Fin de la democracia

1-¿Querían democracia?

Hay tres perspectivas importantes para analizar la elección presidencial 2012: la ley, los partidos políticos, el país. Las lecturas son totalmente diferentes porque la ley no tiene intereses (como sí los tienen los partidos y el país) y porque los partidos pretenden fundamentalmente hacerse del poder, pero el país necesita simplemente ser bien gobernado, que es algo diferente y usualmente en conflicto con los partidos.

La perspectiva de la ley es la más sencilla de analizar, porque plantea en términos claros cuál es el procedimiento del registro de candidatos y de votación, aunque deja muchísimas lagunas en lo que se refiere a las campañas: financiamiento y contenidos principalmente, y además tiene un océano por llenar en cuanto a las sanciones; parece que a los legisladores se les olvidó que una ley que no refuerza su cumplimiento mediante sanción proporcional a la falta se convierte inevitablemente en letra muerta. Ateniéndonos a lo que la ley dice con más claridad, la elección se llevó a cabo correctamente, puesto que se instalaron miles de casillas, participaron cientos de miles de ciudadanos en el proceso para vigilar que se hiciera bien, se contaron los votos, no se cayó ningún sistema y los resultados preliminares fueron confirmados por los conteos detallados posteriores. El IFE desempeñó a la perfección su papel de organizador del evento, tan bien, que por primera vez en la historia de México las críticas de los perdedores no se concentran en el día de la elección, sino en lo que pasó antes. Quedaron atrás los días en que agentes del gobierno balaceaban a las filas que iban a votar, como sucedió cuando José Vasconcelos compitió contra esa nulidad que era Pascual Ortiz Rubio (1929), y cuando Juan Andreu Almazán compitió contra Manuel Avila Camacho (1940).

A la fecha se ha ganado una participación suficiente de los partidos políticos en cada casilla, vigilándose mutuamente, que vuelven prácticamente imposibles las viejas prácticas para embarazar a las urnas, enviar a votar personas que no correspondían, robarse las urnas, etc. Además los números asentados en las actas de escrutinio quedan en conocimiento de los representantes de los partidos, cuando el IFE publica los resultados globales anuncia también cómo se integran esos resultados, casilla por casilla, y los que participaron en la votación tienen oportunidad de comparar números. Ha costado una cantidad enorme de dinero pero México tiene la certeza de que el día de la votación no se hizo trampa.

Las críticas a la validez de la elección ahora son de otra clase, básicamente el financiamiento con recursos por fuera del dinero público que la ley otorga a los partidos, las campañas eternas de Peña Nieto y López Obrador, y la compra de votos. Llegados a este punto, es sabido que los gobernantes en el poder apoyan a sus propios candidatos con todo lo que pueden (sean o no del mismo partido) y no se advierte diferencia entre lo que hizo el PRD en el DF y lo que hizo el PRI en Edomex. La ley no puede legislar cada acto de un candidato y no tiene manera de controlar que aparezca en los noticieros o en entrevistas, salvo por períodos cortos del tiempo como la veda electoral, y los programas en los medios donde aparecieron los candidatos, mucho antes de ser candidatos, se convirtieron en uno de los muchos puntos ciegos en la legislación que los partidos aprovecharon a granel.

Después de la sorpresa general del resultado en el 2000, sorpresa porque casi ningún mexicano recordaba haber sido gobernado por otro partido, los partidos reaccionaron, la oposición se reagrupó y el PAN se dispuso a gozar de las mieles del poder; no se organizó para ejercer el mejor gobierno que hubiera tenido el país, simplemente aprovechó la oportunidad y entraron nuevas caras a hacer lo mismo que el PRI hizo en sus tiempos. Por su parte, el PRI se vio sin el poder presidencial, pero no completamente desprovisto de fuerza, ya que en sus años mozos organizó a lo largo y ancho del país diversos grupos que pagaban con apoyo los favores que recibían de los gobiernos estatales y federal. Entre ellos conservaron bastiones importantes a la hora de la cuenta de votos, como Edomex y Veracruz. El PRD desarrolló un discurso populista que prometía un paraíso en la tierra,  y sus ataques a los abusos y malos usos en el poder (sin fijarse demasiado en lo que el mismo PRD hace cuando le toca gobernar) atrajeron a mucha gente de poca educación y a muchos simpatizantes de la izquierda. Los partidos cortesanas (PVEM, PANAL, PT, CONVERGENCIA) jugaron un papel importante en algunas elecciones, convirtiéndose en el fiel de la balanza en más de una ocasión, y se dieron cuenta de que aunque numéricamente no cuentan, esos pequeños números que representan inclinaban la elección a un lado o a otro, y eso les daba un valor estratégico importante; aprendieron a vender caro su amor.

Cada partido por su lado analizó las condiciones en que quedaba y tomó las decisiones que más le convenían. Después de doce años podemos hacer ingeniería en reversa de este análisis y plantear la evolución que los llevó al lugar en donde están ahora. Aunque hay diferencias de partido a partido, las semejanzas entre el núcleo de sus acciones son muy grandes:

  1. Ninguna propuesta de sustancia
  2. Conseguir el mayor presupuesto posible
  3. Trampear todo lo que se pueda, de preferencia sin que sea muy notorio
  4. Atiborrar al público de publicidad electoral basura, vendiendo imagen, slogans y promesas
  5. Ofrecer o coaccionar todo lo que sea posible con tal de conseguir el voto
  6. Desgarrar las vestiduras cuando descubren algo malo en otro partido.

La diferencia fundamental entre el ganador y los otros dos fue que el PRI contaba con una base de simpatizantes en toda la república y conservó la mayoría de las gubernaturas, lo que significó que el candidato tuvo todo el apoyo que le dieron sus gobernadores. El PRI mostró la virtud (pragmática, no democrática) de que mantuvo una estructura monolítica, en donde actuó como en los viejos tiempos: una vez que se tomó la decisión por EPN, no hubo una voz en contra. Parece que los años en que el Presidente era autoridad suprema siguen actuando sobre el PRI, que fue un rebaño que siguió sin chistar a sus líderes. Ni el PAN ni el PRD tienen esa base de simpatizantes y de gobernadores, e hicieron campaña como pudieron: AMLO recorrió todo el país llevando su mensaje y Josefina trató de ser diferente, sin explicar con el punto de referencia. El PAN cargó con el estigma de todo lo que se le achaca a Fox y a Calderón, cierto o falso, completo o incompleto, y fue el más desunido de todos los partidos.

 

2- Ahí está su democracia…

Siguiendo las reglas de juego ganó Peña Nieto. En esto que llamamos democracia en donde el acto supremo es la votación, el IFE puso todo su énfasis en organizar una votación que fuera correcta, y en mi opinión lo logró. Claro que se pueden mencionar casos de casillas con incidentes, pero fueron aislados. Se puede hablar de los que estaban fuera de su ciudad y no hallaron boletas en las casillas especiales, y podemos contabilizar los puercos y las gallinas que llevó AMLO al tribunal como prueba de compra de votos. Aceptando esto último, ¿cuántos votos estaba probando AMLO que había comprado el PRI? ¿Diez, veinte, mil? Aunque fueran mil, no cambiarían el resultado de la votación. El IFE se concentró en el meollo del asunto: garantizar al mexicano la asistencia a una casilla, que su voto contara y que no hubiera boletas sin dueño legítimo; el gobierno federal lo apoyó desplegando al Ejército por todo el país y garantizando un día de paz. Eso se hizo muy bien, y gracias a este avance nos parece inconcebible que en tiempos de Lázaro Cárdenas (uno de los dioses del panteón mexicano) hubieran ido agentes del gobierno a ametrallar a los simpatizantes de Andreu Almazán cuando querían votar. México consiguió tener un día de elecciones limpio y además transparente, y eso es un enorme paso hacia adelante.

Pero AMLO tiene razón al señalar la compra de votos. El problema con esta afirmación es que todo mundo sabe que es cierto pero nadie lo puede probar. Me pongo en el papel de abogado del PRI y pregunto: ¿qué significa comprar un voto? ¿Tiene el Sr. AMLO los recibos que los ciudadanos le dieron al PRI a cambio de su voto? ¿Cuántos votos compró el PRI, como para anular la elección presidencial? ¿Cuántos ciudadanos puede AMLO presentar que confiesen que el PRI les compró el voto? En todos los mítines regalan playeras, ¿eso cuenta como voto comprado? El PRI cuenta con una base de afiliados y simpatizantes grande, y además contrató a otras personas para ir de puerta en puerta hablando a favor de EPN; ¿estaba comprando votos? No hay manera de probarlo: ni juntando todas las tarjetas de Soriana y las de Monex. El problema es que en este país todo mundo sabe que se hizo de esa manera, como todo mundo sabía que antes el Presidente designaba al siguiente, y solamente Díaz Ordaz lo reconoció, años después: “Luis Echeverría fue mejor presidente que yo, porque eligió mejor a su sucesor”; sin embargo, no hay manera de demostrar un fraude suficientemente grande para anular la elección. El otro problema con la afirmación de AMLO es que todos los partidos ejecutaron las mismas mañas: acarrearon a las mismas multitudes, hicieron las mismas promesas, regalaron gorras y camisetas. Y además (por supuesto), con los mismos argumentos se pueden cuestionar las otras elecciones que hubo el 1º de Julio.

A posteriori, podemos decir que los partidos hicieron como Lucky Luciano cuando convocó a los jefes de la mafia para cesar la guerra entre pandillas y repartirse pacíficamente el pastel: es como si todos los partidos hubieran firmado un pacto de rufianes que les permitiera actuar así:

  1. tener un proceso electoral con un mínimo de reglas para validar la elección,
  2. la ley se puede violar siempre y cuando se haga en lo oscurito,
  3. ignorar todo lo que significa democracia, si no está en la ley.

Por ejemplo, está bien que los gobiernos estatales manden dinero en efectivo a Toluca, siempre y cuando no los descubra la PGR. Por ejemplo, una democracia bien entendida supone una oferta política de alto valor: se van a atacar los problemas más importantes, se tiene un plan para aumentar el PIB, el Salario Mínimo, el ingreso per cápita y hasta la altura del Popocatépetl; todo se va a elevar excepto los impuestos. Por ejemplo, aprovechar los miles de kilómetros de litoral para volver a México una potencia pesquera. Pero estos temas brillaron por su ausencia en la campaña, excepto en su presentación disparatada, que no es aceptable. Otro ejemplo de cosas que un país moderno exige de sus candidatos son debates abiertos y no en el esquema acartonado que los partidos le impusieron al IFE. Otro valor entendido de la democracia es que el candidato deberá convencernos de que es el mejor, no que es el más guapo ni que es diferente ni que es el más honrado del mundo. Pero no se hizo de esa manera: todos los partidos consiguieron dinero por todas partes, a algunos les llegaban maletas cargadas con millones de pesos, a ese mismo partido le hicieron favor de desaparecer unos cuantos millones de la deuda de Coahuila, las calles del país se vieron inundadas con tres rostros y unos diez o veinte slogans absolutamente carentes de contenido, los spots eran basura, y hubo una época en que lo más entretenido de la campaña eran las estadísticas semanales, imagínese usted el grado de aburrimiento.

El resultado es una democracia ritualista, semejante a la actitud de muchos católicos que el domingo van a misa y durante la semana se olvidan de Dios. ¿De qué sirve la misa del domingo si entre semana se emborrachan, roban, maltratan al cónyuge, no cumplen con su trabajo? Pues lo mismo que nos sirve una democracia en donde el acto ritual de ir a votar se ejecuta a la perfección pero el pueblo se ve obligado a elegir, hablando de partidos políticos, uno de tres rufianes. Porque salvo AMLO, los otros dos candidatos no tienen peso sin su partido. Y en última instancia, ninguno de ellos tiene la fuerza y el carisma que tuvieron José Vasconcelos o Juan Andreu Almazán. Es decir, estamos eligiendo a un partido, más que a un candidato. Los que perdieron pueden aceptarlo con dignidad o postularse para un 2º período como Presidente Legítimo; el ganador llega con el lastre del compromiso con todos los que lo ayudaron.

Esta elección nos da dos resultados:

  • positivo: todo mundo puede ir a votar y se respeta el voto.
  • negativo: lo único que podemos hacer es votar, porque los partidos imponen candidatos, bloquean candidaturas independientes, y el pueblo ve inerme un circo de mala calidad en donde el mejor de los acróbatas da pequeños saltitos y el equilibrista estrella apenas puede caminar sin caerse sobre la banqueta.

 

3- Reforma política.

Las expectativas generadas por la posibilidad de sacar al PRI de Los Pinos es esfumaron al poco tiempo de llegar Fox al poder. Poco a poco nos dimos cuenta que habíamos cambiado de partido pero no de forma de gobierno, y en 12 años de PAN lo más notable es que se manejó adecuadamente el asunto delicado de las finanzas públicas, en otros felices tiempos arca abierta para el Presidente y sus compinches. Durante estos 12 años los partidos se reagruparon y el que lo hizo mejor fue el PRI, puesto que conservó una base amplia de gobernadores, y por lo tanto de influencia y control en los estados. En resumen todas las actividades de los partidos han sido con una única meta: conservar, adquirir y aumentar el poder. Eso lo hace cualquier partido, ya que hasta que adquieren algún poder pueden actuar en favor del país; el problema en México es que eso es lo único que hacen, porque una vez que llegan a una posición de poder, subordinan sus actos a la conservación y aumento del poder. (Hablando en su favor, los partidos también son agencias de empleo, porque todo el que quiera aplicar para gobernador, por ejemplo, tiene que presentar su curriculum en algún partido). Hay muchos ejemplos donde entraron en conflicto los intereses del pueblo y los del partido, y se resolvieron a favor del partido. Por ejemplo: ya tenía el PRI el gobierno de Coahuila, ¿qué necesidad había de endeudar al estado y hacer un pase mágico para desaparecer algunos miles de millones? Muy sencillo, se necesita dinero para todo, en particular para una campaña, no faltaba más, había que superar a Oscar Flores Tapia. Otro ejemplo: ya tenía el PRI muchos diputados y senadores, ¿por qué empantanaron y dejaron sin resolver miles de asuntos en las Cámaras? Muy sencillo, les dieron línea de que no aprobaran esas reformas para desacreditar al sexenio de Calderón. Estos dos ejemplos, y cientos más que podemos recolectar leyendo encabezados de periódicos, nos indican que en México los partidos políticos son maquinarias cuyo fin único es el poder.

En teoría los partidos políticos son representantes de los mejores intereses del pueblo, y en nombre suyo postulan diputados y senadores, alcaldes, gobernadores y presidente; los diputados y senadores son explícitamente representantes del pueblo, los otros son mandatarios. Eso es en teoría. En la práctica los diputados y senadores no representan al pueblo sino son instrumentos en manos de la dirección de su partido para hacer lo que al partido le convenga, y además de estos representantes sólo de nombre parece que los legisladores buscaron en la mitología algún monstruo suficientemente deforme (la hidra de muchas cabezas, el minotauro mitad toro y mitad hombre, el cancerbero) y al no encontrarlo inventaron a los plurinominales, que ya ni siquiera cubren las apariencias de representación, puesto que la ley no dice claramente a quién representan. De los mandatarios es mejor ni hablar, porque hasta en un lugar relativamente tranquilo y bien administrado como Aguascalientes tenemos ya alcaldes en prisión.

Las reformas políticas que ha tenido el país, entonces, garantizan dos cosas: 1) el día de la elección se puede votar y los votos cuentan, y 2) tenemos partidos que se representan a ellos mismos. Esta disociación de los intereses del pueblo ha llevado a una pobreza extrema en la oferta política de los partidos y a ejemplos lamentables en la conducta de los políticos; es natural que pase así, ya que si los partidos no están pensando en el bienestar del pueblo al momento de hacer sus campañas, lo que hacen es improvisar unos cuantos objetivos de tipo muy general y planteados en forma vaga, nada más para cubrir el expediente, y en lo privado se comportan como les da la gana. Algunos políticos como AMLO se van al otro extremo y prometen el paraíso en base a promesas inverosímiles, pero en cualquiera de esas dos modalidades, su oferta política tiene un valor cercano a cero.

Otra prueba de que los partidos no tienen en mente al pueblo sino como botín de votos es la calidad de la campañas, concentradas al 99.99% en slogan e imagen, carente de contenido. Si el PRI estuviera pensando en México, no utilizaría un slogan tan vago como “me comprometo y  cumplo”, pero el PRI no piensa en el bienestar de México sino en hacerse de la Presidencia. Paradójicamente, ese slogan es una forma de hacer propaganda sin comprometerse a nada.

Si hay alguna reforma que México necesita con urgencia es la política, porque los partidos políticos han monopolizado el ejercicio del poder, elaboran las leyes, bloquean el acceso a ciudadanos independientes y se inventan puestos para mantener a desocupados, como los plurinominales. Se requiere una reforma política que les haga ver a los partidos políticos que su razón de ser, su única razón de ser es el beneficio del pueblo a través de su representación y de la formación de gobernantes capaces al servicio del país. Padecemos dos Cámaras que nada más inflan el gasto público y dado lo que hacen, con una de ellas basta y sobra (pero sin plurinominales). Los partidos políticos se han convertido en un gobierno paralelo, entre ellos exclusivamente hacen y deshacen las leyes y a su conveniencia apoyan o atan de manos al Presidente en sus iniciativas y a su conveniencia, en cada estado, apoyan o boicotean las iniciativas federales. Y además, nos cuesta mucho: cada año podríamos hacer una presa muy grande con lo que nos gastamos en mantener a los partidos políticos (sin contar las Cámaras).

4- Reforma educativa.

Esta penosa situación se puede dar porque el pueblo no participa, no exige, no denuncia, no reclama: el pueblo es un receptor pasivo de los mensajes que la clase política le dirige, no tiene otra participación. Y esto puede darse gracias al bajísimo nivel ético, educativo y cultural del pueblo, ya que un pueblo con estos niveles en alto no acepta noticias a medias, desinformación, gobiernos corruptos, etc. Incluyo explícitamente la ética en la lista porque se puede ser muy sinvergüenza y muy instruido, el mero conocimiento no garantiza una conducta digna. Cada fin de sexenio estatal nos enteramos los mexicanos que el gobernador saliente dejó nuevas deudas y cuentas oscuras, pero lo consideramos algo normal; si hubiera mayor conciencia, información y nivel ético entre la población, esas cuentas obscuras inmediatamente encontrarían el rechazo de la ciudadanía, pero lamentablemente la ciudadanía está dividida en tres clases:

  1. la gran masa, indiferente y poco informada
  2. los que están en el gobierno junto con los que esperan turno para entrar
  3. los que alzan la voz para criticar, una minoría.

Es del interés de la primera clase el tener los mejores gobiernos, pero su pobre educación la mantiene alejada de la información, le falta criterio para analizar la situación, y piensa con resignación que los políticos y el gobierno son un mal necesario, dejándolos hacer su negocio. La situación tal como está va en perjuicio de la mayoría de los mexicanos, pero está en beneficio de la clase gobernante y de los políticos, y aquí entra en conflicto para cualquier político el objetivo de proporcionar educación al pueblo, porque un pueblo educado no aceptaría lo que hacen con la facilidad con que México ha aceptado resignadamente que el PRI regrese a Los Pinos.

¿Qué va a pasar con la educación? Por lo que respecta a la clase política, está más que claro el porvenir: durante toda la campaña nadie tocó ni con el pétalo de una rosa a Elba Esther Gordillo (salvo algunos rounds de sombra de Josefina), y la Maestra es el obstáculo individual más grande que tiene en este momento el país para mejorar su educación. Eso quiere decir que EPN y el PRI valúan la amistad y la cooperación con Elba Esther y el PANAL por encima de los intereses en educación del país. Posiblemente construyan más escuelas, les cambien las computadoras obsoletas, etc., pero mientras no se reduzca el poder que tienen el SNTE y la CNTE, los valores básicos de la educación estarán al servicio de sus líderes y no de los niños de México.

Por ejemplo, es notable el desinterés del gobierno por apoyar la ciencia y la tecnología, en contraste con la amplísima difusión que tienen los deportes. El día que México ganó medalla de oro de futbol en las olimpiadas fue apoteosis nacional, pero los avances grandes y pequeños que logran nuestros ingenieros, médicos y científicos pasan prácticamente desapercibidos, porque el deporte es la parte de “circo” en el viejo refrán “al pueblo, pan y circo” y ya mencioné en alguna ocasión que ese refrán no dice “al pueblo, pan y matemáticas”. Dado que Televisa apoyó a EPN desde hace mucho, y dado que Televisa y TVAzteca han fumado la pipa de la paz, las expectativas de presión por parte del gobierno para que el duopolio eleve el nivel de su programación son cero, y seguiremos gozando durante otros seis años de futbol, telenovelas, reality shows, muchos comerciales y uno que otro noticiario. Es cierto que existe el CONACYT, pero su presupuesto es $21,872 millones, en comparación con $3,706,922 millones de la Federación, es decir el 0.59%.

No es posible sobreestimar el valor de la educación. El periodista Enrique Quintana llama a esta reforma la madre de todas las reformas, y para terminar cito las palabras de Albert Szent-Györgyi, Premio Nobel de Medicina 1935:

A pesar de sus muchos capítulos, nuestra enseñanza tiene esencialmente un solo objetivo: la producción de hombres que puedan llenar sus zapatos y permanecer erguidos con sus ojos fijos en horizontes más amplios. Esto convierte a la escuela, en cualquier nivel, en la institución pública más importante, y al maestro en la más importante figura pública. Como enseñemos ahora, será el mañana.

 

5- ¿Qué hacer?

El PRI regresa a la presidencia por eliminación, no porque los mexicanos hubieran aclamado a Peña Nieto: hubo una abstención del 37%, y dentro del 63% restante solamente votó por EPN el 38.5%, es decir, del total de empadronados, EPN cuenta con el respaldo del 24.25%. Este bajo resultado era de esperarse por dos factores: 1) el desencanto general con respecto a la clase política, reflejado en el abstencionismo, 2) los ínfimos niveles de la oferta política, reflejados en números bajos para el ganador. EPN tiene entonces tres problemas: no hay mucha gente que crea en él, hay mucha gente que NO cree en él, y además tiene que pagarle  PRI el apoyo que lo llevó a la presidencia.

El PRI llegó al poder porque demostró unidad, porque fue el beneficiario del descrédito del PAN en la presidencia, y por su presencia activa en todo el país, pero es el mismo PRI de siempre, sin una ideología definida, con miembros tan ilustres como Emilio Gamboa Patrón en el primer plano, con gobernadores y exgobernadores como Rodrigo Medina y Fidel Herrera, un partido político pragmático que tolera lo que sea con tal de conseguir votos. El PRI ganó, pero no llegó como triunfador, como dice Jesús Silva-Herzog: que haya ganado la elección no borra su extenso descrédito como un partido de impulsos autoritarios, y sobre todo como un partido fundado en un pacto de corrupción.

En otras palabras, Peña Nieto se sacó la rifa del tigre, porque va a tener que complacer a su amañado partido y lidiar con la desconfianza nacional hacia él y hacia el PRI.

Hay dos grandes reformas que México debería emprender: la urgente es la política, la de fondo es la educativa. No creo que la siguiente administración emprenda ninguna de las dos, lo único que hará es darle una manita de gato al asunto para darnos a todos atole con el dedo. Pero esperar que los cambios en el país se den exclusivamente por iniciativa del gobierno es colocarnos en esa situación pasiva que favorece nuestra dependencia de la clase política, su mayor autonomía y por lo tanto su mayor nivel de corrupción, y para divulgar este pensamiento es que escribo este pequeño resumen.

A los ciudadanos nos quedan por hacer dos cosas: 1) participar en política, elevando nuestra voz, cuestionando y proponiendo, y 2) educarnos más. Ambos asuntos, la participación del pueblo en la política y la educación son inagotables, medidos tanto en problemas para resolver como en avances por lograr, pero tengo tres sugerencias muy sencillas:

  1. Continúe educándose, eduque a sus hijos, aprenda inglés (o chino), comparta su conocimiento con sus amigos y familiares. Lea un libro al mes.
  2. Participe en la vida política de su comunidad: leyendo el periódico, expresando su opinión, haciéndole saber a sus gobernantes que ahí está usted, enterado de lo que hacen, y exigiendo cuentas claras.
  3. Piense en un problema importante de su comunidad, haga una propuesta y comuníquesela a su gobernador, tratando de darle difusión. Por ejemplo en Aguascalientes están promocionando como maná del cielo la Línea Verde, un buen proyecto que cubre una superficie de 15km de largo x 100 metros de ancho = 1.5km2, con canchas para jugar, pista para bicicletas, árboles y cenadores. Si observamos que la superficie del estado es de 5589 km2, entonces el gobierno está haciendo un enorme despliegue publicitario por una superficie que representa apenas el 0.00268% de la superficie total. Visto así, no se justifica el escándalo, ya que si uno va al campo, digamos a los cerros para el Oriente o a buena parte del camino a Calvillo, nos damos cuenta que hay una gran superficie del estado sin árboles, ni siquiera los bordes de las carreteras los tienen plantados sistemáticamente. La experiencia de la Línea Verde sugiere que plantemos árboles a lo largo y ancho del Estado, se lo propongo al Gobernador y con gusto me sumo a este tipo de iniciativas. Esta idea no es invento mío, en Jalisco cada año llevan a miles de niños y padres a reforestar el Bosque de la Primavera.

El modelo actual de democracia ha cumplido su misión: garantizar el respeto al voto. Lo que sigue es quitarles a los partidos políticos el poder de manipulación del  voto, y exigirles que sean efectivamente representantes de los intereses del pueblo. ¿Cómo? Con educación, para empezar.

Nota. El autor agradece a Socorro Arce y a Alejandro Franco sus críticas y sugerencias.