El pequeño hermano

Abstract. El autor analiza el aparato de vigilancia que ejerció Stalin sobre la sociedad soviética, que desanimó a la oposición y afectó negativamente el arte y la ciencia. Se presenta el nacimiento del internet como la conjunción de factores y actores que reunieron las facilidades y la masa crítica para crear este fenómeno mundial. Se menciona la imprenta de Gutenberg, su impacto en el último milenio, y se la compara con la transformación que está causando el internet. Se estudia el uso del internet, en especial el uso trivial e indiscriminado de gran parte de la población, y la alternativa de usarlo para estar informado de los actos de la autoridad y ejercer una crítica sensata y constructiva. Finalmente se plantea la idea de que el internet es el primer invento colectivo de la humanidad.

 

 

1-Stalin, el gran hermano.

 

La novela 1984 de George Orwell tiene un personaje que nunca aparece pero que está en toda la obra: el Gran Hermano, descrito como un hombre con bigotes gruesos y de mirada profunda; más atenta y observadora que profunda. Este Gran Hermano es la personalización del aparato de vigilancia que en esa sociedad imaginaria, que habría de suceder en 1984 –Orwell escribió su novela en 1948- tienen las autoridades sobre todos los ciudadanos. La semejanza entre la descripción que hacía Orwell del Gran Hermano y Stalin no es accidental: la sociedad soviética, desde que Stalin subió al poder en 1924 hasta su muerte en 1953, fue, con algunos altibajos, el ejemplo más claro que tenemos de una organización humana en donde todo mundo era vigilado, todo mundo se sentía vigilado, todos se cuidaban de sus vecinos, y muchos de ellos los delataban. La sicosis generalizada de miedo se dio porque todo mundo tenía algún vecino, amigo o familiar que había sido sacado de su casa alguna noche, para desaparecer en forma definitiva. En los campos de concentración de Siberia y en los campos de trabajos forzados que se crearon en muchos lugares de la URSS vivieron sus últimos días, si se pueden llamar días a esos intervalos de tiempo, millones de personas. Lo mismo hombre y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, rusos, ucranianos, judíos o de cualquier minoría étnica que viviera en la URSS: Stalin fue un “equal opportunity murder” (usando ironía macabra), a diferencia de Hitler y Himmler, que atacaron de manera especial a los judíos.

 

Stalin ejerció efectivamente una vigilancia sobre todos los ciudadanos, a través de la policía secreta que dirigía Lavrenti Beria, el único que sobrevivió a las purgas que hizo Stalin de la vieja guardia bolchevique. En las noches, antes de dormirse –a Stalin le gustaba acostarse tarde y trasnochar bebiendo café – entre ambos repasaban las listas de los que serían arrestados, los que serían deportados, los que serían fusilados. El trabajo de Beria era presentar listas a Stalin y tener a la mano una explicación razonable si Stalin la pedía para algún caso; los nombres que se aprobaban recibían la autorización de puño y letra de Stalin, “за” (za, señal de aprobación) en ruso. Stalin se convirtió en símbolo de vida y de muerte en la URSS: la propaganda oficial sembró de estatuas y retratos todo el territorio, lo aclamaban en todos los discursos, lo llamaban el más bueno y el más sabio de los hombres, y los asistentes a las grandes reuniones políticas tenían que esperar la señal oficial para dejar de aplaudir. Ejercía un poder omnipresente, un miedo en todos los ciudadanos y en todas sus circunstancias, que los hacía vivir su vida “pegados contra la pared”, pera utilizar una metáfora de la autoprotección. Por otro lado, para una gruesa capa de la población y por obra de la propaganda masiva, Stalin fue efectivamente el padre de la patria, el sustituto del Padrecito Zar, que velaba atentamente por el bienestar de los ciudadanos. Logró convencer a muchos de que los sacrificios que hacían en su vida eran el costo para que en generaciones posteriores la sociedad pudiera vivir mejor.

 

El secreto del poder de Stalin radicó principalmente en tres factores: se fue deshaciendo de cualquiera que tuviera la más mínima posibilidad de competir contra él, el culto a la personalidad lo elevó al estatus de dios o de héroe legendario, y finalmente supo crear una sicosis de miedo para desanimar a la oposición en toda la población, que paralizó ya no digamos intentos de cambiar el régimen, sino también la expresión artística, las manifestaciones religiosas y hasta la ciencia. Los científicos no dejaban de ser personas que también podían ser desterrados a Siberia, y por lo tanto, también ellos tenían que cuidarse las espaldas. Algunos científicos, principalmente en las ciencias biológicas, buscaban deliberadamente la forma de acomodar la ciencia de tal manera que fuera del agrado de Stalin. Trofim Lysenko, un ingeniero agrónomo que manipulaba resultados espectaculares en productos y producción agrícolas para que fueran acordes a la mentalidad oficial, fue el amo y señor de la biología rusa durante muchos años, hasta que las críticas terminaron por desenmascararlo en 1964; al final, el físico Andrei Sajárov lo culpó del atraso monumental de la biología y la agronomía soviética con respecto a las otras naciones.

 

Beria y su policía secreta, la NKVD, seleccionaban a las personas que serían arrestadas llevando registros de todo ciudadano: “la policía sabe todo de todos”, se decía en aquella época. Con el método antiguo de expedientes individuales guardados en archiveros, porque no había otra forma, la vida de todo ciudadano, como leyenda urbana, se sabía contenida en esos archivos. No había presunción de verdad absoluta en lo que ahí se escribiera, porque no se seguían procesos judiciales para hacer esas anotaciones, bastaba una denuncia o la opinión de quien tenía que elaborar los registros. La sicosis también llegaba a los mismos registradores y miembros de la policía, puesto que ellos mismos podían ser señalados como sospechosos, delatados por alguien, y arrestados; muchos demostraban su celo y su apego al régimen incrementando artificialmente el número de casos que tendrían que ser llevados a Siberia.

 

En la sociedad soviética, sólo las autoridades podían desarrollar un aparato de información del tamaño de los archivos policiacos; la tecnología de la época, archivos en papel, era costosa y voluminosa. Naturalmente, sólo las autoridades tenían acceso a él, y el uso que hacían de la información era discrecional. Con este método, el control que ejerció Stalin sobre unos 100 millones de personas, en un país con 22 millones de kilómetros cuadrados, ha sido la mayor manifestación de poder de un individuo sobre una sociedad en toda la historia. No se le pueden comparar Alejandro Magno, ni Napoleón, ni Gengis Khan, ni Hitler, ni Carlos V; algunos fueron mejores soldados –de hecho, los méritos militares de Stalin fueron prácticamente nulos-, otros promovieron reformas en muchos órdenes, uno de ellos era un excelente orador mientras que Stalin hablaba mal el ruso, en los dominios de Carlos V no se ponía el sol; pero ningún gobernante acumuló y conservó durante tantos años el poder ejercido por Stalin.

 

Stalin salió impune de todos los intentos contra su vida, y murió en su cama de una apoplejía. Esta impunidad se debió al principio a la astucia, al altamente desarrollado instinto de preservación que tenía, a la suerte; pero a la larga lo salvó la desproporción brutal entre el nivel de organización, de información y de vigilancia de que dispusieron por un lado él y su gobierno, y por otro, el pueblo.

 

2) Nace el internet

 

A fines de los noventas del siglo pasado se empezaron a utilizar las computadoras junto con redes de comunicación, y creció mucho su uso  para fines privados. Las computadoras y las vías de comunicación de información de una ciudad a otra ya habían sido inventadas hacía mucho; las primeras computadoras fueron de la época de la segunda guerra mundial, y los periódicos empezaron a utilizar el telégrafo desde el S. XIX; todavía en 1960 en los periódicos de provincia se recibían las noticias con unas máquinas que se llamaban “teletipos”, que eran una combinación de teléfono con telégrafo, que cuando llegaba la noticia a su destino, se imprimía en unas máquinas ruidosas en un rollo de papel que se iba cortando por notas. Así como los periódicos, los bancos, y naturalmente los gobiernos tuvieron siempre la necesidad de inventar o improvisar soluciones que explotaran al máximo los métodos de comunicación, rudimentarios en comparación con los actuales, que estaban a su disposición. Hasta los estafadores lo hacían: la famosa película El Golpe, con Paul Newman y Robert Redford, basa el argumento del engaño en un retraso artificial de la información que llegaba a una casa de apuestas clandestinas. Hace muchos años vi una película –el nombre lo olvidé- en donde el desenlace de la acción termina después de una noche en vela de los protagonistas, que trabajaban en un banco y estaban esperando la noticia de que en un banco lejano autorizaran una transacción de 100 millones de dólares.

 

Hacia la década de los noventas había madurado la tecnología, ya existían millones de computadoras por todo el mundo en manos de particulares, las vías de comunicación remota estaban muy extendidas y eran muchísimo más rápidas que el telégrafo de hacía un siglo. En uno de los movimientos del mercado en donde existe un producto que todo mundo quiere, las computadoras, muchísimas empresas se pusieron a fabricar sus propias computadoras, incrementando la oferta. Todo esto ocasionó una baja paulatina en los precios de las computadoras, haciéndolas accesibles a más personas, y así, se llegó a crear una “masa crítica” de computadoras en manos particulares, como para que pudiera existir algún movimiento basado en información para todo el mundo. Este movimiento, empezado hacia 1997, se convirtió en el internet.

 

El internet lo forman compone básicamente de tres recursos:

1)      servidores que disponen de información,

2)      redes de comunicación entre los servidores,

3)      millones de computadoras que se conectan a esa red para poder acceder a algún servidor.

 

En esta situación hay cuatro detonantes que nunca se habían dado en la historia:

1)      los avances técnicos que hacen posible la existencia de servidores, de computadoras y de redes de comunicación.

2)      Un porcentaje amplio de la población mundial puede comprar una computadora.

3)      La cantidad y la universalidad de la información disponible en el internet.

4)      Nadie es dueño del internet, o visto al revés: internet es de todo mundo,

 

Se dio este fenómeno porque coincidieron los intereses de tres participantes:

1)      Los fabricantes de redes y equipo, que vieron el mercado potencial del negocio y quisieron su tajada.

2)      Organizaciones pública y privadas, e individuos particulares, que quieren o necesitan o están obligados o les conviene subir su información a algún servidor de internet.

3)      Todos nosotros, que queremos hacer uso de esa información.

 

Las agrupaciones mencionadas no son más que ángulos para ver al internet: si se quiere ver por componentes, por circunstancias que favorecen su existencia, o por actores. El mundo, hoy y siempre, se mueve en torno a los intereses individuales y de grupo. En el fenómeno del internet aparecen factores económicos, los de las grandes empresas fabricantes de equipo y después, todas las empresas del mundo que venden a través de internet; aparece algo inasible, que podría pensarse como el alma de la humanidad, que ha querido desde siempre buscar, conocer, dominar, entender y mejorar su mundo y sus herramientas; y aparece el individuo, que quiere comunicarse, estar informado, comprar, vender, divertirse y comunicar.

 

El meollo de este asunto es la masificación del internet. Si no hubiera tantos equipos y redes, o si no hubiera tanta información, o si no hubiera tantos usuarios, el internet no sería internet. El internet tiene la fuerza que posee actualmente porque se dan esos tres ingredientes. Imagine usted un tema, el que quiera, de la disciplina o de la actividad humana que se le ocurra; está en internet. Las últimas elecciones de diputados federales usaron el internet para difundir, minuto a minuto, los avances en los resultados del conteo. ¿Tiene un hijo estudiando fuera? Envíele un “mail”. Si quiere saber el espesor de la capa de hielo en el Ártico, busque en el internet. Si quiere leer las noticias, cualquier periódico decente tiene su sitio en el internet. Lo mismo para las noticias y para la ciencia, para lo morboso, lo religioso, y hasta para enterarse de la ropa que usaron en la última fiesta en casa de un artista, el internet es la solución.

 

3) Gutenberg.

 

El invento más influencial en los últimos 1000 años no es la televisión, ni el automóvil, ni el iPod. Es algo relativamente simple, probablemente ni siquiera se le pueda considerar un aparato en toda forma, pero es el artificio que permitió, entre otras muchas cosas, el Renacimiento y el nacimiento de la ciencia moderna con Copérnico, Kepler y Galileo. Es la imprenta.

 

En el Museo Guadalupe Posada están unas placas que hizo el Maestro para imprimir sus dibujos: son grabados en metal, con los contornos de las superficies que él quería dibujar, con las texturas y hasta un poco de sensación de profundidad. Son placas de metal, digamos de 10×10 centímetros, que servían para imprimir en papel los dibujos de Posada. Antes de Gutenberg, hacia 1440, ya se conocía la imprenta, pero todo lo que se imprimía era así: una placa del tamaño de la hoja a imprimir, con el grabado del texto y de los dibujos que habría de tener la página. Cada placa se tenía que hacer por separado, en un trabajo artesanal que consumía mucho tiempo. El invento de Gutenberg consistió en crear el tipo móvil: piense usted en una placa del tamaño de una hoja, cuadriculada, en la que se insertará en cada cuadro de la matriz un punzón cuya punta tiene la forma de la letra que se requiere:

 

G U T E N B E R G ,  
C R E A D O R   D E  
L A   I M P R E N T A
E T C .              

 

Para formar una placa así, se necesita tener una cantidad suficiente de punzones con las letras del alfabeto, calculadas en la proporción en que se usa cada letra. Por ejemplo, en español se necesitarán muchas ‘a’, algunas ‘l’, y pocas ‘ñ’. Para fabricar los punzones, Gutenberg ideó otro procedimiento: una matriz en una hoja de metal donde grabó las letras, pero en negativo con respecto a la superficie: los punzones necesitan tener la letra resaltada, y la matriz tenía la letra como un surco; se pone un punzón de punta plana contra esa matriz, se presiona el punzón contra la matriz, y se forma en su punta la letra correspondiente.

 

El resto del trabajo de impresión mecánica eran aparatos grandes que básicamente constaban de una superficie plana horizontal, donde se ponía la hoja de papel, la placa de impresión sujeta a otra superficie plana que bajaba hasta aplastar la hoja de papel, en donde naturalmente la placa de impresión tenía que ser intercambiable, para usarla con las diferentes páginas de la obra a imprimir. Con los años el proceso se fue mejorando enormemente; por ejemplo las prensas para imprimir periódicos son maquinarias enormes, del tamaño de una habitación grande, en donde por un lado se mete un gran rollo de papel, y por el otro sale el ejemplar del diario, impreso, doblado y acomodado. El gran tatarabuelo de las imprentas modernas fue la imprenta de Gutenberg.

 

Ciertamente que es un invento ingenioso, pero a mí en lo personal me parece más ingenioso el helicóptero diseñado por Leonardo da Vinci. Sin embargo no fue el ingenio del diseño, sino el potencial de uso, lo que lanzó la imprenta de Gutenberg al primer lugar entre los inventos influyentes desde el año 1000 hasta la fecha. Fue influyente, simple y sencillamente porque convirtió un proceso laborioso y lento (la creación de placas para imprimir páginas con texto) en un proceso más sencillo y mucho más rápido: convirtió un problema de meses (probablemente de años), imprimir un libro, en un problema de días. Así se pudieron imprimir más rápidamente las obras, se pudieron imprimir más libros diferentes y hacerlos más baratos.

 

Por poner un ejemplo de su importancia, mencionaré el idioma alemán. Martín Lutero, quien en 1517 inició el movimiento conocido como Reforma y que desembocó en la creación de las iglesias protestantes, supo del invento de Gutenberg y asimiló su potencial. Se dio a la tarea de traducir la Biblia del latín al alemán, imprimirla, y difundir la palabra de Dios en una lengua que la gente pudiera entender. En la región que hoy es Alemania había entonces muchos dialectos emparentados entre sí, parecidos al alemán moderno. Lutero eligió uno de ellos, el llamado Hochdeutsch (alto alemán) para traducir a esa lengua la Biblia, y con ese hecho, fijó de manera definitiva la forma del moderno alemán, que todavía se llama Hochdeutsch en Alemania y en Suiza.

 

Y éste es el único ejemplo de la importancia de la imprenta: los millones de libros que se han impreso desde entonces. Con eso basta, puesto que todo el conocimiento humano: la poesía, la historia, la ciencia, la religión, las leyes, las noticias y la técnica se han difundido en los últimos cinco siglos y medio gracias a la imprenta. Se destapó la creación humana en el Renacimiento, entre otros factores porque los libros que empezaron a circular actuaron como catalizadores de la investigación y de la creación. En cosa se semanas podía saberse en Florencia lo que se había inventado en París, lo que antes de Gutenberg tardaba años y era incierto de suceder. Si no hubiera sido posible difundir el saber humano por medio del libro en la cantidad y velocidad que permitió la imprenta, el mundo sería otro, mucho más atrasado técnicamente hablando.

 

4) Gutenberg y el Internet

 

Nos tardamos algunos siglos en indigestarnos de Gutenberg, pero lo logramos. Hace unas semanas pude pasar unas horas de asombro en una librería de viejo por la calle Donceles, en México: estantes de piso a techo en un edificio de hace 80 años, metros y metros de estantes, corredores y corredores; imaginé un infierno para quien abuse del conocimiento como un laberinto infinito de libros, que podrían verse todos pero sólo una página; creo que vagar por ahí sin leer, para el que no puede vivir sin saber, sería suficiente tormento. Esa librería era pequeña, y era una entre muchas por esa calle. Nos hablan de los millones de ejemplares que tienen algunas bibliotecas famosas e incompletas; no nos alcanzaría la vida para leer todos los libros, no nos alcanzaría ni para leer los títulos.

 

Un buen amigo mío, el Lic. José Bernabé Vázquez, me platicaba que hasta hace unos años los despachos de abogados litigantes tenían que ampliar sus paredes para acomodar las nuevas jurisprudencias; hoy lo consiguen en un CD. Pero aún con esta ridiculización del espacio físico de los libros –la Enciclopedia Británica encarcelada en las paredes de un CD- es imposible juntar todos los libros. O como el acertijo de la rana que cae en un pozo de 10 metros de profundidad, cada día sube 3 metros, y cada noche se cae 2 metros, así estaríamos todos: lo que juntásemos hoy, lo tendríamos que repetir mañana.

 

El internet es el CD de toda la humanidad: ahí está prácticamente todo lo que a usted se le ocurra. Ya no hay necesidad de comprar el libro impreso si hay versiones electrónicas; los últimos aparatos promocionados por Apple, los iPad, sirven para eso. El software viene documentado en CD, y ya nadie se atemoriza por enfrentarse a un manual gordo como directorio telefónico; yo, que soy de la época de Gutenberg, vi con repugnancia que el estéreo que compré el otro día a mi coche no traía manual, sino un folleto y un CD con referencias al sitio del fabricante, por si algo se me llega a atorar.

 

5) Lo sagrado y lo profano

 

Los primeros años del internet fueron muy serios: lo utilizaban solamente empresas grandes y gobiernos. A medida que se fue difundiendo, más usuarios de tamaño intermedio empezaron a utilizarlo, y de unos tres años a la fecha, cualquier cristiano –o musulmán, o judío, o ateo- puede tener su sitio. Ahora los muchachos obtienen de las muchachas su dirección de e-mail, como antes les pedíamos nosotros el teléfono. Ahora todo estudiante de preparatoria puede sentirse importante porque ya tiene “su sitio” en facebook.

 

El resultado es que por una parte, se está trivializando el internet, estamos “choleando” las paredes del internet. Como todo mundo puede registrarse en facebook o badoo y subir un video a youtube, cualquiera puede presumir de escritor, de pensador, de artista o de lo que sea. Esa pared universal del internet está más grafiteada que barda en época de elecciones, y la gran mayoría es basura, otra semejanza atroz. He leído alguna vez, por curiosidad, los comentarios que sube la gente a noticias publicadas en yahoo; la mayoría son de pena ajena: horrorosa ortografía, mala sintaxis, redacción primitiva, ausencia de ideas y de argumentación, y en algunos casos un uso liberal de majaderías: esto es lo que yo llamo trivializar y cholear el internet. No es culpa de yahoo, que ofrece un foro para informar y para expresar opiniones; la responsabilidad es de quien escribe ahí comentarios basura.

 

Por otro lado, paulatinamente ha ido creciendo un uso importante del internet: cuestionar el ejercicio del poder. Entre los muchos ejemplos a la mano, tenemos el de Berlusconi, primer ministro de Italia y magnate de los medios: el internet le está dando una sopa de su propio chocolate, porque los programas en tv donde se cuestiona su comportamiento no quedan nada más al alcance de los que sintonizaban la tv en ese canal y en ese momento, sino para todos; yo me enteré leyendo la página de El Universal. Berlusconi es dueño de la mayoría de las cadenas de TV italianas, y aprovechando esa posición más que privilegiada, se lanzó para Primer Ministro. Imaginemos algo así como –Dios no lo quiera- un dueño único de Televisa y TV Azteca, eso sería un equivalente en México. Y así tenemos que una persona que se valió de su poder sobre los medios de comunicación –sus propias televisoras- ahora es exhibido, y en forma masiva, por los medios de comunicación ampliados: el internet es más que una cadena de televisión, el internet es más poderoso porque es mundial y es permanente.

 

El internet es el comunismo en la comunicación: lo que se publica en el internet es de todos, porque todos lo pueden leer y aprehender. El internet nos presenta repentinamente (¿qué son 20 años en la vida de la humanidad?) con todo el saber y toda la información que genera el ser humano. Este fenómeno es como la imprenta de Gutenberg en el S. XV, pero muchos órdenes de magnitud superior: yo, sentado en mi escritorio, puedo ver bibliotecas en México, periódicos en Londres, noticias de Moscú y tiendas de discos en NY; yo puedo comunicarme en segundos con mis hijos, que viven fuera; yo puedo escribir y subir a mi sitio estas páginas; yo soy cualquiera de ustedes.

 

Creo que todavía unos años viviremos una euforia de libertad en el internet, donde cualquiera puede sentirse Cervantes aunque se parezca a Sancho Panza; pero pasado un tiempo, las cosas caerán por su propio peso y la mayoría de las personas aprenderán a discernir entre lo que vale la pena ver y lo que no vale la pena en el internet. En estos momentos es como si las paredes del metro dejaran de ser vigiladas por la policía: muchos se lanzarían ahí a dejar su huella. En poco tiempo hemos puesto allí tantas huellas en esa pared virtual que el internet indigestó de letreros y no sabemos qué leer.

 

Se acabaron los tiempos en que sólo los gobiernos podían disponer de archivos gigantescos, y el internet rebasa ya el control que pueda tener cualquier entidad sobre él. Pienso, como una alternativa valiosa para todos, el aprovechar el internet para ejercer nosotros, ciudadanos, vigilancia y sugerencia sobre lo que hacen nuestras autoridades. En vez de que sea el Gran Hermano que nos vigila, seamos nosotros pequeños hermanos, vigilantes. Para lograrlo, sugiero una rutina simple: lea algún periódico diariamente, y envíe sus comentarios al periódico. Hágalo con clase, sin cholear, tratando de que lo que escriba, valdrá la pena que alguien más lo lea. Stalin como Gran Hermano fue posible por la concentración de información en sus manos; el atraso de la biología soviética fue posible porque los resultados de Lysenko se difundían escasamente y además amañados; el mundo de información que nos da el internet es oportunidad individual de crecimiento, y colectiva de mejora y crítica constructiva. Aprovéchelo.

 

 

5- El internet, invento colectivo de la humanidad.

 

Es imposible asignar a una persona, ni siquiera a un grupo específico, la paternidad del internet: su existencia como fenómeno de masas se debe a que todos hemos contribuido con información y consulta de información. En otras palabras, el internet existió cuando hubo millones de usuarios conectados a él, aunque la herramienta técnica estuviera disponible desde antes. Me llama la atención este fenómeno, porque a diferencia de casi todos los inventos, que pueden ser rastreados a una persona o a un grupo, que inclusive tienen patentes para proteger al autor, el internet, con todo y la importancia gigantesca que tiene, y que llegará a ser tan importante como la invención de la imprenta, no es creación de nadie en particular. Esto abre la puerta a una conjetura interesante: la humanidad ha evolucionado lo suficiente como para hacer creaciones colectivas de todo el género humano. Aunque podrían incluirse aquí a los lenguajes, ninguno tiene la universalidad del internet, es único en la historia.

 

jlgs/ParteAguas/Marzo de 2011