No hay manera

 
Mi padre conoció algunos líderes,
que obsequiosos con el pueblo, le sonrieron, le dijeron;
me toca a mí conocer los hijos suyos,
también vienen a mi pueblo, nos sonríen y nos prometen;
mi hijo conocerá a los que siguen,
obsequiosos también, obsequiando otras promesas.
Y así, no hay manera.
Vi en la calle unas patrullas, policías armados y corriendo,
todos detrás del hombre que robó un estanquillo;
Vi volar una macana, luego luces y sirenas, vi el suelo con el hombre.
Vemos hombres y mujeres con pancartas y gritando,
vemos que apedrean congresos, vemos todo excepto sus rostros;
hoy descansan las macanas, hoy la ley sólo contempla.
Y así, no hay manera.
Pregunto en la calle por Cervantes, me señalan otra calle;
Pregunto qué dice esa pared pintada,
Me dicen no dice nada pero es mi pared.
¿Qué aprendiste, entonces, en la escuela?
Aprendí que ser maestro es un camino
para ser gobernador y vivir de mis ahorros.
Y así, no hay manera.
¿Por qué algún líder pierde el puesto
y hoy se viste de naranja?
¿Por qué otro está en funciones,
viste como él quiere, dota al hijo,
asiste a fiestas, vive en lujos?
Recuerda sólo a quién tú sirves, me recuerdan.
Y así, no hay manera.
Hay una isla muy lejana, no muy grande,
no más grande que Chihuahua;
Sus barcos surcan los mares, cosechan lo que está ahí.
Esta tierra mía tiene más mares que esa isla y otras muchas,
mas mis barcos son felices con llegar al horizonte,
y me explican que en el agua no hay reparto de parcelas, no hay botín.
Y así, no hay manera.
Todo jefe con el puesto encuentra tres sobres,
para si acaso ve tiempos aciagos.
Sin remedio llega el día, lee el primero:
“di que hallaste un basurero que te dejó el anterior”.
El segundo sobre dice “cambiarás las estructuras” y el tercero
“tu tiempo ha terminado, escribe tú tus tres mensajes.”
Y así, no hay manera.
Un año a cierto líder le encontraron su arsenal;
cayó, y en lugar suyo está otro, no es mejor.
Otro año a otro líder le quitaron las tarjetas,
en su lugar está otro, el que pagaba las tarjetas.
Y así año tras año, cambian nombres de los jefes,
de oficinas, de colores. Cambia todo por encima,
por abajo sigue igual.
Y así, no hay manera.
Si hubiese que creer tanta promesa
creeríamos mejor: las apilaron,
y el peso de la que está encima
tapó de olvido la de abajo.
Ya aprendimos: promesas son palabras,
no se cumplen, nos las cambian.
Y así, no hay manera.

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