Humor en la Grecia antigua

Salvado por presencia de ánimo.

En su campaña de Persia meditaba Alejandro Magno sobre dar la orden para la destrucción de la ciudad de Lampsakos, cuando su maestro Anaxímenes se le acercó. Lampsakos era la patria de Anaxímenes, y Alejandro estaba seguro de que el instruido hombre se le acercaba para pedir clemencia por la ciudad. Por esto, en cuanto lo vio le gritó desde lejos: “¡Te juro que no habré de conceder lo que me pides!”. Con la velocidad de un relámpago, Anaxímenes aprovechó la coyuntura y replicó: “Te pido que ordenes destruir a Lampsakos”, con una presencia de ánimo que libró a la ciudad de su aniquilación.

 

De cómo una réplica ahorra dinero.

Los filósofos cínicos apreciaban mucho su falta de necesidad de recursos; lo poco que necesitaban para mantenerse, lo obtenían pidiéndolo. Una vez encontró el cínico Thrasyllos al rey macedonio Antígonos y le pidió una dracma. “Este no es un regalo que corresponda a un rey”, respondió, declinando, Antígonos. “Entonces dame un talento”, replicó Thrasyllos. “Lo siento mucho”, recibió como respuesta, “pero este no es un regalo que corresponda a un cínico”.

 

Fiebre en dos piernas.

El rey Antiochos se dio cuenta que su hijo Demetrios no se sentía bien, seguramente por eso se había regresado. El rey se preocupó y decidió visitar al enfermo. Cuando se acercaba a la puerta de su casa, salía un hermoso joven de compañía. Antiochos entró en la casa, se acercó a la cama de su hijo y le tomó el pulso. “La fiebre se acaba de ir”, tartamudeó Demetrios intentando una excusa. “Lo sé bien, hijo mío”, contestó el rey riendo, “encontré a la fiebre precisamente en la puerta.”

 

¿Para qué esperar al paraíso?

Cuando Antisthenes fue presentado ante los misterios órficos, cuyos seguidores ofrecían como alternativa a la religión de Estado la promesa de una vida después de la muerte, presentó un sacerdote con palabras efusivas las gracias y delicias que aguardan a los ojos en el más allá. “¿Y por qué no te mueres ahora mismo?”, replicó el filósofo con escéptica ironía.

 

Fuente: Humor in der Antike, traducción y edición de Karl-Wilhelm Weeber, Philipp Reclam, Stuttgart 2006.

25.12.2014


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