El horror a la guerra en Europa

 

Tolstoi, maestro de la vida, da vida a un soldado francés en Relatos de Sebastopol haciéndolo pronunciar en sus últimos momentos, al ser atravesado por una bayoneta rusa, la exclamación “Mon Dieu!”. No sabemos su nombre ni dónde nació, tampoco sabemos si lo enterraron o fue carroña para los cuervos. Nada más conocemos sus últimas palabras, suficientes para que nuestra imaginación lo vista con el uniforme rojo y azul y nos haga ven en su rostro el horror de la muerte y de la guerra.

A principios de 2013, el menor de los problemas en Ucrania era el ejército: se consideraba que todos los problemas a resolver eran políticos y económicos, había paz en Europa, y Ucrania avanzaba en el confortable camino de la corrupción y del subaprovechamiento de recursos. Los ciudadanos tenían dinero para ir de vacaciones a Europa, al Mediterráneo, a Egipto y a Turquía, había gas de Rusia y su apoyo económico, vendido al precio de mantenerse dentro de su esfera de intereses.

La situación cambió cuando Yanukovich decidió en noviembre de 2013 alinearse con Rusia y no con la Unión Europea. Algunos se sintieron frustrados, otros protestaron, y muchos fueron convencidos por los asesores de Estados Unidos de que había que armar una protesta en grande para convencer al presidente de recapacitar o en su defecto, derrocarlo.  Se organizó el Maidán, donde protestaron entre 400,000 y 800,000 personas en Kiev, cayó el gobierno pro-ruso en febrero de 2014, hubo euforia entre los ucranianos que no quieren a Rusia (hay muchos así), y la prensa occidental celebró el hecho como una victoria para la libertad y la democracia.

Esta situación de triunfo para Occidente duró hasta mediados de marzo, cuando Crimea se declaró independiente después de un referéndum, luego solicitó la anexión a Rusia, que fue aceptada en sesión solemne de la Duma, y empezó en el mundo una guerra de declaraciones y opiniones acerca de:

  1. El derrocamiento de Yanukovich y el establecimiento de un gobierno provisional
  2. La anexión de Crimea por Rusia.

Los pro-occidentales dicen que estuvo bien derrocar a Yanukovich (aunque había sido elegido en votación) y que estuvo mal la anexión, porque el referéndum era inválido. Los pro-rusos dicen las cosas al revés, insistiendo en que se derrocó a un presidente legítimo (Yanukovich) y que el pueblo de Crimea expresó su voluntad en un referéndum. Probablemente el asunto hubiera quedado en esa guerra de palabras, Ucrania alentando las esperanzas de recuperación con ayuda occidental, si no hubiera sido por las regiones del Este, principalmente Donetsk y Lugansk, que quisieron seguir el ejemplo de Crimea, se proclamaron independientes y organizaron sus propios gobiernos, desconociendo a Kiev. La votación que llevó a Poroshenko al poder no tuvo lugar en esas regiones, que pidieron apoyo franco a Putin, ser anexadas a Rusia, pero Putin tenía una visión más extensa y de más largo plazo y les dijo que no, aunque les ha seguido brindando apoyo.

Así empezó una guerra limitada, por las fuerzas de que disponen los bandos, que ha costado a la fecha unos 5600 muertos, bombardeo de ciudades, destrucción, caos y en general todos los problemas asociados a un conflicto armado. Donetsk y Lugansk constituyen la zona industrial de Ucrania, su extensión es menor al 10% del país, pero están en frontera con Rusia y desde ahí les llega todo lo necesario para mantenerse en pie de guerra frente a Kiev. Por el contrario, Ucrania empezó con un ejército de 6,000 hombres, que resultaron insuficientes para controlar las zonas rebeldes, sufre una situación de economía quebrada y está a la espera de préstamos del FMI; el presidente recibe presiones de todos lados para atender lo que pide la UE, lo que pide el pueblo, lo que sugieren los norteamericanos, y los excesos de los grupos de extrema derecha, quienes participaron en asesinatos colectivos en Odessa con el visto bueno de la policía local.

Empezó el reclutamiento forzoso y llegó la hora de la verdad para los miles de jóvenes que protestaron en Maidán, más de 400,000 según muchas fuentes: era necesario tomar las armas para defender los ideales por los que habían aguantado el invierno de 2013-14 en la Plaza Maidán.

Y la verdad se mostró: una cosa es protestar y otra muy diferente es ir a la guerra. Los jóvenes ucranianos se rehúsan a ser reclutados, se esconden en un lugar diferente de la dirección registrada, andan a salto de mata y muchos de ellos emigran en masa a otros países para evitar el servicio militar activo. Rusia ha tenido las puertas abiertas para los ucranianos desde 1992 y miles de ellos viajan ahí para trabajar, permitiendo estancias de 30 días, ahora se extiende ese tiempo para que puedan escapar el reclutamiento.

Desde mucho tiempo atrás se sabía que el Oriente de Ucrania es pro-ruso y el Occidente anti-ruso; pero de todos los lugares, en Lvov, que está en la frontera con Hungria, Eslovaquia y Polonia, se ha hecho famosa la historia del disidente Roman Kotsaba, quien vive ahí y ha hecho pública su voz en contra de la guerra, declarando “prefiero pasar cinco años en la cárcel que ir a pelear a Donbass”. El gobierno lo arrestó, torció la historia y lo acusa de traición y espionaje, amenazándolo con 15 años de prisión, pero él afirma “Estoy en contra de cualquier guerra, pero especialmente de ésta, porque no tiene sentido; creo que fue creada artificialmente y que la prensa ucraniana ayudó diseminando histeria patriótica”.

Es posible que los fugitivos de la leva (el reclutamiento forzoso) tengan respuestas menos estructuradas que la de Roman, pero el resultado es el mismo: se niegan a ser reclutados y hacen todo lo posible por evitarlo. No nada más en el Este pro-ruso, en todas partes de Ucrania, lo que genera una nueva crisis al gobierno de Kiev: no tiene recursos humanos para enfrentar a las regiones rebeldes, y le piensa tres veces antes de tomar medidas más drásticas, porque armar a un pueblo inconforme puede producir reacciones violentas e impredecibles, como la Revolución Rusa. Imponer la ley marcial, el toque de queda y limitar la libertad de expresión y de prensa tampoco son opciones, puesto que Maidán empezó protestando en favor de la democracia y la libertad, y los europeos que dieron su apoyo han esgrimido siempre esos principios morales. Para Poroshenko, la situación se resume en que los ucranianos del Oeste no quieren ir a matar a los ucranianos del Este, estimulados por los videos horribles sobre la guerra que circulan en la prensa rusa, donde muestran a los jóvenes ucranianos lo que les espera ahí.

En mi opinión, le falló el cálculo a los Estados Unidos, el poder económico detrás de Maidán: la gente de Ucrania no está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias por defender el régimen de Poroshenko, y no se pensó que podría llegarse a esta situación.

También le llegó la hora de la verdad a Poroshenko, puesto que el país no está desarrollando estrechas ligas económicas con la UE, sino con EEUU, con las inversiones como la de Burma Holdings, propiedad del magnate judío Igor Kolomoyskyi (gobernador de Dniepropetrovsk), donde trabaja el hijo del vicepresidente Joe Biden; Ucrania no ha tenido tiempo de combatir la corrupción, y el nivel de vida se ha venido para abajo: hace un año el dólar estaba cotizado a 1 dólar x 8 grivnas (la moneda ucraniana), y ahora vale 1 dólar por 26 grivnas: devaluación de 250% en un año. Una cosa es contar con el apoyo de manifestantes, y otra muy diferente es convertir en soldados a los jóvenes que protestaron en Maidán.

Estados Unidos y sus aliados europeos, principalmente Inglaterra y la OTAN, no tomaron en cuenta el factor humano, porque no es lo mismo un régimen militar y dinástico como el de Arabia Saudita, que mantendrá el país en paz con ayuda de militar de EEUU para que los norteamericanos puedan hacer negocios con el petróleo, que cambiar un régimen en Europa bajo las premisas de:

  • Democracia
  • Acercamiento a la UE
  • Mejores condiciones de vida
  • Atacar los males endémicos del país, como corrupción.

El pueblo de Ucrania quiere más y mejor, tiene el ejemplo de Alemania y Francia cerca, y definitivamente no quiere la guerra. Si hay una zona del mundo educada y cultivada en los horrores de la guerra es precisamente Europa, cuna de la democracia y origen de nuestra civilización occidental. Los países europeos no quieren guerra en su territorio, no desean participan en serio en las aventuras a las que EEUU y la OTAN quieren arrastrarlos, como Afganistán, Irak, Siria. Yo pienso que Angela Merkel y Francois Hollande viajaron a Washington a decirle a Obama que de ninguna manera quieren un escalamiento de guerra en su vecindario, porque ven con la máxima aprensión que un asunto en el que ellos tienen poco que ver, si el gobierno de Kiev es pro- o anti-ruso (de cualquier manera han estado haciendo negocios con Rusia, de cualquier manera Ucrania no ingresará a la UE), se los quieren convertir en una guerra en la que tendrían que tomar partido.

Afortunadamente para el mundo, parece que queda un solo país (*) cuyo deporte nacional es la guerra, pero también queda otro país que no busca la guerra pero cuenta con fuerzas suficientes para disuadir al primero.

(*) Por si no se entiende, me refiero a los Estados Unidos.


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