La actividad editorial en Aguascalientes

En el año de 1960 el P. Jorge Hope escribió una carta a un amigo suyo en Hungría, donde le hizo una descripción de algunas de nuestras peculiaridades como país: “La religión es uno de los fenómenos más curiosos de la vida mexicana. Las leyes anticristianas de la revolución están en pie, pero son tan aplicadas como en Francia. Se prohíben las escuelas ‘confesionales’, pero todos los dirigentes mandan a sus hijos a una de éstas…pero en México, más que en cualquier parte, la teoría y la práctica no coinciden, y hay cosas que no volverán a pasar…”

Esta reflexión, junto con otras muchas que dejó por escrito el P. Hope, está disponible para que usted, lector, pueda leerlas como yo pude hacerlo. Las gracias hay que darlas al ICA y a su Dirección Editorial, que en los últimos años han publicado aproximadamente 300 títulos de autores locales, nacionales, internacionales y desconocidos. La obra del P. Hope se llama “Cajón de sastre”, como tituló a su columna, que publicó en un diario local, y está a la venta en $150, menos de lo que pagaría usted por ir al cine, palomitas incluidas.

Cuando visito otra ciudad me gusta visitar las librerías de viejo. Creo que el nivel cultural de una ciudad se puede medir por la cantidad de librerías de segunda mano que uno puede encontrar ahí. En Aguascalientes hay unas cuatro o cinco, poquísimas para el millón de habitantes que ya estamos juntando. En Monterrey hay algunas interesantes en la calle Washington, y el DF es el paraíso de los bibliófilos como yo, que pueden perder el día y saturar la tarjeta de crédito en cualquiera de las que están en la calle Donceles o por la Colonia Roma.

Una vez encontré en el DF una guía Baedecker de París de 1914. Esas guías fueron muy famosas por esos años, y fueron publicadas para muchas ciudades europeas. El tesoro que yo compré en cincuenta pesos está intacto, representa el París de antes de la Primera Guerra Mundial, tiene páginas que se desdoblan y que muestran el Bosque de Boloña, Versalles, el Museo del Louvre, con planos que indican inclusive el orden en que conviene visitar sus enormes y numerosas salas. Es un libro hermoso, perfectamente conservado, y no lo voy a vender, ni siquiera en cien pesos.

¿Por qué encontré esa guía Baedecker en la ciudad de México? ¿Casualidad? Claro que tuve suerte, pero creo muy difícil que hubiera sucedido aquí o en otra ciudad del interior del país. La razón es muy sencilla: hay más vida cultural en el DF que en el interior, y esto es una de las lacras de nuestro país, es una de las muchas formas de centralismo que todavía padece nuestra nación. La UNAM ya tiene competencia fuera del DF, los egresados de preparatoria piensan cada vez menos en ir a estudiar una carrera al DF, y algunos profesionistas de provincia que intentan hacer mejor carrera en el DF regresan espantados una vez que acumularon 1000 horas de embotellamientos. Nuestra ciudad, como muchas otras de tamaño semejante, ofrece una mejor calidad de vida y también cuenta con varias universidades; en general el ambiente cultural en provincia se enriquece, poco a poco, con aportaciones como las que el ICA ha hecho por nuestro estado en los últimos 25 años.

Hace un año aproximadamente se estrenó una película más sobre el holocausto nuclear. El protagonista, Denzel Washington, vagaba por las llanuras de la ex – unión americana llevando consigo uno de los tesoros de la civilización, una de las pocas cosas que valía la pena conservar de los años pasados: un libro, la Biblia. Al final consigue llevar el libro a su destino, en la Costa Oeste, donde algunos supervivientes se habían dado a la tarea de juntar para la humanidad futura lo rescatable de las calamidades pasadas. En el estante se alcanza a ver, clara y brevemente, el título de otro libro: el Corán.

Los libros publicados en nuestra ciudad de un millón de habitantes son notoriamente escasos. El acaparador en títulos propios es mi hermano Jesús, que se ha dado a la tarea de rescatar para la memoria futura lo que fue Aguascalientes, algunos de sus alrededores, y las fuerzas y las personas que lo formaron. Mi padre escribió hacia 1986 lo que yo considero es la mejor historia de una plaza de toros que se haya publicado, por la gran extensión de datos que presentó, por esa prosa bizarramente hermosa que usa en la fiesta brava, por las muchas ilustraciones, y por la edición de lujo que realizó el Gobierno del Estado, que está agotada. Me tocó en suerte la publicación de un libro propio, “Una vida en historias”, también auspiciado por el ICA. Pero la historia de mi familia es la muy feliz coincidencia de interés nuestro por la cultura, y haber contado, en su momento, con el interés de entidades oficiales, como el ICA o la UAA, para publicar nuestras obras.

Yo pienso que es una lástima que el libro de mi padre está agotado, porque cualquier aficionado a la fiesta brava querría poseer uno. No es una preferencia de hijo por la obra de mi padre, es un deseo de que las obras que han tenido alguna importancia en Aguascalientes sean puestas a la disposición del público lector actual, y afortunadamente el ICA ha empezado a hacer esto. El libro del P. Hope que mencioné al principio es una recolección de escritos que fueron hechos hacia 1960, algunos publicados en periódicos y otros que fueron correspondencia particular.

El destino tradicional de todo lo publicado por el gobierno es que se quede embodegado por los siglos de los siglos. Sin embargo, con algunas de las ediciones que ha publicado el ICA sucedió algo inesperado: se agotaron los ejemplares, y hubo necesidad de hacer reediciones. Creo que esto es una señal de que ya se ha juntado en nuestro Estado la masa crítica (tomando prestado el concepto de la Física) de obras de cierto valor, y la población ha madurado, llegando a apreciar estos trabajos. En medio está el Departamento Editorial del ICA, que por suerte o por visión publicó títulos que resultaron taquilleros.

Hay una anécdota interesante con estas reediciones. En el Top Ten de lo más vendido, entre las publicaciones del ICA, abundan las reediciones: en primer lugar está “Piedras para Ibarra”, de Harriet Doerr, con varias reimpresiones; en el tercer lugar está “El viento que barrió a México”, de Anita Brenner, también reimpreso y que fue publicado por primera vez en 1975 gracias a los buenos oficios del Prof. J. Refugio Esparza Reyes, quien negoció con los herederos de la autora y con la Universidad de Texas para poderlo publicar en Aguascalientes. Le sugiero a usted con entusiasmo que busque esa obra y la adquiera. Está hecha en papel grueso, opaco, y tiene una colección de fotografías de México tomadas entre 1900 y 1930, cuyos pies de foto tienen la enorme virtud de ir narrando nuestra historia con pocas palabras. Por ejemplo, la foto número 126 muestra una imagen poco conocida de Plutarco Elías Calles, con una leyenda que dice así: “al final el premio fue a dar… al quijada dura, ex cantinero, ex maestro de escuela, Plutarco…” y ahí, sin necesidad de buscar en la historiografía oficial ni en estudios sociohistóricos, ve uno el rostro del hombre que en lo individual, contribuyó más a formar la imagen de México en los siguientes cincuenta años, y quizá uno entiende por qué Don Plutarco fue el Líder Máximo de nuestra Revolución. Si todavía no se decide a comprar el libro, imagínese que las fotografías son como un libro de caricaturas, con pies de foto que leídos uno tras de otro le platican una historia. El quinto lugar del Top Ten es “Juguetes Mexicanos” de Gabriel Fernández Ledesma, y hay varios lugares ocupados por sendos números de ParteAguas, el proyecto editorial más importante de este sexenio.

ParteAguas se cuece aparte. Es una revista que se publicó trimestralmente, en formato grande, papel de excelente calidad, magníficas fotografías, y que no se especializó en ningún tema. Escribieron setenta autores sobre política, historia, cine, religión, arte, poesía, cuento, novela, fotografía, ciencia y matemáticas. Los números más controversiales, los dedicados a Dios y al Erotismo, fueron los números más vendidos de esa revista. Para el tema escabroso se eligió una fotografía de un desnudo femenino en la portada, presentado en forma tal que invita al lector a la contemplación estética y no la fantasía sexual. Acepto que quizá digo esto por la edad que tengo, pero consulté con personas más jóvenes, y yo mismo me puse en el papel de joven, y coincidimos en la belleza de la foto y no la calificamos de vulgar ni de provocativa. El número dedicado a Dios no tiene ilustración en la portada, es simplemente un rectángulo plateado con la palabra DIOS en la parte baja. En las páginas lee uno puntos de vista independientes, reflexiones sobre la divinidad, la religión, diferencias entre algunas religiones; el número fue planteado como una oportunidad para reflexionar sobre un tema ineludible para cualquiera de nosotros.

Pero el destino de ParteAguas es incierto. Nuestros gobernantes tienden a considerarse mesías tropicalizados cuando llegan al puesto, y algunos de ellos, como José López Portillo, llegan a hablar de su gestión como un “parteaguas” en la historia del país. Es cierto que el ICA va a sobrevivir, sean las que sean las preferencias culturales del siguiente gobernador y el número de libros que haya leído. Pero proyectos como éste corren el peligro de ser flores de un sexenio, por tres razones principalmente:

  1. al nuevo gobernador no le interesa publicar, excepto lo relacionado con su propia grandeza
  2. lo que hizo bien el gobierno anterior, hay que borrarlo del mapa
  3. no hay dinero

No puedo afirmar nada con respecto a las primeras dos en el siguiente sexenio, pero sí puedo decir algo con respecto a la tercera. Seguramente usted ha visitado Sanborns y ha comprado alguna revista ahí; todos sabemos que hay cientos de Sanborns en toda la república, y nos consta que es un buen escaparate para la venta de libros y de revistas. Pues bien, Sanborns ha solicitado entregas de 3000 ejemplares de ParteAguas, nada más para empezar. Desgraciadamente, no se pueden surtir, porque los tirajes son muy limitados, y aunque es bien conocido que publicar un libro o una revista puede ser negocio, o al menos cubrir los gastos si se venden suficientes ejemplares, no ha sido posible hacer ediciones más numerosas. En el caso de los libros y revistas, todo el secreto de la venta radica en la distribución: yo he visto libros abominables, y abominablemente bien vendidos, porque se ofrecen en Sanborns, que seguramente es el escaparate más grande a nivel nacional para la venta de revistas. Ahora bien, esta empresa está interesada en que le envíen muchos ejemplares de ParteAguas; esto me indica que el gran problema de volver autosustentable a ParteAguas puede estar resuelto, es cuestión de imprimir más ejemplares y enviarlos a esa empresa para su distribución.

¿Qué me enseña esta pequeña historia? Una parte buena, y una parte mala. La buena es que nuestro Gobierno del Estado ha conseguido producir una obra repetitiva, es decir, una revista que se publica cada tres meses, para la cual existe interés por parte de un gran distribuidor. La parte mala es que no hay ejemplares que surtir, porque no hay dinero. Podríamos decir, como mi General Anaya “si tuviera parque, no estaría usted aquí”, pero se trata detectar oportunidades y aprovecharlas, y no de escudarnos en la excusa eterna de que hay proyectos más importantes que los culturales. Claro que es más importante terminar el Hospital Hidalgo, pero no tienen por qué estar peleados ambos proyectos. Este excelente proyecto, ParteAguas, puede y debe seguir porque cuenta ya con una inercia de empleados del mismo ICA que poseen el know-how sobre cómo hacer una buena revista, tienen autores interesados en publicar ahí, han encontrado un nicho en el mercado, y les cayó del cielo un distribuidor nacional. Corrijo: no les cayó del cielo, se ganaron el interés de Sanborns con su trabajo; con este impulso, puede convertirse en un proyecto autosustentable.

ParteAguas tiene que seguir otros seis años.

P.D. El autor agradece a Gustavo Vázquez Lozano, Director Editorial del ICA, por la información proporcionada.

jlgs, El Heraldo de Ags., 12.11.2010


Hacer un comentario: