Algodón y sus demonios

1-La Revolución Industrial.

En 1781 James Watt, súbdito británico, inventó la primera máquina de vapor que podía mover una rueda. Muchos habían observado por siglos que el agua hirviendo levantaba las tapas de las ollas en donde se calentaba el agua, pero el hombre se tardó siglos en encontrarle utilidad, y fue en Inglaterra donde se dio una  cadena de inventos que aprovechó esta fuerza. Lo primero que hicieron fue crear una bomba para meter aire a presión en las minas de carbón que abundaban todo el territorio inglés, para que los mineros pudieran respirar y para bombear agua del subsuelo, pero a nadie se le había ocurrido ese otro uso simple: aprovechar la energía del vapor de agua para hacer dar vueltas a una rueda. A posteriori podemos ver fácilmente la enorme importancia de esta idea, porque el mundo marcha sobre ruedas, literalmente: hasta los aviones, que vuelan, al aterrizar utilizan ruedas; coches, bicicletas, locomotoras, relojes, tornos, poleas, todo se mueve con ruedas conectadas entre sí, todo basado en que moviendo una rueda con alguna fuerza externa, se transmita su movimiento más adelante para lograr otros fines: mover un vehículo, mover un torno, hacer funcionar una maquinaria compleja como un reloj.

Los ingleses habían ampliado la definición recibida de Locke (Inglaterra es un país de comerciantes) y se convirtieron en un país de comerciantes + viajeros + inventores + científicos + emprendedores, es decir se volvieron un país moderno. Ellos descubrieron, a través de sus inventos y la aplicación a la tecnología, el camino que habrían de seguir más adelante las naciones que quisieran estar al frente de los demás países. El antiguo paradigma de país fuerte era el país mejor militarizado: el que podía conquistar más tierra, defender su territorio, someter a otros países por la fuerza, ése era el país fuerte. Europa continental estaba metida en guerras desde siempre, y esas guerras no habían llegado a territorio inglés desde hacía mucho tiempo; esos años de ausencia de guerra en su propio territorio fueron aprovechados los ingleses para apropiarse de otros lugares, como la India, pero también para desarrollar las ciencias y la tecnología; mientras en Europa se libraba la Guerra de los Treinta Años que destrozó a Alemania, Inglaterra pudo ver los toros desde la barrera y disfrutar de paz, posiblemente el mayor bien al que pueda aspirar un país.

Los ingleses pusieron el invento al servicio de las fábricas y del transporte ferroviario; fueron ellos los que inventaron el ferrocarril. Una de las principales industrias era la del vestido, utilizando algodón que importaban de otros países con un clima más adecuado: la India, América, Egipto. Parte del proceso de algodón es desenredarlo para formar hilo, que se enreda en madejas, que se utiliza para hacer telas, que se utilizan para hacer ropa. A Inglaterra llegaba el algodón empacado, y el resto del trabajo se realizaba en forma manual, lenta y costosa, y que ponía un tope muy bajo a los niveles de producción. Con la invención de James Watt se pudo utilizar energía producto de la quema de leña, que hacía hervir el agua, que movía unos pistones, que movían una rueda, y que movían después otras maquinarias que sustituían la fuerza del hombre o de los animales o de los ríos en el proceso productivo del algodón. Con estos inventos (tanto en tecnología como en procesos) los ingleses pudieron surtir el mercado interno y tener un excedente para exportación, todavía sin competencia en el resto del mundo.

2-La industria del vestido.

La ropa es una de las necesidades básicas del humano: quizá podríamos en un futuro feliz prescindir del iPhone, pero nunca nos liberaremos de la necesidad de cubrirnos, y el algodón sirvió esta necesidad básica desde la antigüedad, en muchas partes del mundo. Junto con la lana, producto animal, forma el dúo que ha vestido al hombre desde siglos. Para hacer ropa con el algodón, hay que disponer de

  • Terrenos para cultivarlo
  • Hiladoras para producir hilo de algodón y formar madejas
  • Fábricas de tela
  • Fábricas de ropa

Y todo se puede industrializar, excepto la agricultura, que nada más se mecaniza pero sigue siendo un proceso esencialmente  biológico. Los ingleses inventaron varias máquinas para formar hilos y  madejas, y empezaron a aprovechar la energía del agua, para mover un molino, o bien la máquina de vapor. Al encontrar formas más rápidas y baratas de producir bienes, los ingleses se dieron cuenta de otro valor que aparecía en ese nuevo mundo que ellos, con sus inventos, estaban creando: el valor mercantil de los procesos, de las máquinas, del know-how relacionado con la industria. Se dieron cuenta que Francia podía tener más superficie que Inglaterra, pero mientras allá estuvieran peleando su Revolución, ellos podrían surtir de ropa a uno y otro bando, y enriquecerse. Como consecuencia natural, desarrollaron un criterio proteccionista con respecto a esa incipiente “propiedad industrial”: prohibieron la exportación de planos, de maquinaria, de ingenieros y de técnicos.

Un inglés que había aprendido bien el funcionamiento de las fábricas movidas por molinos, Samuel Slater (1768-1835), reflexionó que su saber le podría reportar más ganancias en algún otro país que en Inglaterra, donde él no era de la nobleza, no tenía mucho dinero y era uno entre muchos técnicos ingleses con conocimientos. Se enteró de que en Estados Unidos estaban requiriendo esa tecnología, y decidió probar fortuna. Se disfrazó de campesino, se embarcó y llegó a Nueva York en 1789.

EEUU había conquistado su independencia hacía poco, y tuvieron muy pronto la inteligencia de darse cuenta de que independencia política sin independencia económica no sirve para nada. No tenían guerras en puerta, al revés de los países europeos, solamente el vasto mundo del Oeste por apropiarse de él y hacerlo producir. George Washington visualizaba a su patria como un país de granjeros, y en gran medida tuvo y tiene razón, porque la producción agrícola de los EEUU ha sido muy grande siempre; pero alguien complementó esa visión y pensó también en la industria. Uno de ellos fue el dueño de varios molinos en Rhode Island que se llamaba Moses Brown, quien había intentado reproducir en sus fábricas algunos de los diseños de maquinarias inglesas que conocían de referencias, sin éxito. Conoció a Slater y se decidió a invertir en ese inglés que decía haber llegado con el know-how de los codiciados inventos ingleses. Llegaron a un acuerdo, Slater reprodujo de memoria los diseños que se había traído de su patria, y echaron a andar la primera fábrica en Estados Unidos; por este hecho se le conoce a Slater como el padre de la revolución industrial en Norteamérica.

El negocio prosperó, abrieron más fábricas y a su muerte Slater era un hombre sumamente rico, que se consoló con dólares americanos del desprecio inglés por contrabandear tecnología. Vemos que los Estados Unidos, el país que más secretos industriales tiene, el que prohíbe exportar tecnología de encriptamiento de 128bits, empezó su carrera industrial contrabandeando secretos de Inglaterra.

3-Norte y Sur.

El avance tecnológico textil elevó muchísimo la demanda de algodón, pero Norteamérica tenía a la disposición todo el algodón que quisieran, con las inmensas plantaciones de los estados del sur. Sin embargo en el proceso del algodón no se había industrializado la cosecha ni la siembra, así que necesitaban mano de obra, mientras más barata mejor; de esta manera la ambición económica dio alas a la imaginación sureña para encontrar toda clase de justificaciones a la esclavitud, culminando en esa joya de la corona donde el Presidente del Supremo Tribunal dio una opinión donde ponía trabas al tránsito a la libertad de los negros sureños (http://jlgs.com.mx/articulos/historia/esclavitud-en-eeuu-un-caso-juridico/): floreció el contrabando de negros desde África, que viajaban hacinados en barcos de bandera pirata, dejaban la mitad enterrada en el Atlántico y los que llegaban a EEUU iniciaban una nueva vida, trabajando en la esclavitud para sus patrones blancos.

El resultado fue que el Norte se volvió industrioso e industrializado, y el sur se volvió dependiente del trabajo de los esclavos, léase los amos blancos se dedicaban a gozar de su condición de privilegiados por su nacimiento y su color, es decir se volvieron indolentes. En 1862 estalló la Guerra de Secesión y agarró mal parados a los estados del Sur: dependiendo de un cultivo, el algodón, habían descuidado otras cuestiones importantes como la industria y la producción de armas y la banca; esas eran las fortalezas del Norte. Los Confederados (estados sureños) intentaron una medida desesperada: suspendieron las exportaciones de algodón a Inglaterra, esperando que ésta tomara partido, los reconociera como país, y pudieran efectivamente separarse del Norte; los ingleses decidieron que esa no era su guerra y si querían algodón lo podían encontrar también en Egipto y en la India. Los confederados perdieron la guerra, se preservó la Unión y después de 1866 las cosas volvieron a la normalidad, también en Inglaterra: volvió a importar algodón de EEUU, dejó a Egipto colgado de la brocha, endeudado por todas las inversiones que había hecho y los préstamos bancarios que hipotecaron el país, y con ese pretexto los ingleses invadieron el país en 1882; usted puede apreciar que un país con sus prioridades bien definidas, como Inglaterra, le encuentra la salida a todo.

Se atribuye a Gandhi esta versión del proceso productivo del algodón en la India:

  1. El algodón es cosechado en la India por mano de obra sumamente barata, en tierras propiedad de unos cuantos ricos
  2. Inglaterra compra barato el algodón y lo lleva a Inglaterra
  3. Allá se procesa, se hacen hilos, telas y ropa, y parte de esa producción regresa a la India
  4. Algunos hindúes ricos pueden comprar ropa de algodón. Los que cosechan el algodón siguen cosechándolo.

Esta descripción encierra una verdad del proceso de producción que los ingleses y los norteamericanos descubrieron muy pronto: dentro de la cadena productiva, los últimos lugares son los mejores, siempre y cuando no se atomice el proceso. Esto quiere decir que el que hace hilo de algodón gana más dinero que el agricultor, pero el que hace tela con el hilo gana más que el que hizo el hilo, y así hasta el último que todavía tiene concentrado el proceso, es decir el comerciante que vende al público. No es una sorpresa que en México el grupo WalMart sea más fuerte que Bimbo, que Jumex, que Grupo Lala, etc.

Durante la época soviética se decidió que la zona alrededor del Mar de Aral sería convertida en un emporio algodonero, utilizando el agua de los ríos Amu Darya y Syr Darya, que se originan de los deshielos en el Himalaya y van (iban) a desembocar en ese mar, que en sus buenas épocas tenía unos 65,000km2 de superficie y ahora le quedan algo así como 3,300km2, más o menos la vigésima parte. Todo sucedió porque efectivamente pudieron volver la zona un emporio en producción algodonera, tomando el agua de esos ríos y privando al mar de su fuente de agua, que no se balanceaba con el agua perdida por evaporación y por filtración, y terminó secándose. Escribí una relación más completa de esta catástrofe mundial (el Mar de Aral era el 5º mar interno en superficie, en todo el mundo) en otro artículo: http://jlgs.com.mx/articulos/mundo-actual/desastres-ambientales/.

4-El algodón en México.

Las mejores tierras para el cultivo del algodón son semidesérticas, porque se requiere que no llueva mucho, pero la dotación de agua puede surtirse de un río, de pozos, no necesariamente del cielo. En México se ha cultivado algodón en la Comarca Lagunera, alrededor de Torreón, y en la zona todavía más desértica de Mexicali, cuando el Río Colorado todavía no tenía piso de cemento del lado norteamericano, se filtraba mucha agua al subsuelo y los pozos podían atender los cultivos de algodón. Pero esta es una historia de relaciones internacionales, y es mucho más interesante el ingenio mexicano para destruir lo que fue un emporio, en La Laguna.

Al llegar a Torreón desde el Oriente se atraviesa una enorme planicie que fue en su momento la Laguna de Mayrán: hoy está seca toda esa zona, igual que el lecho del ex Mar de Aral, por la misma razón: se decidió aprovechar el agua del Río Nazas, que desembocaba ahí, y la laguna se secó. Ahora encuentra uno, en vez de patos y juncos y pájaros, avisos en la carretera que dicen “cuidado con las tolvaneras”. Durante el Porfiriato había en esa zona varias haciendas que mantenían un buen ritmo de producción, con las objeciones que atinadamente señaló la Revolución Mexicana. Después de 1920 se acabaron oficialmente los latifundios, pero quedó la tierra en manos de unos pocos propietarios. El presidente Cárdenas decidió en 1936 que esa situación tenía que cambiar y elaboró un plan para expropiar la tierra a los propietarios y convertirla en ejidos; el presidente sabía que la zona tenía potencial, que la gente norteña tiene fama de broncuda y trabajadora, y consideró oportuno consultar con los ejidatarios cómo debería manejarse el nuevo concepto, siempre y cuando fueran productivos. Los ejidatarios decidieron la organización comunal, y obtuvieron el visto bueno. Se les dieron créditos, ellos se organizaron y produjeron adecuadamente, es decir, satisficieron los deseos de Cárdenas, que quería tener un caso de éxito, como se dice ahora, de organización ejidal.

Pero no satisficieron los deseos de los siguientes presidentes, que querían tener el control de los campesinos. Los ejidatarios de La Laguna, bien organizados, habían progresado y no aceptaban directrices de México tan fácilmente como podría ser el caso de un ejidatario en otra zona que está siempre en espera de un favor del gobierno que lo venga a rescatar de su pobreza. En 1948 el gobierno decidió torpedear su propio producto, porque no era suficientemente controlable: bloqueó los créditos, intervino en las asambleas, sobornó al que se dejó, y obligó a que los ejidatarios dejaran la organización comunitaria y  se volvieran ejidatarios individuales.

Y aquí sucedió al revés de lo que mencionaba arriba en relación a la cadena productiva. Se tienen dos variables que determinan el valor de un participante en la cadena:

  1. Mientras más al final sea el lugar, mejor
  2. Mientras más concentrado esté el proceso, mejor.

Los campesinos son los que están en el primer lugar, ya empiezan con desventaja; la Comarca Lagunera se había sostenido porque habían manejado una organización comunitaria que le daba la fuerza del número a sus procesos, podían manejar más producción, entrar en economía de escala comprando insumos más baratos y pagando transporte más barato, etc. Al convertirlos en productores individuales se desaparece la fuerza del número y queda el individuo, aislado y desnudo (metafóricamente hablando) frente al mundo de la economía.

No únicamente les quitaron la fuerza de la unión, sino les impusieron al Banco Ejidal como al patrón de hecho: era el único que proporcionaba créditos, que les daba semillas, fertilizantes, controlaba los planes de producción, el mismo gobierno compraba la semilla, en un acto de monopolio, a través de la Algodonera  Comercial Mexicana, etc. Como todos los monopolios, este sistema mostraba el cobre en todas las oportunidades: la semilla llegaba mala y tardía, los fertilizantes eran de mala calidad, el precio lo dictaba el comprador, etc. Convirtieron al campesino en un empleado sin título de empleado, cultivaron su desinterés por la tierra y todos los males que aquejan a cualquier individuo al que le han quitado el aliciente de trabajar, de crear, de mejorar; les habían puesto una aseguradora que les pagaba mal los siniestros, así que hasta este último recurso, el estímulo de perder la cosecha, se los habían quitado. Haga usted de cuenta que pidieron asesoría a Stalin para inventar el koljós más improductivo de toda la experiencia socialista.

Esta pequeña historia da valor al pensamiento del Ing. Heberto Castillo, quien decía que la riqueza no está en la producción de materias primas, sino en el proceso industrial que viene después. Él se refería al petróleo, pero es aplicable también al algodón.

En 1983 la Comarca Lagunera tenía 47,000 hectáreas dedicadas al cultivo del algodón, y en 1992 había nada más 500.

La historia de La Laguna puede estudiarse con gran detalle en esta obra, muy documentada:

http://rimd.reduaz.mx/coleccion_desarrollo_migracion/adios_al_campesinado/Campesinado9.pdf

 

5-Pequeña reflexión.

Vale la pena observar que mientras que en otras partes del mundo, notablemente Inglaterra y EEUU, se impulsó desde un principio la inventiva y la mejora de procesos y de tecnología para obtener el mejor rendimiento del proceso industrial del algodón desde el siglo XVIII (¡en 1790!), sucede que en México, en el siglo XX, se torpedea un proyecto agrícola porque los agricultores no eran suficientemente controlables. Y así, mientras en Rhode Island en el año 1805 estaban tratando de inventar maquinaria para procesar el algodón, siglo y medio más tarde, en México, se bloquea el proceso de producción de algodón. Podemos echarle la culpa a Miguel Alemán y a Echeverría, pero a fin de cuentas ellos son tan mexicanos como usted y yo. Habría que investigar el genoma del mexicano, parece que tenemos un gen autodestructivo escondido por ahí.


Comments

Algodón y sus demonios

    • Esta es una de las historias enterradas por el régimen, que por decenios ha preferido tener campesinos pobres pero controlables, a generar un campo verdaderamente pujante.
      JL

  1. Estimable José Luis, muchas gracias por estos escritos que en lo personal me hacen reflexionar, aprendo y aplico, saludos

  2. Hola Jose Luis:
    Muy interesante tu articulo ( disculpa la falta de acentos es la machine) Aunque me resisto a aceptar que estemos determinados por un gen de fracaso, o parafraseandote: un gen de autodestruccion.
    Saludos

    • Hay que ver cuál es el origen de esa conducta, que nos hace ocuparnos en luchas internas (que a la larga perjudican a todos) en vez de hacer un frente común contra los grandes problemas.
      JL

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