El miedo no anda en burro

Durante 2012 se ha discutido en público la cuestión de los exámenes al magisterio, y hay dos posiciones: que no se aplique (apoyado por los maestros, el SNTE y Elba Esther) y que sí se aplique, apoyado por el resto de los mexicanos[i]. El 21 de abril el SNTE dice no a la evaluación. El 24 de abril la SEP, por boca del Secretario José Ángel Córdova dice que sí se aplicará. El 25 de abril Josefina V.M., Enrique P.N., y Gabriel Quadri dicen que sí se debe aplicar y que si son electos como Presidente, lo aplicarán. Como actores secundarios, el 23 de abril dice el director del IEA (Francisco Chávez Rangel) que en Aguascalientes se dará pase automático a secundaria y preparatoria, y el 24 de abril dice el Obispo de Aguascalientes que los candidatos le sacan la vuelta a los temas principales, porque tienen miedo de perder votos al emitir opiniones definitivas.

Soy de la vieja escuela, y siempre me ha sorprendido cualquier discusión sobre hacer exámenes o no. Parto del principio simple que la mayoría de nosotros nacemos en una familia que nos ayuda pero no nos resuelve la vida, y de ahí en adelante, éxitos o fracasos van por nuestra cuenta. Me sentía nervioso de niño cuando iba a presentar matemáticas, pero no se me ocurría cuestionar al maestro que con qué autoridad lo hacía, que si ya había tenido en cuenta la Declaración de los Derechos Humanos (la versión original, emitida cuando la Revolución Francesa, no la versión espuria de la ONU) y las últimas disposiciones de la UNESCO con respecto a exámenes, que cualquier prueba torturaba mi alma infantil y podía convertirme en un sicópata, etc. Después entendí que en la vida, en general se requieren dos cosas para tener éxito: saber hacer lo que se necesita y tener buenas relaciones. Lo último es cosa de suerte y reconocer a tiempo al que va a ser gobernador, pero lo primero es cosa de preparación.

El maestro que más me influyó en la UNAM se llamaba Octavio García Rodríguez. Tenía una manera muy interesante de dar la clase: hablaba en general de un tema y empezaba a preguntar a los alumnos lo que seguía. No exponía él completo el tema, sino nada más nos orientaba y nos estimulaba a que pensáramos por nuestra cuenta y diéramos en público nuestras opiniones, sugerencias, o críticas. En Matemáticas, mi carrera, y en prácticamente cualquier disciplina es relativamente fácil que el profesor llegue a clase, exponga su tema, pregunte por compromiso si entendieron todos, y dé por terminada la clase. Octavio enunciaba un teorema, por ejemplo, y nos preguntaba cómo podíamos demostrarlo. En esa clase no se podía uno dormir, porque preguntaba a cualquiera de nosotros al azar y en mi generación todavía nos daba vergüenza ser descubiertos así; Octavio nos estimuló y nos enseñó que es a base del pensamiento, del ingenio humano y de la investigación que podamos realizar, que al final podamos dominar un tema.

Octavio se burlaba del nivel de las clases de licenciatura, diciendo que era muy malo, y tenía una frase muy sonora para expresar esta deficiencia: “nivel de diputado”. En vez de decir “voy a explicar tal tema con peras y con manzanas” decía “hay que exponerlo a nivel de diputado, para que me entiendan”. Se burlaba de los intentos de las autoridades por elevar el porcentaje de alumnos que terminaban la carrera, y hacía esta sugerencia: “lo mejor será formar a todos los que ingresan a la universidad en una gran cola, preguntarles qué titulo quieren, y entregárselo en el acto. Van a conseguir lo que les interesa –el título, no el conocimiento- y nos podrán dejar a los profesores dar clases a gusto en maestría, para los alumnos que sí quieren estudiar”.

Las cosas han cambiado en los 35 años desde que yo terminé la carrera, pero para mal. El primer problema, que no es culpa de la SEP ni de los maestros ni del gobierno sino de los adultos, es que hay una enorme población en edad estudiantil. Dicho de otra manera, México crece demasiado, producimos demasiados niños para los que la sociedad puede cuidar. Yo pienso que de la misma manera que un matrimonio debe decidir cuántos hijos podrá criar adecuadamente, también hay límites sociales, y México ha rebasado –con mucho- esos límites.

Los demás problemas sí nos atañen a todos. La educación es lo que nos prepara para ser individuos más o menos instruídos, lo que nos da en la escuela experiencia de convivencia con los compañeros, lo que nos enseña o debería de enseñar valores, complementando los que la familia proporciona. Toda gran cultura, y todo país que haya hecho cosas notables y positivas en la Historia, han proporcionado un gran impulso a la educación. Cuba y los EEUU tienen en común un gran cuidado por la educación, lo mismo que Alemania, Inglaterra, China, etc. Un común denominador de los países tercermundistas, y un indicador seguro de qué tanto más bajará en la escala mundial, es el cuidado que tienen por la educación.

La educación está en manos de los maestros, no del Presidente ni del Secretario de la SEP. Son los maestros, los que con su labor de día con día y con su ejemplo, formarán mejores o peores ciudadanos en el futuro. En los maestros cae una responsabilidad que está por encima de los informes pormenorizados que el SNTE exige a la SEP acerca de la Evaluación Universal que quiere aplicarles.

Yo entiendo que los mineros en las minas de carbón estallen en una huelga pidiendo mejores condiciones de trabajo, porque la vida les va en ello. Entiendo que a los trabajadores que duran semanas en las plataformas de petróleo les concedan quince días de descanso, y entiendo a los esclavos negros del Sur de EEUU que huían o se rebelaban contra sus amos. Pero no entiendo que los maestros, que cotidianamente aplican a sus alumnos exámenes, se nieguen ellos a presentar un examen, que además no tendrá consecuencias porque no van a correr a nadie. Tampoco entiendo que para hacer presión, un grupo de maestros (sic) tomen la Autopista del Sol y bloqueen el tránsito.

Este conflicto tiene varias interpretaciones:

  1. Lucha de poder SEP-SNTE
  2. Miedo de los profesores a la vergüenza pública
  3. Los maestros son utilizados como carne de cañón para que sus líderes obtengan posiciones
  4. No hay de qué preocuparse, la educación no requiere de exámenes.

Yo creo que de 1 a 3, son tan ciertas que podrían ponerse junto a los dogmas de la Iglesia Católica. Pero la última es absurda y los maestros deberían entender que ellos también deben demostrar su calidad como maestros, estudiando y sometiéndose a exámenes.

El SNTE dice que la SEP no ha informado suficientemente acerca del examen. Plantear el asunto en estos términos es simplemente darle largas, chicanearlo. ¿Qué es lo que defiende el SNTE, cuando no hay amenaza de despido en relación al examen? Lo que pretende es encubrir la ignorancia de los maestros, impedir que se exhiba su falta de preparación, y esto es tapar el sol con un dedo. Plantear el asunto en estos términos (que la SEP informe todo lo que el SNTE requiera antes de aplicar el examen), es lo mismo que nunca aplicar el examen, porque hay tres maneras tradicionales para nunca resolver un asunto:

  1. Pedir que todos se pongan de acuerdo antes de hacer nada.
  2. Nombrar un comité que se encargue de él.
  3. Politizarlo.

En este caso particular, lo único que falta es nombrar una comisión conjunta SEP-SNTE que analice el examen, forme mesas de discusión, se reúna 3 veces en el curso de un año (lugares previstos: Mazatlán, Cancún, Los Cabos), publique sus conclusiones y vea al final que no pudieron llegar a acuerdo, salvo en las sedes de sus reuniones.

Pero el problema de fondo, como lo mencioné en mi artículo De panzazo, es que la educación está politizada, y de la peor manera: creando un sindicato monstruoso y dándole a una persona su liderazgo. Automáticamente se genera un juego de complicidades, en donde el líder defiende a su grupo, exhibe su poder ante las autoridades, consigue más favores para su representado y más poder personal. Como prueba, de las pizcachas que recoge el SNTE salió el suficiente dinero para crear un partido político, es decir, más poder para Elba Esther.

Con sabiduría declaró el Obispo de Aguascalientes que los candidatos se niegan a tomar partido en temas fundamentales por miedo a perder votos. Este engendro moderno que se llama democracia les ata las manos a los candidatos, porque para conseguir votos tienen que darle gusto a la gente y evitar conflictos, tienen que hacer alianzas con los que les acarrean votos (no con los que les ayudarán a gobernar mejor) y al final llegan debilitados al poder, ante un país dividido y con compromisos de campaña para cumplir. Afortunadamente, al menos tres candidatos (EPN, GQ, JVM) tomaron partido por la SEP y dicen que sí hay que evaluar a los profesores.

Por otro lado, algunas autoridades educativas están en la luna, como el Director del IEA (Instituto de Educación de Aguascalientes), Francisco Chávez Rangel, quien declaró el 23 de abril que habrá pase automático para los estudiantes de primaria a secundaria, y de secundaria a preparatoria. Este funcionario está haciendo realidad el sueño de mi maestro Octavio García: formar una cola de aspirantes al título y simplemente otorgárselos. Quiero preguntarle a esta persona qué cuentas le va a entregar Aguascalientes a Nissan y las demás empresas que invita el Gobierno a instalarse aquí hablando de condiciones óptimas, cuando por otro lado está tomando medidas para regalar el pase a secundaria y preparatoria. Quizá no esté enterado FChR que para entrar a Nissan hacen un examen riguroso (ni Elba Esther los libra de presentarlo) que incluye conocimientos, salud, experiencia, actitud, etc. Es posible que yo esté equivocado y que el Sr. Chávez Rangel haya negociado con Nissan que a los egresados de Aguascalientes no les apliquen examen, pero lo veo improbable. Aprovechando el viaje, como yo no saqué el doctorado, le pregunto al Sr. Chávez Rangel si no tiene pase automático de doctorado a postdoctorado, porque me interesa…

Este tutti-frutti de noticias nos dice en pocas palabras que hay demasiadas manos metidas en un asunto que ni siquiera debería discutirse: la exigencia continua a los maestros de que se superen, aplicando las pruebas necesarias. Sin embargo, todas esas manos jalan cada quien para su lado, y en medio de todo esto está México, y allá al fondo del siguiente barranco, se alcanza a divisar su futuro.

Para ver qué tan lejos estamos de donde deberíamos estar, doy mi opinión sobre la forma en que debería agruparse la educación:

  1. El conocimiento humano, que ha crecido muchísimo, y nos quedamos con dos materias básicas (matemáticas y lenguaje) y muchas materias especializadas en áreas.
  2. El internet hace posible para cualquier persona localizar información sobre cualquier tema en segundos, siempre y cuando sepa preguntar.
  3. Cuidado del cuerpo, mediante el ejercicio y los deportes.
  4. Valores.

 


[i] Según encuesta realizada por este autor en mi familia, mi trabajo, mis vecinos y Eduardo, el muchacho que me despacha la gasolina; total de encuestados: 21 personas, que tienen más o menos el mismo nivel de confiabilidad que las muestras de 1200 individuos en las encuestas para Presidente. Si alguien lo pide, escribo un artículo explicando matemáticamente mi afirmación.