corruptos, millonarios cuando dejan el puesto y al país en bancarrota, como López Portillo. Pero realmente hablando, en Ucrania están peor, es algo así como si hubieran tenido varios López Portillo al hilo, como presidentes.

3-La benéfica influencia del exterior.

La sabiduría popular dice a río revuelto, ganancia de pescadores. Cuando un país fuerte quiere atacar o apoderarse de otro, intenta debilitarlo por cualquier medio: militar, hambre, dinero, bloqueando importaciones o exportaciones, etc. Estas son las acciones directas y hasta cierto punto abiertas, pero desde siempre se ha buscado el debilitamiento interno de la futura presa, creando división y agitación. En tiempos de la Guerra Fría, Estados Unidos y la URSS estaban en competencia franca para atraer países a su órbita por todos los medios posibles, por ejemplo el apoyo soviético a Cuba y el golpe militar de Pinochet, apoyado por EEUU. Pero la URSS perdió la Guerra Fría, desapareció como país y el heredero directo, Rusia, ha tenido suficientes problemas con su economía como para mantener una actitud imperialista como en los tiempos soviéticos. Actualmente no hay más que un país imperialista, que son los Estados Unidos, ayudados por su patiño Inglaterra, quien dócilmente obedece la voz del amo y lo acompaña en sus felices incursiones a Kuwait, Iran, Irak, Afganistán, etc. La siguiente es una lista de los países que han sido gentilmente bombardeados por los Estados Unidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, 1945[3]:

China 1945-46 Korea 1950-53 China 1950-53
Guatemala 1954 Indonesia 1958 Cuba 1959-60
Guatemala 1960 Belgian Congo 1964 Guatemala 1964
Dominican Republic 1965-66 Peru 1965 Laos 1964-73
Vietnam 1961-73 Cambodia 1969-70 Guatemala 1967-69
Lebanon 1982-84 Grenada 1983-84 Libya 1986
El Salvador 1981-92 Nicaragua 1981-90 Iran 1987-88
Libya 1989 Panama 1989-90 Iraq 1991
Kuwait 1991 Somalia 1992-94 Bosnia 1995
Iran 1998 Sudan 1998 Afghanistan 1998
Yugoslavia – Serbia 1999 Afghanistan 2001 Libya 2011

 

En casos extremos, todavía el día de hoy los EEUU no dudan en señalar a un país como peligro mundial y en nombre de la libertad y la democracia bombardearlo, como Libia en 2011, o las incursiones de Bush para buscar armas de destrucción masiva en Irak, que sólo existían en la mente de sus servicios de inteligencia. EEUU es un país militarizado en grado extremo, ya que el 20% de su presupuesto se va en defensa; no tiene enemigo militar al frente, ni siquiera Rusia, quien ha estado relativamente pacífica (salvo Georgia, 2008) desde que se desintegró la URSS. Pero con una economía tan militarizada, no puede suspenderse el gasto militar súbitamente por dos razones: la primera es que la industria militar entraría en crisis y arrastraría al resto de la economía, la segunda es que la influencia de esa industria en el gobierno y en los legisladores norteamericanos es enorme; ni siquiera han podido controlar la venta indiscriminada de rifles de asalto al público en general, mucho menos podrían ponerle un hasta aquí a Lockheed diciéndole que ya no necesitarán los nuevos cazas y bombarderos. De hecho, en Estados Unidos es legal que las corporaciones hagan donaciones para las campañas políticas y en una de las últimas e infames decisiones de la Suprema Corte, en abril de 2013 se quitaron los límites “agregados” para las contribuciones de los individuos: ahora un ciudadano puede donar millones de dólares, siempre y cuando los distribuya entre varios candidatos o comités. Se trata del caso McCutcheon vs. FEC[4], donde la opinión de la Suprema Corte fue de que no había riesgo de que donando dinero a los candidatos, éstos fueran a corromperse, puesto que como los candidatos apenas estaban en la lucha por el puesto, no se podían corromper.

En otras palabras, el gobierno de EEUU ha estado cada vez más influenciado por las corporaciones, y este caso es un paso más en la entrega del poder político al poder económico, inofensiva, ya que el dinero no corrompe.

Por otro lado, el imperialismo norteamericano no es como el inglés del siglo XIX, hoy en día no es políticamente correcto poner un gobierno encabezado por ingleses o norteamericanos en otro país, es preferible influir en los gobiernos locales para que permitan a la democracia y libertad occidentales trabajar libremente, y beneficiar al capital instalado ahí, preferentemente perteneciendo a alguna transnacional. La influencia puede darse por el medio consagrado, la corrupción de oficiales mediante sobornos, prácticamente en todos los países y en todas las épocas pueden encontrarse funcionarios sensibles al embrujo del dinero.

4-El avance de la OTAN

Hacia 1989, cuando estaba desmoronándose la URSS, se presentó el tema candente de la reunificación alemana. Gorbachov celebró reuniones con los líderes de Alemania Occidental, analizaron la situación y vieron que era factible y conveniente la unión de las dos partes de Alemania, pero había dos asuntos candentes: 1) ¿Con quién estaría alineada la nueva Alemania? 2) ¿Qué pasaría con la OTAN? Se llegó a un acuerdo no muy preciso sobre el primero punto, pero en el segundo Gorbachov recibió la promesa de que la OTAN no avanzaría “una pulgada” más hacia el Este, según lo narra él mismo en sus memorias[5]. El punto de acuerdo era muy importante, puesto que la OTAN era y es una alianza militar entre Estados Unidos y algunos países de Europa, creada para contrarrestar la fuerza militar del Pacto de Varsovia, encabezado por la URSS. En otras palabras, se permitiría a Alemania unificarse, pero militarmente las cosas quedarían como estaban, sin avances de la OTAN ni del Pacto de Varsovia. Un poco más adelante desapareció la URSS, desapareció el Pacto de Varsovia y terminó la Guerra Fría, lo que significó que el potencial nuclear acumulado por ambas partes se convertía en algo superfluo y peligroso, y acordaron disminuciones graduales en ese arsenal; sin embargo, la OTAN continuó existiendo, aún sin enemigo declarado (ni comparable) al frente de ella. Una de las grandes interrogantes de nuestros tiempos es la existencia de esa organización, que inicialmente tuvo un objetivo defensivo frente a un enemigo real, y que ahora no tiene a nadie de quién defenderse a ese nivel, pero que se ha sostenido a pesar de los costos económicos y de la presencia de bases norteamericanas convencionales y nucleares en Europa. Al contrario de una eventual desaparición o al menos reducción, la OTAN ha crecido bastante más de una pulgada hacia el Este, ya que ahora incluye la antigua Checoslovaquia, Polonia, Hungría, Rumania, y Bulgaria, a pesar de la promesa hecha a Gorbachov; ya eran parte de la OTAN Grecia y Turquía. Hacia dónde va encaminado este avance es una pregunta que se responde mirando un mapa: la OTAN está rodeando a Rusia, quien no ha manifestado intenciones de expansión militar en ningún lado y solamente ha reaccionado violentamente en 2008, cuando se hablaba de que Georgia pudiera ingresar a la OTAN, y ahora con Ucrania, que también tiene posible en el futuro su pertenencia a la OTAN.

El avance sostenido de la OTAN hacia el Este es una enorme piedra en el zapato para los rusos, porque significa tener el ejército norteamericano, el de mayor peso en toda en la OTAN, en la frontera de Rusia. Probablemente nunca se desate una guerra declarada; para empezar Rusia no tiene intenciones de embarcarse en los costos militares asociados, y además está pendiente la amenaza nuclear, que ningún lado quiere desatar. Pero la amenaza de tener bases nucleares de Estados Unidos en Polonia y eventualmente en Ucrania es infinitamente mayor que estacionar 40,000 soldados en la frontera entre Rusia y Ucrania, cuestión que la prensa occidental ha remarcado hasta el cansancio, tratando de horrorizar a sus lectores ante la severidad de esa amenaza. Aceptemos que la presencia de esos 40,000 soldados es atroz; ¿cómo podría calificarse entonces la amenaza de base nucleares en Polonia?

Se ha ejercido por parte de EEUU y la Unión Europea una serie de presiones sobre Ucrania para que se alinee con ellos, pero de naturaleza muy diferente. Por parte de la UE, una vez que pasó la euforia de paz entre las potencias europeas y emergieron los problemas del día con día, principalmente los económicos y los relativos a la inmigración, los miembros de la UE han tomado con cautela la admisión de nuevos miembros, porque suficientes problemas tienen con España, Italia, Portugal y Grecia como para aventurarse con Ucrania; necesitan, prudentemente, consolidar lo que ya tienen antes de aceptar nuevos riesgos. Pero la pertenencia a la OTAN no es de tipo económico sino militar, y no está impulsada por los europeos sino por EEUU por cuatro razones: 1) recordarles a los europeos quién es el que manda; 2) amenazar a Rusia; 3) impedir que los europeos crezcan demasiado económicamente como para representar un peligro serio para EEUU; 4) que no exista demasiada unión entre los europeos.

En este contexto se pretendía que Ucrania se acercara a los europeos, cuando Yanukovich decidió que no en noviembre de 2013, empezó el Maidán y los eventos han conducido al país al caos, ucranianos peleando contra ucranianos, para regocijo de los fabricantes de armas. Cómo se organizó el Maidán y quiénes apoyan al gobierno interino, es una respuesta que el periodista Steve Weissman responde en una serie de artículos titulados Meet the Americans Who Put Together the Coup in Kiev (Aquí están los norteamericanos que organizaron el golpe en Kiev)[6], donde cita nombres de personas y organizaciones públicas y privadas de EEUU que han contribuido con su dinero y su trabajo personal a organizar el derrocamiento de Yanukovich y a apoyar a los títeres Turchynov y Yatsenyuk a hacer lo que puedan para que el gobierno no se desmorone.

Cuando Putin habló ante la Duma declarando la incorporación de Crimea a la Federación Rusa, se quejó amargamente de la manera “engañosa y tramposa” en que los occidentales habían actuado con su país a partir de 1990; el acto de aceptar a Crimea era una manifestación de orgullo nacional y una actitud de hacer frente a EEUU y sus aliados, a quienes nadie ha desafiado de esa forma. Lo que Putin invocó en ese momento es la historia de avance sostenido de la OTAN hacia el Este, tratando de rodear a Rusia de un escudo ofensivo-defensivo que incluiría, idealmente para EEUU, bases nucleares tan cerca de Rusia y tan lejos de su propio suelo. Es cierto que Putin ha promovido un acuerdo con Bielorrusia y Kazajstán, pero es de tipo económico, y como está mencionado arriba, la intervención militar rusa en Georgia fue su respuesta al intento de volver a Georgia miembro de la OTAN. La lectura es que Putin ha puesto un “hasta aquí” al avance militar de los occidentales, al revés de la apertura económica con ellos, puesto que comercia ampliamente con Francia y Alemania, quienes tienen grandes intereses invertidos en sus negocios con Rusia, quien ocupa el lugar 17 en inversión extranjera en su propio país, y es el principal proveedor de gas para los europeos. Estas ligas económicas son tan fuertes, que los principales opositores a sanciones contra Rusia son precisamente las grandes empresas europeas que tienen negocios con Rusia.

Yo pregunto qué ese ganan los europeos con tener a la OTAN en su propia casa, qué se gana cualquier país europeo occidental con tener bases nucleares norteamericanas en su suelo. Absolutamente ningún país europeo, motu proprio (Inglaterra no cuenta, nada más sigue instrucciones), tiene pretensiones militares, sus ejércitos son convencionales y limitados. El formar parte de una carrera o situación nuclear lo único que produce es dependencia con respecto a EEUU y reacciones adversas en el “enemigo potencial”, Rusia, picándole la cresta e incitándole a participar otra vez en una carrera armamentista para una guerra que probablemente nunca estallará, pero que beneficia enormemente a la industria bélica norteamericana, quien necesita guerras provocadas por quien sea, o en su defecto inventadas por los norteamericanos (como la invasión a Irak) para mantener funcionando su economía militarizada. Un subproducto importante de esta situación es la aprensión mundial que se pretende despertar ante los peligros del “enemigo”; puesto que el que verdadero enemigo, la URSS, desapareció, la industria bélica norteamericana requiere nuevos enemigos que pueden ser los islámicos extremistas, Rusia, China o cualquiera que susceptible de presentarse ante la opinión pública bajo ese cariz.

El día 7 de mayo Putin hace una oferta indirecta de paz, sugiriendo que el referéndum que está previsto para el 11 de mayo, donde se discutirá la independencia de algunas provincias occidentales, “debería ser pospuesto”. Uno de los grupos pro-rusos declara que tienen el mayor respeto para el Presidente Putin y que tomarán muy en serio su recomendación. Quizá esto contribuya a bajar la tensión y encontrar una salida pacífica, pero los problemas internos que los ucranianos han rumiado durante años y que ahora son acicateados por los EEUU todavía están lejos de sanar. Como dije en un artículo anterior, las voces dominantes son las de EEUU y Rusia, la voz de los ucranianos había estado callada y ahora emerge, fratricidamente, en la voz de ese policía que da instrucciones a los agitadores armados de extrema derecha.

El 20 de abril Obama declaró que ha resuelto “nunca tener una relación constructiva con Putin” y tomar medidas para “aislar a Rusia cortando sus ligas económicas y políticas con el exterior para convertirla en un estado paria”[7]. Pero la última palabra está lejos de ser dicha, ni siquiera por Obama, porque una disminución de importaciones de gas ruso a Europa podrían cubrirse con gas proveído por empresas occidentales, y porque Rusia ha impuesto un depósito de garantía de US$3,800 millones a Visa y Mastercard, calculado en la base del volumen de transacciones operadas en Rusia durante dos días por esas empresas; tendrán que pagarlo si es que quieren seguir operando en Rusia. Ante el pase de salida de Rusia que Putin les regala, veremos si puede más la codicia de Visa y Mastercard o su solidaridad con el presidente norteamericano. En el fondo, como ya lo he expresado, todas las guerras son de rapiña.

 

[1] http://vk.com/antimaydan?z=video-53474_168436780%2F4c423c36b9adc93dbf

[2] http://www.theguardian.com/commentisfree/2014/may/04/pro-russia-trolls-ukraine-guardian-online#start-of-comments

[3] http://www.globalresearch.ca/list-of-countries-the-usa-has-bombed-since-the-end-of-world-war-ii/24626

[4] http://www.fec.gov/law/litigation/McCutcheon.shtml#ac

[5] Mijail Gorbachov: Memorias, tomo II, pág. 823 (Círculo de Lectores, 1996)

[6] http://readersupportednews.org/opinion2/277-75/22758-meet-the-americans-who-put-together-the-coup-in-kiev

[7] http://www.thenation.com/article/179579/cold-war-against-russia-without-debate#


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