Día de la Victoria

El 9 de mayo de 1945 el general alemán Wilhelm Keitel firmó la rendición incondicional de Alemania ante las tropas aliadas, después de que los rusos habían tomado Berlín y de que Hitler se suicidó; este documento señaló el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa;  los japoneses todavía resistían, pero fueron convencidos con dos bombas atómicas y se rindieron el 15 de agosto. Por el número de naciones involucradas, las fuerzas desplegadas y los muertos que hubo, la parte europea del conflicto es la más importante y tradicionalmente el día 8 de mayo se acepta como el fin de la guerra.

Todas las naciones que participaron sufrieron pérdidas; aquellas que vieron la guerra en su territorio, tuvieron muerte y destrucción, y las que libraron el conflicto a distancia, como Estados Unidos y Canadá, sacrificaron a miles de sus soldados. Pero la destrucción, las pérdidas, y los motivos fueron muy diferentes en cada país; también la percepción de la guerra y las razones para librarla: conquistar más espacio, o eliminar al invasor defendiendo al país, o impedir que surgiera otra gran potencia mundial, que podrían englobar las mentalidades alemana, rusa o norteamericana.

Los alemanes habían construido la mejor maquinaria de guerra en el mundo. Lo probaron destrozando a Polonia en quince días y a Francia en un mes. El optimismo invadió los mandos germanos, y pensaron que podrían ganar la guerra. Pero no se decidieron a invadir Inglaterra –o calcularon que no eran suficientemente fuertes frente a la armada inglesa y su flota aérea- y Hitler empezó a preparar en 1940 la invasión a la URSS, que empezó el 22 de junio de 1941. Tomaron desprevenidos a los rusos, y gracias a eso y a lo bien engrasado de su máquina militar, lograron muchos éxitos antes de que llegara el invierno. Hitler había calculado que la URSS se derrumbaría en unos pocos meses, después de los primeros ataques y de la destrucción de sus ejércitos, pero cometió varios errores y a fin de cuentas perdió la guerra.

La URSS se encontraba en un punto muy delicado, porque apenas había terminado la Gran Purga de 1938, que atacó parejo a toda la población y consiguió inspirar en  cualquier ciudadano el miedo y el terror de que nadie estaba a salvo, porque bastaba con que un vecino envidioso se quejara con la policía secreta de que había escuchado una conversación sospechosa, o que poseía un libro en otro idioma, o que simplemente creía que era un traidor, para que se lo llevaran a Siberia; una mentalidad así no construye un pueblo fuerte y unido, sino un pueblo sumiso y temeroso. El Terror también se llevó a los altos mandos del ejército, porque Stalin sabía que el único peligro efectivo para él lo representaba el ejército, ya que el pueblo estaba aterrorizado y el Partido era simplemente un instrumento a su disposición; por el contrario, el ejército tenía generales como Zhukov, quien nunca manifestó servilismo ante Stalin y era un militar brillante y querido por sus tropas; a Zhukov y a muchos como él era conveniente fusilarlos, o enviarlos a Siberia, o cuando menos colocarlos en puestos de poca importancia. De esta forma, la URSS no contaba con un ejército de primer orden en 1941, puesto que sus mejores jefes habían sido aniquilados o nulificados.

Pero Hitler no pudo convencer a los japoneses de que atacaran la URSS por el Este, prefirieron embarcarse en una aventura suicida, atacando a miles de kilómetros de Japón la base norteamericana de Pearl Harbor e incorporando oficialmente a la guerra al país con más recursos en todo el mundo, Estados Unidos. Además Hitler descuidó a los rusos en los territorios conquistados: en vez de ejercer un dominio benigno y liberador aunque fuera sólo en apariencias, los trataron de acuerdo a la mentalidad supremacista aria, donde los alemanes eran Übermenschen y los rusos eran Untermenschen. Los rusos conquistados se dieron cuenta rápidamente de que eran igual de malos el amo soviético y el amo alemán, pero al menos el amo soviético era de casa. Stalin no era ruso sino georgiano, pero el trato alemán fue suficientemente malo como para que los rusos olvidaran dónde había nacido Stalin.

El más grande error de Hitler fue calcular que podía acabar con la URSS lo mismo que había acabado con Francia. La invasión de Francia se consiguió gracias a que los franceses centraban su defensa en la Línea Maginot, que les sirvió bien en la guerra de trincheras de 1914, pero fue inútil contra las fuerzas motorizadas alemanas; sencillamente rodearon la Línea Maginot por el norte, invadiendo Holanda y Bélgica, llegaron hasta el mar y luego avanzaron al sur hacia París. Eso pudo hacerse en un mes porque los alemanes disponían de un ejército mejor y una gran estrategia de guerra, y porque las dimensiones de Francia son muy reducidas en comparación con las rusas. Los rusos tenían la posibilidad de echarse para atrás muchos miles de kilómetros, adelgazando así las líneas de comunicación alemanas, haciéndolas susceptibles de ataques por la guerra de guerrillas que se organizaría en la población conquistada. Alemania no tenía las fuerzas suficientes para conquistar completamente a Rusia, sino una parte muy reducida: en sus sueños más optimistas, los alemanes pensaron que podrían quedarse con todo el territorio de la Rusia europea, hasta el Volga, aproximadamente una línea entre Moscú y el Mar Caspio.

Pero no pudieron porque no era lo mismo una guerra en Francia que una en Rusia: en Francia las distancias eran más cortas y había muchos caminos; en Rusia no hay caminos, nada más direcciones –frase atribuída a Gógol-, y los alemanes lo vivieron en carne propia cuando tenían que avanzar con sus panzer a campo traviesa en vez de hacerlo por una carretera, cuando llegaron las lluvias y el terreno se convirtió en un inmenso lodazal en donde ni siquiera sus tanques podían avanzar, y cuando llegó el invierno. Toda la estrategia de los alemanes, basada en la superioridad de sus vehículos motorizados, en su velocidad, en su capacidad para penetrar rápidamente en una dirección, partir en dos las tropas enemigas y luego ir envolviendo y destrozando los ejércitos restantes, toda esa estrategia se vino abajo en las condiciones del campo ruso.

Además, los alemanes estaban mal preparados para el invierno ruso. La diferencia de temperaturas entre el invierno alemán y el ruso puede ser de 20 grados menos en Rusia, y los que viven ahí se preparan de muchas maneras, por ejemplo con calzado de mayor tamaño que el pie, porque puede rellenarse con paja, que es un buen aislante térmico. Por el contrario, las botas claveteadas de los alemanes eran más a la medida y como el metal es muy buen conductor de calor, los soldados alemanes se congelaban y morían por miles a manos del General Invierno.

La única posibilidad de que los alemanes ganaran la guerra con la URSS fue entonces que el gobierno ruso se colapsara en las primeras semanas de guerra, antes del invierno, cuando los alemanes eran victoriosos y todavía no enfrentaban este nuevo enemigo. Pero no sucedió así: aunque hubo parálisis en los altos manos soviéticos durante los primeros días del conflicto, cuando Stalin no daba la cara y no sabía qué hacer, esto no lo supieron los alemanes oportunamente. A principios de julio de 1941 ya había recobrado Stalin su sangre fría y su formidable capacidad de analizar las circunstancias, su poder estaba intacto y se convirtió en el líder que necesitaban los rusos para combatir unidos. El momento definitivo fue el 3 de julio, cuando Stalin se dirigió por radio a toda la nación en términos que nunca lo había hecho:

¡Camaradas! ¡Ciudadanos! ¡Hermanos y hermanas! ¡Soldados y marineros! ¡Me dirijo a vosotros, amigos míos!

Es difícil para nosotros, hombres del siglo XXI, cínicos y descreídos de todo, entender el impacto de las palabras de Stalin en la mentalidad de los rusos. El jefe había hablado, aquel hombre mítico del que nadie, absolutamente nadie quería recibir una llamada telefónica, el que disponía de las vidas de todos los ciudadanos, los llamaba camaradas, hermanos y amigos. El dios que vivía encerrado en el Kremlin se había dirigido al pueblo y lo había hecho en términos inimaginables; el pueblo ruso volvía a tener su padrecito en la figura de Stalin, un símbolo inmemorial de los rusos que estaba fijo en el zar y que despareció con la Revolución. Stalin le habló a cada ruso como hermano. Ese discurso cambió la historia para los rusos: tenían un padre y una patria por quien luchar. Stalin consiguió levantar al pueblo ruso para enfrentar a los alemanes; no se echó para atrás hasta Siberia, dejando que el invierno y las guerrillas se encargaran del resto, sino que organizó los ejércitos y a fuerza de coraje, de un inmenso sacrificio de hombre, y de marchas aceleradas para construir sus tanques, consiguió oponerse a los alemanes.

Así sucedió que la maquinaria militar alemana, la mejor que se había construido, no pudo tomar Moscú, mucho menos dominar la Rusia europea hasta las orillas del Volga. Stalin, que decidió permanecer en Moscú a pesar del peligro, organizó la defensa llevándose las fábricas de armamento lejos, a miles de kilómetros, hasta los Urales; sacó de los campos de trabajos forzados a militares importantes que tenía ahí, y puso al frente del ejército al mejor de todos, Zhukov. Los rusos se defendieron convencidos de que la vida y la patria estaban en juego, y atacaron al invasor alemán que no supo ser más benévolo que el amo georgiano. Se organizaron las guerrillas, y las fuerzas de ocupación alemana sentían que nunca podían estar en paz, porque seguían hostigadas por el enemigo: conquistado pero no anulado. Los alemanes siguieron avanzando pero los recorridos de cientos de kilómetros que lograban en las primeras semanas se convertían primero en kilómetros, luego en centímetros y finalmente se detuvo el avance. Llegaron hasta el Volga, en Stalingrado, pero hasta ahí llegaron.

La batalla de Stalingrado fue el punto decisivo en la SGM. En ambos lados era una cuestión de honor: para los alemanes porque no podían admitir una derrota en ningún lado, y para los rusos porque la ciudad se llamaba como el padrecito Stalin. En ese lugar empeñaron sus mejores fuerzas y murieron al menos un millón de soldados alemanes y otro millón de soviéticos; el mariscal von Paulus fue apresado y los restos de sus tropas se rindieron el 2 de febrero de 1943. A partir de ese momento, la historia de la guerra fue un retroceso continuo de las tropas alemanas, que terminó en mayo de 1945 con la toma de Berlín.

Todos los países en guerra sufrieron grandes pérdidas humanas durante el conflicto, pero los dos que más sufrieron fueron Alemania, aproximadamente 8’000,000, y la URSS con más de 25 millones; Japón perdió unos 3 millones y los otros participantes importantes, Inglaterra, Francia y Estados Unidos perdieron poco menos de 500,000 hombres cada uno, bastante menos que Alemania y que la URSS. Estos dos países además quedaron devastados en las zonas tocadas por la guerra y en algunos casos hubo necesidad de reconstruir totalmente la ciudad, como Dresden.

El país que definitivamente frenó a la Alemania nazi y que le causó el mayor número de pérdidas humanas y de armamento, fue la URSS. De los 4.5 millones de bajas en soldados nazis, 3.5 murieron o fueron dados por perdidos en el Frente Oriental, es decir contra la URSS casi todos ellos. Sin la colaboración de la URSS y el sacrificio de sus millones de soldados y ciudadanos, el fin de esa guerra hubiera sido muy diferente. La URSS drenó los recursos humanos y de armamento alemanes hasta un grado tal que la victoria aliada era simplemente cuestión de tiempo. Los Estados Unidos apoyaron con armamento a la URSS desde el principio, pero participaron activamente en la guerra europea hasta junio de 1944, cuando lo peor ya había pasado.

Por esta razón, el 9 de mayo es el Día de la Victoria, que se celebra con tanto entusiasmo en Rusia. Este año, el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon asistió al desfile militar en Moscú, y reporta que

Después del desfile militar vi que cientos de miles de personas permanecían en las calles. Al principio pensé que era una manifestación antigubernamental. Pero vi que, al contrario, apoyaban a su gobierno. Se veía que lo hacían con orgullo.

Ninguna familia soviética permaneció intacta durante la guerra: perdieron padres, esposos, hijos, esposas, hijas, madres. Los pocos soldados sobrevivientes en la actualidad, viejos de 90 años, se presentan al desfile con el pecho literalmente cubierto de medallas, y es un honor para ellos y sus familiares poder atestiguar la supervivencia de su nación después del inmenso desastre que fue la guerra.

El mundo entero debe a los soldados aliados en conjunto la victoria contra el nazismo, pero de una manera especial a los pueblos de la URSS, quienes hicieron un sacrificio inmenso en vidas y  propiedades. Descansen en paz, todos los soldados caídos.

9.5.2015


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